2024-12-24

Obra

Las estrellas y el universo en los pinceles de Patricia Mariaca

La artista se declara una amante del conocimiento científico y lo real, y no tanto de lo esotérico o abstracto. “Lo hermoso está ahí”, afirma.

Galileo representa al insigne físico pisano con la mirada escrutadora puesta en la vía láctea y sus innumerables y misteriosos cuerpos celestes. Es probablemente la pintura con más poder persuasivo y más potencia conceptual. Está hecha con una técnica mixta sobre papel, mide 100x65 cm. y sus colores son de un azul intenso. La cabeza del astrónomo y matemático renacentista es blanca y mira hacia el cielo, y los planetas y estrellas, representados con diferentes tonos de plateado y dorado, se despliegan sobre él, deslumbrándolo.

Galileo, que sintetiza el concepto de toda la serie de pinturas —pues retrata a un ser humano finito y pequeño que levanta la vista al cielo no solo para contemplar la majestuosidad del universo, sino además para intentar comprenderlo—, es una de las pinturas de la más reciente colección de la artista Patricia Mariaca, que se expuso en la galería Neo: Vía láctea (2024).

La idea de esta última serie, según me cuenta la pintora, nació de improviso, un súbito chispazo de inspiración, mientras retornaba a Bolivia de un viaje a Serbia, a donde había ido a hacer una exposición titulada Corazón amazónico, que coincidió temporalmente con la ola de incendios que se suscitaron en las selvas del oriente boliviano.

La música de las esferas y La pasión según Humboldt.

 

“Estaba ya volviendo y en el avión me senté junto a la ventanilla. Y de Belgrado a Madrid me tocó ver una luna llena impresionante… rodeada de un montón de estrellas. Era un cielo oscureciéndose, en el que, entre varios tonos de azul, aparecían y desaparecían cúmulos de estrellas…”, recuerda la pintora.

En ese momento sintió la necesidad de plasmar aquella pequeña parte del universo que veía desde la ventanilla de su avión, y a su llegada a La Paz comenzó a pintar frenéticamente; se encerró en su taller, tomó su paleta y dispuso sus materiales. Al cabo de tres semanas, ya tenía terminadas todas las pinturas de Vía láctea.

Galileo posee fuerza conceptual, pero Lluvia de estrellas, el cuadro de mayores dimensiones, es el que más llama la atención por sus colores y su tamaño, y además porque, con el uso del color azul que cae hacia abajo, da una particular sensación de movimiento vertical.

La colección no es numerosa, pero en una secuencia de pocos cuadros —que en la galería se ordenan comenzando por los azules, siguiendo por los amarillos/dorados y terminando con azules nuevamente— logra representar una idea completa, podría decirse cíclica, que puede ser la de la belleza y enormidad del universo, o la de la cualidad pasajera o pequeña del ser humano en la naturaleza. O quizás ambas al mismo tiempo.

Una vida dedicada a la pintura

Patricia Mariaca se declara una amante del conocimiento científico y lo real, y no tanto de lo esotérico o abstracto. “Lo hermoso está ahí”, afirma. Pero también lee poesía, “desde Baudelaire hasta poetas contemporáneos”, ya que aquel género literario le ayuda a acercarse a la pintura y a descubrir nuevos temas para pintar. Encuentra en la palabra algo así como una pincelada; “hallo en la poesía pensamientos tanto sobre el universo como sobre lo cotidiano… con la palabra justa”.

La pintura Galileo.

 

Como todo artista, trabaja en la soledad. Se encierra en un taller que tiene en el altillo de su casa y en él trabaja mínimamente cinco horas corridas, ya sea en la mañana o en la tarde, sin interrupción. “Tardo en concentrarme… Primero debo escuchar música o cosas así…”. Aquello es parte de los pequeños ritos que siguen los artistas para hallar la musa, son esas manías a las que tienen que recurrir los creadores antes de ponerse manos a la obra.

Patricia es hija y sobrina de pintores, y por eso vivió desde niña entre talleres de arte. Pero además estuvo en contacto con grandes de las artes plásticas como Alfredo La Placa o Enrique Arnal, de quienes recibió influencia. Desde muy joven decidió estudiar pintura y sus padres la apoyaron en aquel deseo, pero con la condición de que fuera en una universidad.

Se fue a Chile para eso, donde tuvo buenos profesores y maestros, y ahora recuerda gratamente que los primeros cursos de la carrera no eran de pintura como tal, sino de escritura y lectura, para que los estudiantes aprendieran a formar el concepto artístico antes de aprender a manejar los pinceles y los colores. Primero debía ser la formación de la sensibilidad conceptual. La técnica vendría después.

Luego de la universidad viajó mucho y vivió en algunos países islámicos como Mauritania; en aquellas estadías en diferentes partes del mundo, el roce cultural la ayudó a ampliar sus horizontes artísticos y a comprender mejor al otro. “En los países islámicos no se puede pintar personas, entonces tuve que pintar otras cosas, como flores; en ese arte hay mucha geometría y de ese tipo de arte aprendí mucho”, recuerda, haciendo referencia a su incursión en pintura sobre botánica.

