Jura al cargo
Sheinbaum será la primera mujer presidente de México: tiene cinco grandes desafíos
Claudia Sheinbaum Pardo se convertirá este martes 1 de octubre en la primera mujer que llega a la Presidencia de México, 70 años después de que se permitiera el voto femenino en ese país. “No llego sola, llegamos todas”, dijo la sucesora de Andrés Manual López Obrador tras ganar las elecciones del 2 de junio, con el 58,4% de los votos.
Sheinbaum, de 61 años y doctora en física, deberá gobernar un país de casi 130 millones de habitantes, con un 36% de pobreza, una extensa frontera con Estados Unidos, una tasa alarmante de feminicidios y parcialmente sometido por el crimen organizado.
Antes siquiera de lucir la banda presidencial, su futura gestión arranca con una polémica, luego de que declinara invitar al rey Felipe VI de España a su toma de posesión. Este asunto inundó los medios esta semana.
Sheinbaum acusó de “agravio” al pueblo mexicano que la corona española niegue el perdón por los abusos de la Conquista, tras su decisión de excluir al monarca de su ceremonia de investidura. La futura mandataria avisó, además, que su gobierno continuará con la petición de la disculpa de España, iniciada por el presidente saliente en 2019. Como respuesta, el Gobierno español anunció que no enviaría a ningún representante al acto.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, expresó que “México y España son hermanos”, y que “le parece inaceptable que se excluya la presencia de nuestro jefe de Estado, que por cierto ha participado en todas las tomas de posesión”.
Dejando atrás lo anecdótico y el impasse diplomático, en su programa de gobierno, “de 100 pasos para la transformación”, la presidenta electa plantea dos ejes que rigen su visión para dirigir el país con los que busca acentuar la “Cuarta Transformación” (4T) que encabeza López Obrador. El primer eje se centra en dar continuidad a las políticas del Gobierno saliente; el segundo, mantener un gobierno honesto y sin corrupción.
Además, deberá conducir y llevar a buen puerto la reforma del Poder Judicial, tras la aprobación en el Congreso que los altos jueces y magistrados, como en Bolivia, serán elegidos a través del voto popular. Se adelanta que esta medida será uno de los ejes que más polémica generará durante su gestión de seis años.
En temas de economía, Sheinbaum asegura que mantendrá el estandarte de la “austeridad republicana”, también una herencia de López Obrador. La líder afirmó en campaña que no hará uso del avión privado ni del Estado Mayor presidencial y adelantó que profundizará las iniciativas sociales y el mantenimiento de la pensión para el bienestar.
Los retos que le esperan son, en criterio del consultor político Abel Magaña, “profundos” y pondrán a prueba “su capacidad de liderazgo, negociación y manejo político en un contexto complejo”.
Estos son, según el analista, los retos de su futura gestión:
Gobernabilidad
Uno de los principales desafíos de Sheinbaum será lograr la cohesión política dentro de su propio partido, Morena, y con sus aliados.
Si bien el partido ha mostrado una gran fuerza en las urnas, la diversidad de facciones y corrientes internas puede crear tensiones que dificulten la toma de decisiones. Además, deberá lidiar con una oposición fortalecida en algunas regiones clave del país.
Economía
Tendrá que encarar una economía en recuperación, con sectores como el turismo, la manufactura y los servicios aún debilitados.
A esto se suma el reto de controlar la inflación, mejorar la distribución del ingreso y generar empleos de calidad en un contexto global incierto.
Seguridad pública
El combate a la inseguridad es, sin duda, uno de los temas que más preocupan a la ciudadanía. Aunque Sheinbaum ya tiene experiencia enfrentando este reto como jefa de gobierno de la Ciudad de México, la complejidad a nivel nacional es mucho mayor.
Deberá fortalecer las capacidades de la Guardia Nacional, colaborar con los gobiernos estatales y municipales, y enfrentar de manera más eficaz a los cárteles de la droga, cuya influencia sigue generando violencia en diversas regiones del país.
La mandataria tiene la tarea urgente de abordar la violencia generalizada en México. El país tiene una de las tasas de homicidios más altas del mundo, incluyendo niveles alarmantes de feminicidios.
La violencia ha empeorado a medida que las organizaciones criminales se han expandido del narcotráfico a la imposición de control territorial a través de la extorsión y la trata de personas.
Medioambiente
Con un perfil académico y profesional ligado al ambientalismo, Sheinbaum ha prometido acciones contundentes en este ámbito. Sin embargo, enfrentará la presión de sectores industriales y energéticos que ven en las políticas ambientales un freno al crecimiento económico.
Implementar una agenda ecológica ambiciosa, que abarque energías limpias, protección a las áreas naturales y combate al cambio climático requerirá negociación y un balance entre el desarrollo económico y la sostenibilidad.
