Brazo operativo del expresidente
Seis Federaciones del Trópico: de la lucha por la tierra a la dictadura sindical y el epicentro del poder con Evo
El pasado 24 de febrero, la Coordinadora de las Seis Federaciones del Trópico cumplió 34 años de vida orgánica, aunque el origen de las entidades que la componen data de mucho tiempo atrás. En ese tiempo, han pasado de ser una organización de lucha por la tierra y la producción de coca a convertirse en la base de la que emergió el primer presidente indígena de Bolivia, Evo Morales Ayma.
Desde diferentes sectores se señala que, en ese camino, lo que en un momento fue una punta de lanza por los derechos se convirtió en una dictadura sindical y un brazo operativo del exmandatario para generar apoyo y presión.
Su fuerza no solo radica en su poder de convocatoria, sino también en la participación de sus ejecutivos en la política nacional. Así, el ente orgánico no solo fue cuna de Morales, sino que también es conocido por los senadores Leonardo Loza y Andrónico Rodríguez, este último perfilándose como una opción presidenciable.
¿Cómo nacieron?
“Las federaciones del trópico de Cochabamba en el proceso de construcción de un instrumento político”, una investigación de Sandra Ramos, señala que posterior a la Revolución de 1952 hubo una expansión del sindicato como forma organizativa tanto en el espacio laboral obrero como en el de los trabajadores agrícolas. En este proceso, por la tradición organizativa, las comunidades y ayllus andinos, quechuas y aymaras, comenzaron a fusionarse para denominarse “sindicatos campesinos”.
“En el caso del trópico surge en principio como una necesidad para la ocupación territorial y por supuesto, posteriormente, para el proceso productivo y por lo tanto para ejercer cierto grado de control interno de los derechos y obligaciones de las familias colonizadoras”, explica Ramos en su documento.
Raúl Prada Alcoreza, en su trabajo “Genealogía sindical del Trópico de Cochabamba”, indica que inicialmente los sindicatos del Trópico estaban representados por una Sub Central y una Central Especial, bajo la dependencia de la Central Campesina de El Morro en Sacaba. Fue a partir de 1968 que los sindicatos se independizaron de El Morro y conformaron su propia estructura sindical, la Federación Especial Agraria del Chapare Tropical.
Foto: Radio Kausachun Coca
Como consecuencia de discrepancias políticas y el número de nuevos sindicatos, la Federación Especial Agraria del Chapare Tropical, en 1971, se divide en Federación Especial de Trabajadores Campesinos del Trópico de Cochabamba y la Federación Especial de Colonizadores de Chimoré. Para 1983, la Federación Especial de Colonizadores de Chimoré se dividió y nació a la vida orgánica la Federación de Colonizadores de Carrasco Tropical. Años después una nueva división creó la Federación Especial de Trabajadores Campesinos del Trópico de Cochabamba y surge la Federación Única de Centrales Unidas y la Federación Especial Yungas del Chapare.
“Entre el 23 al 24 de febrero de 1991 aparece el Comité de la Coordinadora de las Cinco Federaciones del Trópico de Cochabamba. La gran mayoría de las actuales colonias se establecieron de forma espontánea. Normalmente, un grupo de personas entraba a la zona, ubicaba un lugar no ocupado y se establecía allí. Al principio se mantenían con víveres que traían del valle, hasta establecer sus primeros cultivos de autoconsumo (arroz, maíz, bananos y otros). Al ir de visita a sus lugares de origen, reclutaban más gente dispuesta a mejorar; con ellos organizaban un sindicato y distribuían la tierra en parcelas, lotes o ‘chacos’, como se los conoce localmente”, explica Prada.
Para afiliarse al sindicato solo debían pagar la cuota sindical de cinco bolivianos al mes, comprometerse a residir permanentemente en el lugar y participar en los trabajos comunales para abrir sendas y otras actividades comunales. Mucho después iniciaban el trámite de titulación de sus terrenos ante el Servicio Nacional de Reforma Agraria (cerca de los años 70), mientras tanto empezaban a producir coca.
