Computadoras más ligeras y pequeñas
La tecnología “entrará” por los ojos gracias a las gafas inteligentes
Los primeros en obtener inteligencia fueron los celulares. Le siguieron las tabletas y los relojes y, ahora, le llegó el turno a los anteojos. Este año empresas como Meta, Samsung, Apple y otros presentaron los prototipos de sus gafas de realidad aumentada.
Sí, por el momento son solo prototipos y aún no están disponibles para el mercado general. Pero los equipos que revelaron los proveedores auguran un futuro salido de las páginas de los cómics o de las cintas de ciencia ficción.
Mercado difícil
Este es un mercado que aún no termina de despegar. No es, precisamente, por falta de esfuerzo, porque los equipos presentados este año no son los primeros intentos de implementar las últimas tecnologías informáticas a los anteojos. Años antes, Apple y Microsoft trabajaron en dispositivos que fueron rechazados por el gran tamaño y lo poco cómodos que eran.
En febrero Apple lanzó su modelo Vison Pro, el primer lanzamiento importante de la empresa desde el reloj Apple Watch de 2015, según reportó BBC, pero no cumplió las expectativas de la empresa. Según el Financial Times, Apple ha reducido a más de la mitad sus previsiones de producción, de un estimado de un millón a 400 mil unidades.
No ayuda que su precio aún impide que se convierta en un equivalente de los relojes y celulares inteligentes: cuesta 3.499 dólares en los mercados estadounidense y europeo.
de gafas inteligentes. FOTO: EFE
Además del costo, la reticencia a su uso se debe a su tamaño, muy abultado, pese a que Apple separó la batería para que no se sienta tanto peso en la cabeza, aunque esto significa que esta queda conectada a un cable al lado del usuario, un engorro que puede causar accidentes.
Sin embargo, pese a que aún presenta inconvenientes, tiene atractivos para los usuarios de este tipo de aparatos.
Más manos libres
El dispositivo tendrá 256 GB de almacenamiento y se aclaró que la tecnología de seguimiento ocular del visor puede funcionar monitoreado solo por un ojo, el dominante; esto para las personas que no tienen el uso completo de ambos ojos. Cuando uno se pone las gafas, ve la habitación a su alrededor, pero no a través del cristal, sino a través de las múltiples cámaras integradas.
Asimismo, se opera mediante gestos: el cursor de las pantallas sigue la vista del usuario y solo se necesita apretar el pulgar y el índice para activar las aplicaciones seleccionadas.
La compañía de la manzana no es la única que continuamente trabaja en esta innovación. El director general de Meta, Mark Zuckerberg, presentó en septiembre “Orion”, el primer prototipo “completamente funcional” de gafas inteligentes de realidad aumentada, una tecnología que el cofundador de Facebook describió como “las gafas más avanzadas del mundo”.
Según reportó EFE, el dispositivo, que aún no está listo para salir al mercado, es muy similar a unas gafas de ver tradicionales: no tiene cables, pesa “menos de 100 gramos”, cuenta con “pantallas holográficas” en los lentes y una “pulsera neuronal”. Es un sistema directamente de ciencia ficción que permite enviar una señal desde el cerebro del usuario al dispositivo.
“Por ahora, creo que la forma correcta de ver a Orion es como una máquina del tiempo. Estas gafas existen. Son increíbles y son un atisbo de un futuro que creo que será bastante emocionante”, dijo Zuckerberg.
Casi todos los prototipos del momento no necesitan de un teléfono o un computador portátil para funcionar, pero sí necesitan un disco informático. Este puede estar integrado en los mismo lentes, estar conectado por un cable o ser inalámbrico, lo que impide que esté a más de cuatro metros de distancia.
Hay excepciones. Una de las más importantes es el proyecto de Qualcomm, empresa de chips que actualmente desarrolla las gafas junto a gigantes como Samsung y Google. Busca crear unas gafas inteligentes que funcionen como un accesorio del móvil, no como un dispositivo independiente. Y quiere que sean tan útiles e importantes que busca que “todo el que tenga un teléfono compre unas gafas como accesorio”, según dijo el CEO de Qualcomm, Cristiano Amon a CNBC.
El criterio del ejecutivo es que el mercado de dispositivos de realidad virtual y aumentada sigue siendo enano en comparación con el de smartphones, por lo que unir ambos permitirá llegar con más fuerza al público, siempre y cuando el precio de los equipos no sea prohibitivo.
4.500 millones de dólares
es la ganancia que se espera que genere la industria de los nuevos dispositivos de comunicación y computación, como las gafas.
En esta alianza Google apoyaría en materia de sistema operativo. Se espera que las gafas inteligentes de Samsung funcionen con tecnologías de realidad aumentada, si bien la compañía quiere lanzar su propio ecosistema XR (Realidad Extendida). La ambición de Samsung es abrirse camino en un mercado de “informática espacial” que superará los 4.500 millones de dólares y que aumentará a una tasa de crecimiento anual compuesta (Cagr) desde 18% hasta 10 mil millones de dólares en 2029.
Si bien, hasta ahora, no se logró un aparato de ese tipo realmente exitoso, los expertos coinciden en asegurar que es el resultado natural de la evolución de la computación.
Cada vez más pequeño
Zuckerberg lo tiene claro: la siguiente plataforma de computación serán las gafas. El cocreador de Facebook explicó, en una entrevista con el canal de YouTube de Cleo Abram, que si se observa la historia de la computación se verá cómo la humanidad pasó de los grandes ordenadores del pasado, que ocupaban una habitación, a los PC de sobremesa; de ahí a las portátiles y celulares, a los que calificó de no ser “demasiado naturales” al “sacarte del mundo que tienes a tu alrededor”, al suceder todo en la pantalla del móvil.
Agregó que las tendencias actuales son pasar a una plataforma más natural y ubicua, en tanto permite interactuar con las personas y objetos alrededor. Es decir, las gafas de realidad aumentada se llevan puestas y, por tanto, no necesitan ser sacadas del bolsillo cada vez que se quiera conectar con amigos.
Meta espera que Orion salga al mercado “en unos años” a un precio comparable al de los teléfonos y computadoras portátiles de la actualidad.