IVÁN ARIAS, alcalde del municipio de La Paz
“La política buitre es muy dañina y común en Bolivia; esperan que te vaya mal”
El alcalde de La Paz, Iván Arias, se define como “un ciudadano común” que vino desde abajo gracias al trabajo duro. Periodista, sociólogo y analista, no esconde sus orígenes y menciona, orgulloso, que fue su madre, una campesina vallegrandina, quien le inculcó el valor del esfuerzo.
Nació en La Paz, el 8 de agosto de 1958. Fue secretario privado de Víctor Hugo Cárdenas, primer vicepresidente indígena de Bolivia. Participó en el equipo que diseñó e implementó la Ley 1551 de Participación Popular de 1994. Fue viceministro de Participación Popular y, más recientemente, Ministro de Obras Públicas, Servicios y Vivienda.
Asumió el mando de la ciudad de La Paz en un período complejo y en medio de una crisis. Ahora, en el tercer año de su gestión, considera que sus principales desafíos son lidiar adecuadamente con el transporte y el comercio gremial, el manejo de la basura y la lucha contra avasalladores y loteadores.
El momento más duro fue la tormenta de enero. Me sentí muy solo, esperaban que el río me jale.
¿Quién es Iván Arias?
Un ciudadano común. Un hombre que viene de muy abajo y, gracias a mi madre, es lo que soy actualmente.
Ella siempre nos decía: “Mi hijo, la pobreza no es para mostrarla, sino para superarla”. Me inculcó la superación, al estilo que tenían las madres de ese tiempo. No solo era reflexiva, sino también sancionadora, cuando te sacabas malas notas o no hacías las tareas.
Desde muy chico aprendí a cocinar y trabajar. Esto se debe a que mi padre me abandonó y me crié hasta los cinco años en Vallegrande con mis abuelos. Cuando mi mamá me trajo a La Paz para que estudie me decía: “Si me muero, quién te va a criar”.
Por eso, desde muy chico, trabajaba como zapatero, lustrabotas, vendedor de helados, ayudante de carpintería y otras ocupaciones. Otra de sus frases era: “Para los que venimos de abajo, lo único que nos recomienda es nuestro trabajo”.
Y también me enseñó a no avergonzarme de mis orígenes. Mi madre era una campesina vallegrandina que vino a buscar un futuro mejor, pero nunca negó sus orígenes y siempre que podía nos llevaba donde nuestros abuelos.
¿Cuáles diría que fueron los mayores aciertos y desaciertos de su gestión?
El mayor desafío es lo que propuse durante la campaña: La Paz en paz y amor. Eso quiere decir no utilizar la gestión para incendiar el país, no utilizarla para confrontar o en pos de un interés particular.
Para mí, solo se puede construir la paz, el perdón, cuando te involucras y entiendes al otro. Cuando hay esto, podemos soñar con una ciudad diferente, de mil colores, en movimiento.
El segundo acierto, institucionalmente hablando, fue sanear la economía de la Alcaldía. La que se nos dejó estaba en crisis. Ya lo sabíamos antes de iniciar la campaña, porque yo vengo del mundo municipal, soy hijo de la participación popular. Pero no me esperaba que el hueco fuera tan grande.
Para los que venimos de abajo, lo único que nos recomienda es nuestro trabajo.
Claro, veníamos de una época de bonanza, pero en la Alcaldía ocurrió lo mismo que con todo el país: nos rifamos la bonanza. Recibí una deuda cercana a los 600 millones de bolivianos.
Debíamos dinero, desde 2018, a pequeños, medianos y grandes empresarios, por servicios que prestaron al municipio. Recibimos cerca de 9.000 empleados, lo que significaba 54 millones de bolivianos por mes, solo para pagar salarios.
Hoy estamos con 6.000, que sigue siendo mucho. En alcaldías como las de Medellín y Guayaquil, que tienen una población similar a la de La Paz, solo tienen entre 800 a mil empleados, ya que tercerizan los servicios. ¿Por qué la Alcaldía tiene que tener empresas? Lo que tenemos que hacer es posibilitar que la empresa privada se desarrolle y nosotros tenemos que regular y atender los temas de infraestructura. Pero, en todo el país tenemos una mentalidad muy estatista.
El tercer desafío en el que estamos, son las llamadas Súper Obras y los Súper Servicios, en la etapa de diseño y licitación. Buscamos que estas licitaciones no sean impugnadas, acusadas de corruptas, que no esté el dedo del Alcalde por detrás.
Están la avenida Apumalla, en plena ejecución, y la vamos a entregar en noviembre; el puente playón verde, en plena ejecución y lo presentaremos a mediados de agosto. Todas son obras que unen, para acercar a los paceños, para mirarnos y dejar la desconfianza.