Relaciones exteriores
El contexto internacional también demandará atención inmediata. Las relaciones con Estados Unidos, en especial en temas como el comercio, la migración y la seguridad, seguirán siendo un eje central de la política exterior. Además, Sheinbaum deberá posicionar a México en un entorno global cambiante, en el que las tensiones geopolíticas y los retos ambientales requieren de una diplomacia proactiva.
En este ámbito, Rafael Fernández, director del Centro de Estudios para EEUU y México de la Universidad de California San Diego, dijo que López Obrador “gobernó de espaldas al mundo”.
“Quiero pensar que Sheinbaum será mucho más globalista; la geopolítica del mundo está cambiando, estamos saliendo de ese largo liderazgo de EEUU de 78 años y estamos entrando a un mundo bipolar China-EEUU, con varios polos. Ante eso es muy importante que la presidenta participe en esa reorganización del mundo, porque el que no participa, no le toca”, dijo el académico en declaraciones a CNN.
“Debe preocuparse por las dinámicas del mundo porque, si no, a México le llega lo que nos manda el mundo y no lo que México quiere del mundo”, apuntó.
Queda abierto el debate sobre si “gobernará con sello propio”, como prometió en campaña, o si el mandatario saliente “le dará órdenes”.
“El poder de Sheinbaum será un poder enorme dentro de una prisión”
Por: Jesús Silva-Herzog, periodista
La presidencia más fuerte de la historia reciente iniciará su gestión como la más maniatada. Desde el lejanísimo año de 1982 ningún presidente había tenido el porcentaje de votos que recibió Claudia Sheinbaum en junio. Ninguno había tenido el respaldo legislativo como el que tendrá ella al tomar posesión. Su alianza no solamente conserva la capacidad para legislar, sino que, como se demostró hace unos días, tiene la fuerza para cambiar la Constitución.
Más aún, la coalición gobernante se ha abierto el espacio para violar la Constitución sin consecuencias. Es por eso que el régimen que se ha inaugurado merece el nombre de autocracia. El perfil de ese régimen, por supuesto, está lejos de haberse definido, pero sus notas esenciales son ya visibles. Se trata, hay que reconocerlo de inicio, de un régimen con sólido respaldo popular. Mientras las oposiciones parecen liquidadas y sin aliento para recomponerse, el régimen sabe cómo conseguir votos, ejercer el poder y controlar la agenda pública.
Movimiento, partido, gobierno, Estado, empiezan a moverse en sintonía. Se han cambiado reglas esenciales y se ha desmontado, casi por completo, la máquina institucional del pluralismo. Al mismo tiempo, el aparato del poder sigue una lógica muy distinta a la de las instituciones porque ha armado una plataforma devocional. Los últimos años subrayan, por contraste, lo lejos que México estuvo de esa lacia del personalismo.
Conocemos y hemos padecido, desde luego, presidentes muy fuertes y abusivos, pero no tenemos recuerdo de una adoración como la que produce Andrés Manuel López Obrador. Un culto que ha llevado al absurdo de pensar que en sus discursos hay una filosofía que es el único faro que necesita la patria y ejemplo indispensable para el mundo. Se trata, también, de un régimen que descansa en un bloque militar que no es solamente el principal aliado político, sino también guardián, sustento burocrático, socio y contratista.
El panorama es más complejo de lo que parecería a simple vista. La autocracia puede tener muchas caras. La que acaba de instalarse en México no ha revelado aún la mecánica de su operación. El poder de Sheinbaum será un poder enorme dentro de una prisión. Sheinbaum ejercerá la presidencia en un régimen que su antecesor construyó para sí mismo. Ese régimen ofrecía claridad (aun en el capricho) porque hacía coincidir el poder formal y el poder informal en la misma persona. El caudillo fue el Ejecutivo Federal.
Pero esa coincidencia desaparecerá en el primer instante de octubre. Surgirá entonces, de manera inevitable, una estructura dual: el poder constitucional por una parte y, frente a él, el entorno del caudillo. No es necesario especular sobre la conducta de éste. Un proyecto político tan personalista como el que ha dominado nuestra política en los últimos seis años no se disuelve de la noche a la mañana.
Sheinbaum constatará que el régimen es, para ella, un edificio de cuñas. Las cercas que el presidente saliente ha levantado están por todas partes en el mismo equipo de la presidenta entrante, en los coordinadores parlamentarios, en las bancadas del partido oficial.
La gran paradoja con la que iniciará Sheinbaum está en sus millones de votos, sus apabullantes mayorías, el dominio territorial de su partido y la instauración de una suprema Presidencia de la República.