Cuando estas tareas se fueron terminando, debido a su producción, empezaron a surgir nuevos objetivos. En este caso, la defensa de la producción de coca, en medio de una época en la que se empezó su control, por las consecuencias de la transformación de la hoja en cocaína.
Entonces eran cinco, pues la Federación de Mamore - Bulo Bulo, nació años después, como producto de la municipalización.
¿Quiénes y dónde?
Como su nombre lo dice, la coordinadora está compuesta por seis federaciones, algunas más antiguas que otras. Están conformadas por sindicatos y centrales emplazados en diferentes municipios de tres provincias de Cochabamba: Carrasco, Chapare y Tiraque.
En la provincia Carrasco se concentran tres de las seis federaciones: la Federación Especial de Chimoré, la Federación Especial de Colonizadores de Carrasco Tropical y la Federación Agraria Mamoré Bulo Bulo. Estas tres federaciones aglutinan a 583 sindicatos, de los 965 que nutren a la Coordinadora de las Seis Federaciones.
El peso de esta región, apoyado por la gran cantidad de afiliados, se ve traducido en un poder político de gran impacto. Dos legisladores -de los 21 que tiene el MAS en la Cámara de Senadores- son dirigentes de estas federaciones. Uno es presidente de dicha instancia desde que inició su gestión.
En esta terna se encuentra tanto la federación más antigua como la más nueva. La primera es la de Chimoré, fundada en 1964. Actualmente su máximo dirigente es Leonardo Loza, uno de los hombres de confianza de Evo Morales y ficha importante del ala evista del MAS - IPSP.
En las elecciones de 2020 ganó una senaduría y hasta hoy se mantiene como uno de los referentes del “ala evista” en la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP). Su federación es la cuarta en cantidad de sindicatos. Anclada en el municipio de Chimoré, concentra 109 sindicatos, en 14 centrales.
La federación más joven es la de Mamoré - Bulo Bulo, el ente sindical del que emergió Andrónico Rodríguez, considerado el “sucesor natural” de Evo Morales. El delfín del exmandatario —que ahora busca, de forma independiente, la candidatura a la Presidencia del país, alejado de Morales— es el máximo ejecutivo de la federación, encabezando 169 sindicatos distribuidos en 14 centrales asentadas en el municipio de Entre Ríos.
En 2018, fue elegido vicepresidente de las Seis Federaciones del Trópico, el segundo al mando después de Morales. Fue reelecto en ese cargo en las gestiones 2021 y 2023. Tuvo gran notoriedad durante los conflictos postelectorales de 2019, cuando ya fue considerado máximo dirigente de la organización cocalera, aunque su puesto nunca subió de la vicepresidencia, pues Morales es el presidente vitalicio.
Al igual que Loza, en 2020, Rodríguez fue electo como senador por el partido azul. Desde entonces se mantiene como presidente de la Cámara Alta de la ALP, en la que en 2024 fue reelecto en el cargo por quinta vez.
La tercera federación de esta provincia es la de Colonizadores de Carrasco Tropical. Esta federación está conformada por 25 centrales que aglutinan a 305 sindicatos de Puerto Villarroel e Ivirgarzama. El máximo ejecutivo es Willy Huaranca, dirigente que empieza a cobrar notoriedad.
Otro de los dirigentes a quien se lo ha visto amenazar con protestas y bloqueos, y que es parte activa de la guardia sindical que se ha formado en el Chapare, en torno a Evo Morales, es Isidro Auca. Él es dirigente de la Federación Única Centrales Unidas, en el municipio de Shinahota, provincia Tiraque. Esta federación fue fundada en 1986. Es la más pequeña, tiene siete centrales y 29 sindicatos.
Otra de las provincias en las que hay más de una federación es Chapare. Ahí se encuentran la Federación Especial Yungas Chapare y la Federación de Trabajadores Campesinos del Trópico de Cochabamba, ambas en el municipio de Villa Tunari. Entre las dos se concentran 32 centrales y 353 sindicatos.
La federación de los Yungas Chapare fue fundada en 1987, su actual ejecutivo es David Veizaga. El dirigente “evista” fue uno de los primeros en declarar traidor a Rodríguez. Además, fue dirigente de los Interculturales.