Está también la Ruta del amor, en Sopocachi, la zona bohemia, que hemos perdido. ¿Quién no ha recorrido esas calles? Hemos comenzado con la plaza Abaroa, estamos cambiando todo en la avenida Abdón Saavedra. Luego nos vamos a bajar a las plazas España, Isabel la Católica y terminaremos en la Bolivia y el Montículo, reactivando la actividad económica de la zona.
Otra es la avenida La Paz que une desde la Gruta de Lourdes a la calle Cero de Obrajes. Esta obra fue realizada por Lucho Revilla, que la terminó en un 60% y yo la estoy terminando.
Yo soy agradecido y reconozco lo que hicieron en la anterior gestión, como la plaza Tejada Sorzano, que yo solo hice un 5 por ciento e invité a Lucho Revilla a la inauguración, ya que la ciudad se construye ladrillo a ladrillo.
También tenemos el plan de la rehabilitación del puente trillizo y la creación del Parque 3.600, que va a ser más grande que el Parque Urbano Central. Estará en la última curva de la Kantutani y ayudará a conectar Sopocachi con la zona Sur. La otra gran obra es la avenida Mallasa, paralela a la que ya existe.
Estamos con los superasfaltos, en todas partes, y los superservicios que tienen que ver con escuelas, y centros de salud y hospitales. Además del servicio el Médico en tu casa, que estamos potenciado aun más, gracias a una donación de la Embajada de Alemania.
Soy consciente de que en estos tres años fui una persona de perfil bajo comunicacional, porque lo que quiero es mostrar mi trabajo con obras. Por supuesto que la ciudad necesita muchas otras cosas y que no podemos colmar todas las expectativas.
Y están las concesiones. La Alcaldía no tiene la capacidad para hacer algunos trabajos por cuenta propia, como cambiar la luz led en el municipio. Pero hemos lanzado la convocatoria y tenemos cuatro empresas postulantes. Tenemos también el problema del recojo de la basura. Pese a la crisis, tenemos compañías que se postulan. Lo hacen porque confían en el gobierno municipal, ya que tenemos todo al día y nuestro nivel de endeudamiento es manejable.
Por eso pudimos presentar el plan integral De la tormenta a la esperanza, que nos permite acceder a un crédito del BID para canalizar los ríos y hacer obras de prevención de riesgos por un valor de 700 millones de bolivianos. Solo falta la aprobación del Concejo Municipal, que está en Marte y yo en la Tierra, pero estamos mejorando la situación.
Finalmente tenemos el tema de la basura. Luis Revilla nos dejó un botadero, donde solo se botaba la basura. Nosotros pasamos al relleno, para evitar que las gaviotas se alimenten y contaminen las aguas y los cerros. Pero lo deseable es que la basura sea un negocio. Estamos sacando una convocatoria pública internacional para que mejoremos nuestro procesamiento de la basura. Porque hay una paradoja, mientras menos gas tenemos, más vale la basura.
De los planes que tenía al inicio de su gestión ¿cuáles se concluyeron y cuáles aún no?
Hay varios desafíos que descubres viendo el día a día. Uno de ellos, un gran problema, es la educación. Hay que mejorar la educación, pero lamentablemente no es algo dentro de mi competencia, pero sí puedo mejorar las condiciones físicas. Y para eso me falta plata. Hemos invertido 20 millones de bolivianos y eso es poco.
No sabes lo deteriorados que están varios centros educativos, principalmente en el centro. Y eso que muchos son patrimonios paceños y nacionales.
El otro elemento es la salud, que tampoco es de mi total competencia. Pero, desde la anterior gestión estamos trabajando en los hospitales municipales. No podemos hacer lo mismo en los centros de salud, que tienen tres cabezas: la Gobernación, el Gobierno nacional y nosotros. Eso es un lío, porque chocan las órdenes y cada cabeza tiene competencias específicas.
En compensación, el servicio de los hospitales municipales es tan bueno que prestamos prestaciones al Gobierno nacional. Hemos trabajado en la calidad del servicio, ya que tenemos esa posibilidad. Pero aún falta.
Nos falta mejorar el transporte y el comercio gremial. Los menciono juntos porque son hijos del mismo padre.
¿Qué puede hacer para mejorar estos sectores?
Es complejo. Hay una relación perversa entre la ciudadanía, transportistas y gremiales, que protestan contra cada uno.
Es el resultado de un problema estructural: la falta de empleo. La gente compra algo, como un auto, un puesto o mercadería para vender. Creen que así lograrán salir adelante y, si no lo logran, al menos es una señal que sirve para mostrar a la familia que se está haciendo algo. Como resultado, en la ciudad tenemos más vendedores que compradores.
Pero mientras menos empleo hay, más gremiales hay. Y más se radicaliza la gente.
