2024-08-20

Eduardo Sacheri, escritor e historiador argentino

“Encontré que escribir me venía bien para pensar en mi vida, sobre lo que siento"

Autor de varias novelas que fueron llevadas a la pantalla grande, Sacheri visitó la 28 Feria Internacional del Libro. Habló con Visión 360 acerca de su obra, cine e historia.

Historiador, guionista y escritor, el argentino Eduardo Sacheri fue  uno de los escritores estrella que participaron en la 28 Feria Internacional del Libro de La Paz (FIL). Sus libros abarcan distintos géneros, incluyen el histórico, y están llegando a diferentes países.

Nacido el 13 de diciembre de 1967, el autor publicó, hasta la fecha, ocho novelas, seis libros de cuentos y participó en cuatro películas como guionista o parte del equipo de guionistas: El secreto de sus ojos, dirigida por Juan José Campanella y basada en La pregunta de sus ojos (2009); Metegol, cinta de animación, de Juan José Campanella y Victoria Goyeneche (2013); Papeles en el viento, de Juan Taratuto, basada en Papeles en el viento (2015); y La odisea de los giles, de Sebastián Borensztein, basada en La noche de la usina (2019).

¿Qué tanta importancia tiene el fútbol en su vida, en su narrativa? 
La tiene en mi narrativa porque la tiene en mi vida. A mí me gusta, en general, tomar los elementos de mi vida para construir mis ficciones.

Y el fútbol es el juego que jugué toda la vida. En eso no me distingo de muchos sudamericanos y de muchos argentinos. Crecemos jugando y viendo fútbol y, por eso, se me hizo una materia literaria interesante.

¿Qué es lo que le atrae de este deporte?
Hay una cuestión general y una cuestión particular. La general es que me parece que todo juego nos lleva a los humanos a una zona infantil, ingenua, profunda y primaria, que creo que nos hace bien transitar.

Y el fútbol, en particular, es un deporte colectivo, nos pone en contacto con otras personas. Es muy democrático, en el sentido de que hace falta muy poco para  poder practicarlo.

Es, también, un deporte de inminencias, de rodeos, de insinuaciones y en eso se parece mucho a la vida, lo que me agrada mucho.
 
¿Cuánto tiempo le dedica a la investigación antes de iniciar un nuevo proyecto?
Depende un poco de qué tan específica deba ser esa investigación. Hay novelas, como La pregunta de sus ojos que requieren más. En mi juventud trabajé durante unos cuantos años en un juzgado criminal de Buenos Aires, por lo que puedo decir que tenía mucho investigado involuntariamente.

Mi última novela, Nosotros dos en la tormenta, está ambientada en la cotidianidad de dos jóvenes que pertenecen a organizaciones armadas de la Argentina de los años 70.

Me requirió mucha más investigación, porque era un mundo más ajeno a mi tiempo y vida. Pero, diría que entre uno y dos años es un tiempo prudencial. 

¿Cuánto tiempo toma escribir una novela? ¿O no se puede generalizar y cada cual tiene su tiempo?
Poniendo aparte este tiempo de investigación del que hablábamos, escribir el libro me puede representar otro año. No es una labor lineal de primero la investigación y después la escritura, las tareas se alternan.
Luego vienen las correcciones, la conversación con la editorial, seguir puliendo detalles.

¿Usted se mete aquí en un proyecto y recién tomó uno cuando ya ha terminado el anterior? O ¿trabaja paralelamente como hacen muchos autores o escribe una parte y luego la deja y la retoma tiempo después? 
En general no puedo tomar más de un proyecto a la vez. Necesito esa exclusividad.

Si puedo alternar un proyecto de novela con uno de un largometraje o de una serie. Eso sí, en los tiempos muertos entre  una u otra tarea, sí puedo acometer la otra, porque son muy diferentes entre sí. 

¿En cuanto termina una novela la publica inmediatamente o la deja madurar, para revisarla después? 
Yo suelo publicar una novela cada dos o tres años. Soy bastante ordenado en eso: investigación, escritura y luego la corrección.

El trabajo con audiovisual se da en esos espacios intermedios, que son un reposo interesante para el material, porque uno vuelve con una mirada más fresca y más aguda.

Al menos dos de sus novelas, o parte de ellas, transcurren en los 70. ¿Tiene algún significado especial esa década para usted o es el resultado de ideas que surgieron por alguna razón aleatoria? 
Yo era un niño en esa época y eso es algo que me parece que no es menor, en el sentido de que en la niñez nosotros, desde los sentimientos y emociones, experimentamos cosas muy profundas, pero desde el intelecto nos cuesta procesarlas. Creo que el escribir sobre esas épocas me permite completar mi propia biografía, con esas cosas de las que se hablaban y sucedían a mi alrededor.

