Novedades y clásicos
César Uscamayta y el aroma a vainilla de los libros viejos
Entrar en Subtterránea, la librería fundada y dirigida por César Uscamayta Choque, es inhalar aquel olor a vainilla que despiden las hojas de los libros antiguos. Todo un placer para los amantes de los papeles amarillentos que pasaron por varias manos antes de caer en las del último comprador que se los lleva a su biblioteca. Subtterránea funcionó un largo tiempo en el subterráneo que pasa por debajo de la avenida Mariscal Santa Cruz (de ahí, obviamente, el nombre), pero hace un par de años se trasladó al edificio Ferrara, ubicado en la avenida 6 de Agosto, a pasos de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Mayor de San Andrés (la Casa Montes).
Quienes saben de libros viejos y antiguos, quienes siempre están al acecho de pequeñas joyas librescas… los buenos lectores paceños, en fin, no pueden desconocer aquella librería que, sin nada de publicidad y modestamente, se agazapa en la planta baja de un edificio del centro de La Paz y ofrece no las últimas novedades literarias, sino los grandes clásicos del pensamiento y las letras de todos los tiempos, en ediciones ya difíciles de hallar en el mercado convencional de libros.
César Uscamayta, trotskista de convicción, pero de un espíritu abierto gracias al permanente contacto con los libros, llega de lunes a sábado a la librería a media mañana y se pone a ordenar los nuevos lotes que recibe diariamente y a vender los pequeños tesoros a los que los lectores paceños van echándoles el ojo. Los ofrece a través de las redes sociales de Subtterránea y los compradores pueden pedirlos para delivery o para recogerlos en la misma librería. Los precios son razonables, teniendo en cuenta que uno puede hallar tesoros como libros Aguilar o Sopena, o ediciones raras de los grandes clásicos de siempre. Muchos de los volúmenes puestos a la venta tienen alguna marca, que puede ser el sello de una biblioteca privada, algún autógrafo o dedicatoria del autor o notas o subrayados en los márgenes, pertenecientes a quien fuera el primer dueño. La mayor parte de los textos están bien clasificados y ordenados en los estantes, pero también hay muchos que, detrás de todos esos que exhiben al público sus lomos, están bien ocultos, y entonces el amante de los libros debe exhumarlos o desenterrarlos, así como quien busca plata o piedras preciosas en una inmensa montaña.
Biografía de un economista que se hizo librero
César Uscamayta Choque nació en La Paz el 9 de diciembre de 1973. Viene de una familia “con padre obrero y una madre de pollera, ambos ya fallecidos”, y desde joven se adscribió a las ideas de izquierda, pero en un grupo que se mantuvo al margen de los partidos políticos y fue crítico del Partido Obrero Revolucionario de Guillermo Lora. Estudió Economía en la Umsa, estuvo en varios trabajos relacionados con aquel campo y desde hace 10 años está en el campo librero, primero administrando la librería Ciudad Libro y ahora la Librería-Editorial Subtterránea.
Su padre, Marcelino Uscamayta, trabajaba en la fábrica Simsa (Sociedad Industrial Molinera SA), una empresa de alimentos ubicada en la tradicional zona fabril de Achachicala y que todavía funciona, donde aquel era el capataz. “Mi madre [Estefa Choque] era ama de casa y comerciante; vendía de todo…”, recuerda César sobre su mamá, recientemente fallecida.
César se adscribió al trotskismo no por ningún hecho histórico como tal, sino por la influencia de las lecturas de la universidad. “En ese tiempo, leía muchos libros de economía; no solo a Marx, sino a varios economistas liberales y a otros contrarios al liberalismo”, recuerda sobre sus primeras lecturas sistemáticas. En la universidad se alineó con un ala del trotskismo, un ala liderada por Juan Pablo Bacherer, quien se opuso al POR y lo criticó por su aislamiento en los procesos políticos de los 80 y 90 en Bolivia. Lo que criticaba el grupo era sobre todo el aislamiento de aquel partido obrero respecto a los sectores populares.
Sus primeras lecturas de adolescente fueron libros de historia de Bolivia, fundamentalmente de Enrique Finot y Mariano Baptista Gumucio; ya luego se aproximó a las ciencias sociales y, en particular, a la economía. “Era un lector más o menos asiduo; en principio, de libros de ideas cepalinas y desarrollistas, y ahora sigo manteniendo amistad con algunos profesores de economía, como Napoleón Pacheco”. Para César, los libros “son conocimientos de varios individuos, fruto de las experiencias y los análisis; para conocer de manera seria cualquier fenómeno, uno debe acudir a los libros. Un trabajo sistemático de acumulación histórica en todas las áreas, un trabajo de cientos o miles de años… Eso son los libros”.
El comercio de libros usados y una editorial
“Estar en un empleo asalariado implica aceptar la disciplina y las indicaciones de un jefe…”.