Es muy complicado negociar con ellos. Es un desafío muy grande que no lo vive solo la ciudad de La Paz, sino todo el país. Y es algo incontenible.
El mayor desafío es: La Paz en paz y amor. Eso quiere decir no utilizar la gestión para incendiar el país.
Y en esos sectores hay un espíritu de cuerpo muy fuerte. Logramos evitar que el transporte de La Paz dependa de El Alto. Por eso creamos la federación Chuquiago Marka, ya que tienen que ser los dueños de casa los que controlen el transporte paceño. Y con ellos estamos llegando a acuerdos.
¿Los proyectos que mencionó se financian con el crédito de 175 millones, que gestionaron durante su segundo año de gestión?
Sí. Han tardado un tiempito en ser aprobados, pero lo conseguimos. Sin esos créditos no podríamos hacer nada.
¿Cuál fue el momento más complejo y difícil de manejar en estos tres años de trabajo?
Primero, como gestor público y Alcalde, los juicios. Estuve con 32 procesos, aunque ya bajé a 20, muchos de ellos absurdos. Más allá de la justicia, el objetivo es cercarte y desenfocarte. Tienes que tener mucho tesón.
Luego están los momentos tensos con el Concejo Municipal. Y eso es normal, ya que no soy parte de un partido político. Invité a gente voluntariosa, pero como no hay un compromiso político se generó un empoderamiento equivocado que generó los conflictos.
Pero el momento más duro fue la tormenta de enero. Me sentí muy solo, oficialismo y oposición esperaban que el río me jale, que la gente pida mi renuncia. La política buitre es muy dañina y muy común en Bolivia, espera que te vaya mal.
Y realmente pensé que me iría mal. Y yo no soy de los que le sacan el culo a la jeringa, por lo que sabía que había mucho en juego y tenía que esforzarme.
Pero ¿qué puedes hacer contra la naturaleza? Sacábamos toneladas de cascajo, 200 mil, y cada vez caía más. Por suerte me aconsejaron hablar con la empresa que trabaja en la avenida La Paz, que aprovecharon 50 mil toneladas. Además, nos sirvió para otras obras, como el parque 3.600 y la rehabilitación de los puentes trillizos.
Otra frustración es el avasallamiento, los loteadores, que están destruyendo nuestra ciudad. Por eso la primera propuesta de nuestro plan es la creación de una fuerza antiloteadores, que se unan al Poder Judicial, la Policía y el poder municipal.
Respecto a los juicios, ¿se siente perseguido?
Es una situación complicada, porque te desenfoca. No te da tranquilidad, la familia vive en la cuerda floja. Te genera un estado de estrés psicológico, te baja la moral.
Y hay juicios tontos. Como uno que exige que haga cumplir una orden ilegal. U otro de una exsubalcaldesa, que me acusa de discriminación durante la campaña, pero en la gestión la nombré mi mano derecha. Además dice que la despedí por ser mujer. No, lo hice porque era ineficiente en su cargo.
Al final de cuentas, eso es lo que tengo y con lo que tengo que arar la tierra. Primero te sofoca y después sacas la cabeza para no ahogarte.
¿Qué ocurre con San Francisco, qué se está haciendo?
Yo no hablaría solo de San Francisco, sino de toda la cuenca del Choqueyapu, específicamente los tramos de la parte urbana embovedada, 4,5 kilómetros. Los más difíciles son el de la Pérez a la Yanacocha y de la Yanacocha a la Bueno.
El primero es el que tiene más desperfectos causados por la tormenta. Mientras que los otros tramos van, más o menos, recto, San Francisco tiene una curva. Las rocas que jaló la tormenta golpearon los muros y el piso del embovedado, lo que causó perforaciones que pueden causar sifonamientos.
Y eso lo detectamos cuando hicimos un “río aéreo”, porque el Choqueyapu nunca está seco. Con una especie de embovedado de madera subimos el río para evaluar el tramo. Para este trecho duro necesitamos cinco millones de bolivianos. Los conseguimos e iniciamos el trabajo.
Por eso la intransigencia de los gremiales de la zona nos afecta, porque mientras más peso tengamos encima, más riesgos hay. Y eso que hemos concientizado a las dirigentes.
En la Alcaldía ocurrió lo mismo que con todo el país: nos rifamos la bonanza.
Pero las bases creen que las hemos comprado. Tenemos cuadrillas que trabajan por cuatro horas y todo a mano. Como no ven nada por fuera, creen que estamos mintiendo. Estamos intentando volver a explicar, pero va a llegar un momento en el que vamos a tener que pedir auxilio a la Policía.
Porque el riesgo es muy grande. No se dan cuenta que si se produce un sifonamiento se va a llevar, como mínimo, a unas 50 personas.