Patricia cree que ahora es un buen momento para las artes visuales. “En el último tiempo (fines del siglo XX y principios del XXI), todo se concentró en las instalaciones o las manifestaciones performáticas; pero ahora veo a muchos jóvenes interesados en la pintura, que vuelven a sentir el material”. Gusta del arte conceptual, como los videos y las instalaciones, pero le entusiasma más el regreso de la pintura como una manera clásica de manifestación artística, como una manera clásica de trabajar con los materiales.

Vía láctea

Nueve cuadros tiene Vía láctea, la más reciente colección de Mariaca. Los títulos de las pinturas y los pequeños textos que las acompañan son una guía útil para entender más en profundidad lo que aquellas quieren transmitir. Podría decirse que, en muchos sentidos, Vía láctea es diferente a lo que son las más recientes propuestas del arte pictórico, muchas de las cuales abogan por lo abstracto o por vago en el significado y el fondo de la obra.

En general, la colección narra y reflexiona la transitoriedad de la especie humana en el cosmos y es un canto a la belleza y el misterio que aquel posee. Las pinturas tratan de transmitir realismo, conocimiento científico, ideas concretas sobre hechos concretos de la naturaleza que circunda a los sapiens y los animales, y no ideas etéreas o abstractas sobre las que se pueda colegir diversidad de significados.

Por ejemplo, uno de los cuadros, llamado La música de las esferas, retrata a Pitágoras, el eminente filósofo y matemático de Samos que contribuyó en el avance de la geometría y la aritmética. “Traté de imaginar cómo sentiría aquella música de las esferas de la que él hablaba, y, como a Galileo Galilei, traté de hacerlo cercano a nosotros, con sus sentimientos y pensamientos; ahí está él, pensando y tratando de descubrir un universo”, explica la pintora sobre el cuadro.

Petrarca en la Montaña Ventosa. 

 

La pasión según Humboldt es otro de los cuadros que hacen honor a los grandes del pensamiento universal. A la vez que naturalista y científico, Humboldt fue un gran artista; sus dibujos de aves y plantas dan fe de un dibujante que dominaba el manejo de los lápices, la perspectiva y el uso del color. La pintura representa la cabeza del naturalista alemán, con tres hojas cerca: una encima y dos debajo. Técnica y cromáticamente, este cuadro es similar al de Pitágoras y tiene el mismo patrón conceptual.

Petrarca en la Montaña Ventosa retrata al poeta de Arezzo (considerado el primer alpinista) precisamente sobre el Mont Ventoux, apreciando el paisaje que se distingue a sus pies. La pintura representa al consagrado sonetista italiano en la cima del Mont Ventoux —la cual conquistó en abril de 1336— en medio de la procela del viento, sobre el monte y bajo varios planetas, en medio de una especie de sinfonía natural en la que el ser humano, en este caso representado por el poeta humanista, se siente minúsculo, pero al mismo tiempo curioso por develar los enigmas de la naturaleza y lo que hay más allá. “Quisiera que mis cuadros también sean una invitación para que la gente lea historia, literatura o divulgación científica”, comenta Mariaca sobre el concepto de sus cuadros.

Otro de los cuadros titula Mimosa mexiae y es un homenaje a Ynes Mexia, que fue una botánica mexicana-estadounidense que vivió entre fines del siglo XIX y principios del XX y que contribuyó enormemente en la identificación y clasificación de nuevos especímenes de plantas que encontró en México y Sudamérica en sus muchos viajes que hizo para recolectar ejemplares de plantas; Mariaca, evocando la famosa especie Mimosa mexiae, cuyo nombre se debe al apellido de Ynes, comenta sobre esta científica: “Ella fue ignorada durante décadas y su nombre fue opacado por el machismo reinante de la época, pero Ynes es también parte de toda esa gente a la que le encantó nuestro planeta y disfrutó de estar sobre la Tierra, de ver las estrellas y todo lo que hay en la naturaleza”. El cuadro representa el perfil de una cabeza femenina con unas hojas en la parte superior.

Uno de los cuadros más pequeños se llama Lo más importante, que representa a un perfil de cabeza humana y una mano sosteniendo un pequeño corazón rojo; el título (Lo más importante) hace referencia a ese pequeño corazón precisamente, es decir al amor, que es “lo más importante” en la vida, lo que podría hacer que el ser humano cuide el medioambiente y que los seres humanos dejen de pelear por disparates, y lo que sin duda es la brújula que lleva al ser humano conocimiento. Porque, como decía el filósofo Theodor Adorno, el hombre no puede aproximarse al conocimiento de las cosas y los fenómenos si no estuviera impulsado por el amor.

En los últimos meses, Patricia ha trabajado intensamente y Vía láctea es el punto final del año. “Tengo planes para el próximo año, pero son ideas que tengo que madurarlas todavía… Viene el bicentenario y quisiera hacer algo sobre eso”, comenta refiriéndose al futuro. De todas formas, Vía láctea es ahora una invitación a reflexionar sobre el universo y los pequeños detalles de la naturaleza que nos circundan a los seres humanos, sobre los cuales no siempre —casi nunca— prestamos atención debido a la vorágine digital y consumista en la que solemos vivir.

Temas de esta nota
Te puede interesar