La idea de vender libros viejos nació a partir del deseo de César de dejar de ser un trabajador asalariado, tener independencia económica y administrar un negocio propio. “Con tres o cuatro compañeros entramos en sociedad y primero fundamos la librería Ciudad Libro, que funcionaba en la Federico Zuazo, y luego Subtterránea, que funcionaba en el subterráneo, a la altura de las calles Colombia y Loayza”. Pero hace un tiempo Subtterránea está instalada en un local comercial del edificio Ferrara, en la 6 de Agosto, donde acopia un catálogo de 13 mil títulos; pero aparte, la librería cuenta con un depósito que contiene tres mil títulos aproximadamente.
Más allá de eso, como individuo César tiene una biblioteca personal y un depósito donde tiene aproximadamente otros 13 mil volúmenes… Pero, además, como socio de Ciudad Libro, César posee dos terceras partes de los libros de aquella librería, que, entre nuevos y viejos, suman unos 17 mil volúmenes… que luego, al disolverse la sociedad, serán integrados al catálogo de Subtterránea y colocarían a esta librería entre las librerías con mayor variedad de autores y títulos.
Dado que las librerías de libro viejo son todavía escasas en la sede de Gobierno, los emprendimientos librescos de César hallaron fácilmente un nicho estable en el mercado. Se fijó en las grandes librerías de libros usados que hay en urbes como Buenos Aires o Lima, y trató de hacer eso mismo en la ciudad del Illimani. Él considera que los lugares en La Paz donde se vendían libros usados, como el Mercado Lanza (que antes estaba en la avenida Montes) o el Pasaje Marina Núñez del Prado, ya estaban siendo ganados últimamente por el libro pirata y que, por consecuencia, se necesitaba un lugar donde hallar libros solamente originales. “Creo que ya somos una librería de relativa importancia y que, por tanto, podemos hacerles competencia a las grandes librerías de La Paz; además, es importante mencionar que Subtterránea se dedica a la venta no solo de libro viejo [usado], sino de libro antiguo”, comenta.
El valor agregado que tiene un libro usado es, paradójicamente, su precio, que generalmente es menor que el del libro nuevo. “Otro valor agregado del libro viejo —dice César— es que hay un conjunto de libros que ya no se editan y solo se hallan en librerías de libros usados”. Además, está la variedad, pues, debido a los costos de importación de libros, las librerías de libros nuevos no tienen, según Uscamayta, la variedad de títulos y autores que poseen las grandes librerías de libros de segunda mano. Pero aún hay otro valor que tienen los libros usados: la firma o las notas autógrafas que las páginas del libro pueden tener. Sucede que a veces se hallan libros que tienen en sus páginas anotaciones raras o autógrafos de los autores o de los primeros dueños de esos libros, y eso confiere al objeto libresco un valor añadido que no poseen los libros nuevos.
Pero Subtterránea no es solo una librería, sino además una casa editorial, una que, pese a las dificultades que hoy se presentan en el mundo de los libros y editoriales, se ha propuesto el objetivo de seguir editando y publicando más; en diciembre publicará un libro que será el número 30 su catálogo editorial. “Yo antes editaba bajo el sello del Viejo Topo, una editorial pequeña, independiente; luego esa experiencia potenció la nueva editorial de Subtterránea, que al año comenzará a editar libros no solo nacionales, sino extranjeros; es decir, autores reconocidos cuyos derechos estén liberados”.
Los criterios de selección de los libros tienen que ver con la independencia del autor respecto a partidos políticos u otras organizaciones hegemónicas que puedan comprometer o sesgar su pensamiento, primero, y con la calidad del texto, segundo. “Hay que decir que nosotros nos enfocamos en la publicación de libros de pensamiento socialista, pero nos abrimos también a otras tendencias; somos democráticos y aceptamos buenos textos de autores de otras corrientes”, comenta Uscamayta sobre la política de la editorial.
Análisis sobre el panorama de comercio de libros
“En este último tiempo, las ferias del libro potenciaron el mercado interno, pues las grandes librerías tuvieron dificultades en la importación; las ferias del libro se centraron en los autores nacionales”. César piensa que el ciclo económico actual no favorece al mercado de libros, lo cual en realidad podría significar una oportunidad y generar un potenciamiento de algunas editoriales nacionales, pues, aunque la demanda de libros es pequeña, los lectores que hay son asiduos y están buscando nuevos libros de manera frecuente.
Los pensamientos, las palabras y las ideas de Karl Marx, Stefan Zweig, Homero, Dante, Papini, Plutarco, Vargas Llosa, Rand, Joyce, los dos Marías, Kafka, Rabelais, Kant, Harari, Sartre, Virgilio, García Márquez, Montero, Restrepo, los dos Dumas y mil más, esperan a los lectores paceños en los estantes de Subtterránea.