Y creo que hay otro motivo:  la dictadura militar en mi país, que empezó en 1976, fue materia de numerosísimos libros, películas, canciones, obras de teatro... Es decir, el arte entró muy a fondo en la dictadura, pero no tanto en la etapa anterior, a principios de esa década. Y eso hace que me resulte interesante ir a un sitio no tan frecuentado.

En Latinoamérica, en general, tenemos una relación bien particular con el pasado dictatorial de nuestros países. Argentina es uno de los pocos países donde se han atrevido más abiertamente a explorar ese período.¿Esto ayuda a cicatrizar heridas o las mantiene abiertas? ¿Cómo el arte influye en la relación con el pasado?
No me siento capacitado para decir si contribuye o perjudica. Aunque, en una primera respuesta uno diría, y creo que es así, que siempre es bueno pensar en el pasado, por algo soy licenciado en Historia.

Lo que pasa es que pensar el pasado siempre requiere de herramientas intelectuales y no solo emocionales. Coincido en que en Argentina producimos mucha reflexión acerca del pasado.

Se me ocurren dos posibles razones: una, que somos, dentro de América Latina, una sociedad muy abierta a la discusión, muy horizontal.

Otra razón es que la dictadura argentina del 76 tensó tanto la cuerda, en todos los niveles. No solo hubo desaparecidos, sino que hubo una enorme cantidad de desaparecidos. No solo hubo una crisis económica, hubo una desquiciada crisis económica.
Hubo una guerra internacional, perdida, contra Gran Bretaña. Entonces, el retiro de los militares después de todo esto los dejó en una situación, me parece, mucho más frágil que a otras fuerzas militares del continente. Eso facilitó que la sociedad argentina pudiera ir muy al hueso, muy a fondo con todo.

Como historiador, ¿qué parte de la historia de su país le interesa más? 
Soy nacido en 1967, por lo que tengo un marcado interés en la segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos del XXI. Me cautiva; pero, claro, como protagonista, y, a veces, la historia requiere una distancia cronológica para su mayor comprensión.

De hecho, los libros de historia que escribo tienen más que ver con el siglo XIX, que también me entusiasma. Es el siglo cuando se formaron nuestros Estados nacionales. Vivimos en Argentina, en Brasil, en Bolivia,  pero esos Estados nacieron en el XIX con ciertas características, con ciertos problemas, con ciertas tensiones. Entonces, a su modo, interrogarnos sobre ese período es una forma de pensar el presente.

¿Hay algún período de la historia de Argentina que es difícil analizar porque está en un pedestal, dónde se tiene bien definido quién es el malo o el bueno? 
En general en Argentina se ha discutido mucho, a veces sin escapar de esta categorización  de buenos y malos, sino simplemente cambiando la definición a los protagonistas históricos buenos y malos, lo que también es un riesgo.

Por suerte, hoy en las universidades argentinas se ha dejado muy de lado esta manera de estudiar la historia como heroica y antiheroica, de héroes y villanos. Creo que es un avance y que va a potenciar nuestro conocimiento del pasado. 

¿Qué le llevó a dedicarse a la escritura? 
Sinceramente encontré que me venía bien para pensar en mi vida. No de manera directa, como quien escribe sus memorias, ni como un ensayo sobre lo que siento.

Es una manera de pensar en lo que me interesa, en lo que deseo, en lo que temo, en lo que me falta, en lo que conseguí. Enmascaro eso en una ficción, que le pueda resultar interesante al lector, porque al final mi vida me importa a mí.

Es decir, mi vida es muy importante, pero solo para mí. Pero inventar una ficción me permite volcar todas las cosas que me suceden. Más que volcarlas, diría sacarlas, oxigenarlas y, eventualmente, el lector que se apropie de esa historia pueda hacer lo mismo, a su manera y hacia su propia vida. La literatura es ese puente, un puente pero hacia nosotros mismos. Autor y lector están en dos orillas distintas.

Creo que eso habla de nuestras desconexiones, pese a  nuestra proximidad

En sus palabras, ¿cómo definiría su obra?
Yo creo que podríamos definirla como un cierto realismo cotidiano, con un trasfondo político o histórico, porque mis personajes están anclados en Argentina. Pero no sé si tal cosa es una definición de género. 

También hace guiones de cine. ¿Tuvo que pasar por un proceso, pasar de la literatura tradicional a la narrativa cinematográfica? ¿O es algo complementario? 
Es distinto, muy diferente para mí, sobre todo por la forma de trabajar. El trabajo en el cine es colectivo, mientras que la literatura suele ser solitaria. Eso es un cambio muy grande para quien viene y disfruta de esa soledad.

Y por otro lado, la tarea del guionista es mucho menos concluyente que la del literato, en sentido de que yo escribo un libro -bueno, malo, regular- y al lector, es decir al destinatario, le llega eso. Mientras que si escribo un guion, este es apenas un ladrillo en una pared. Sí, es uno de los ladrillos que está más abajo, pero sobre eso vendrán el director, la fotografía, las actuaciones,  el sonido, las locaciones. Es necesario que sea un buen guion, pero no basta por sí mismo. Ahí hay una enorme diferencia: un libro se basta a sí mismo para bien o para mal, un guion no.

Si yo escribo un libro al lector le llega eso. Mientras que si escribo un guion, este es apenas un ladrillo.

¿Cambió en algo su vida tras el éxito que obtuvo "El secreto de sus ojos"? 
Cambió, sobre todo en que le dio a mi labor literaria una exposición desquiciada. Es decir, yo era un autor que en Argentina se iba labrando un camino interesante. Pero, con El secreto de sus ojos mis libros en idioma español empezaron a viajar por toda América Latina y España, además que se empezaron a traducir a otras lenguas.

Le dio una escala absolutamente diferente, que sin esa mediación del cine no hubiera sucedido de ninguna manera. 

Hablando de películas de éxito, usted trabajó en Metegol, una cinta que además tiene la característica de que ha sido regionalizada en los países hispanohablantes, ya que el metegol para ustedes es futbolín para nosotros y otro nombre para España. 
Primero, fue una sorpresa. Creo que todos tendemos a pensar que nuestro pueblo es el mundo, y eso me pasó: yo pensaba que en todos lados eso era un metegol. Después me empecé a encontrar que en España o en Bolivia era un futbolín, que en Chile era un taca taca y en México otra cosa.

El gran desafío de escribir esa historia fue, por un lado, que tuviera las capas necesarias para atraer a las generaciones diferentes. Es decir, para que un niño la viera de un modo,  una adolescente de otro y los padres de otro modo.

El arte entró a fondo en la dictadura, pero no tanto en la etapa anterior, a principios de esa década.

Y servirnos de ciertas cosas que en el fútbol son universales y que se aplican en diferentes niveles. Antes hablé de un realismo cotidiano, lo que se ve en la cinta, ya que el partido final termina siendo protagonizado por gente común y corriente, pero como si se tratase de la final de un Mundial. Y creo que eso lo puede entender y sentir cualquiera de nosotros. 

¿Prefiere la novela o el cuento, tanto como escritor como lector? 
Soy más lector de novela. Tuve una juventud de cuentista, probablemente porque tenía muchas más ideas; pero hoy, probablemente acercándome a la vejez, se me ocurren menos cosas. Tal vez la tarea es tener la paciencia, la capacidad de, artesanalmente, desarrollar eso. 

¿Leyó algo de literatura boliviana? 
No. Estoy pensando que solo revisé documentos históricos de la época de la Revolución.

Creo que eso habla de nuestras desconexiones, pese a  nuestra proximidad. Fíjese cómo yo empecé a publicar fuera de Argentina a partir de un fenómeno global, como fue El secreto de sus ojos, eso habla de lo que nos falta conectar.

Lo que pasa es que pensar el pasado requiere de herramientas intelectuales  y no solo emocionales.

¿Cuáles son sus expectativas de su participación en la Feria del Libro La Paz? 
Es mi primera vez en Bolivia y me parece que lo mejor que tienen las ferias es esto. Que nos veamos cara a cara autores y lectores, todos listos para hablar de algo que todos amamos:  leer. Porque los que escribimos lo hacemos porque nos gusta leer;  y los que van a una feria a comprar un libro o escuchar a un autor, lo hacen también porque aman la lectura. Entonces, poder hacerlo en un país y una ciudad en la que no he estado nunca, me genera muchas expectativas. 

¿Vamos a tener una nueva película o novela pronto?
Tendremos una nueva novela, anclada en esa cosa tan traumática para mi país, la guerra de las Malvinas, de 1982. 

BIOGRAFÍA

Ͱ NACIMIENTO· Eduardo Alfredo Sacheri nació en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, el 13 de diciembre de 1967.

Ͱ EDUCACIÓN · Siguió la licenciatura de Historia en la Universidad Nacional de Luján. También ejerce como profesor en escuelas secundarias del conurbano bonaerense, como Santo Domingo. 

Ͱ CARRERA · Comenzó a escribir cuentos en la década de 1990. Sus historias sobre fútbol fueron difundidas por Alejandro Apo en su programa Todo con afecto.

Ͱ NOVELAS· La pregunta de sus ojos (2005), Aráoz y la verdad (2008), Papeles en el viento (2011), Ser feliz era esto (2014), La noche de la Usina (2016), Lo mucho que te amé (2019), El funcionamiento general del mundo (2021) y Nosotros dos en la tormenta (2023).

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