La más antigua (1975), en esta provincia, es la de los Trabajadores Campesinos del Trópico. El máximo dirigente es Evo Morales, presidente vitalicio de la Coordinadora de las Seis Federaciones y del MAS - IPSP hasta el año pasado.
La dirigencia de este sector impulsó a Morales a la Presidencia del país, en la que estuvo por 14 años. Fueron estas bases cocaleras las que durante ese tiempo y hasta ahora son un brazo operativo y grupo de choque, usado para movilizaciones, marchas, bloqueos y otras medidas de presión.
Fue en este contexto que lo que en un momento se consideraba un movimiento de lucha y defensa de la tierra y la producción, para muchos, se convirtió en una “dictadura sindical”.
Prohibido disentir
“Es un ente orgánico, se acata lo que dice la mayoría. Como en cualquier otra organización. En su junta vecinal a usted le deben indicar que tiene que movilizarse si hay que pedir algo para la zona, dar cuotas o ayudar”, señaló uno de los afiliados a la federación que dirige Morales. No dio su nombre. “Hable con los dirigentes”, añadió.
Tiene razón, pues en este tipo de organizaciones se actúa de forma conjunta, de acuerdo con la elección de la mayoría. El problema es que desde hace un tiempo, como dicen otros afiliados, la mayoría se ha reducido solo a los máximos ejecutivos. Ya no se llega a un consenso común, sino que se ha prohibido disentir.
“Dentro del Trópico y las Seis Federaciones existe una especie de organización sindical en la que -más allá de los años que hemos ido trabajando por infraestructura, educación, salud, proyectos agrícolas y desarrollo- se vive una dictadura sindical en lo político y orgánico”, dijo el ex dirigente Joel Villca.
Hasta el 2024, junto a otros dos, fue parte de los dirigentes de los cocaleros. Sin embargo, fueron expulsados y acusados de traición, por mantener reuniones con el gobierno de Luis Arce, luego de la ruptura entre este y Evo Morales.
“Nosotros solo estábamos pidiendo proyectos”, afirmó Villca.
Foto: RRSS Evo Morales
“Hay una dictadura sindical en el Trópico de Cochabamba, porque se está sometiendo a las bases bajo sanciones para ir a las movilizaciones. Es un delito buscar proyectos y tener otra idea diferente a los ejecutivos afines a Evo”, dijo el ex dirigente Gregorio Mamani, en conferencia de prensa.
Villca explica que, dentro de la federación, se realiza el cobro de aportes que no se destinan a mejorar la Coordinadora, sino a financiar movilizaciones políticas, que no son de carácter social. También señala que, para acceder a ciertos beneficios o cargos, es necesario contar con el aval de las federaciones y sus ejecutivos.
“Ellos deciden por toda la base de las Seis Federaciones. Desde hace muchos años que esta situación se han vuelto una práctica para manejar a los bases; la gente tiene miedo a las sanciones que les pueden dar por tener otra forma de pensar sobre la organización”, sostuvo.
¿Y la coca?
Los sindicatos no son solo cocaleros, muchos producen frutas, arroz y otro tipo de alimentos. Sin embargo, en muchos, la coca es la base principal de su producción, debido a su rendimiento en determinados tipos de suelos.
El Art. 4 del Capítulo I del Reglamento de la Ley General de la Coca (DS 3318) define el cato de coca como la superficie cultivada de coca que responde a las características de cada región. En los Yungas de La Paz, un cato de coca equivale a 2.500 m2 , mientras que en el Trópico de Cochabamba un cato de coca equivale a 1.600 m2.
No hay datos oficiales y públicos sobre la cantidad de catos o de hectáreas de coca que corresponden a las Seis Federaciones. Sin embargo, puede tenerse una aproximación con los datos del Monitoreo de Cultivos para Bolivia que realiza la Unodc.
Los últimos datos de esta institución datan de 2023 y son parte del informe presentado en los primeros meses de este año. Los resultados del monitoreo presentan un incremento del 4% de la superficie con cultivos de coca en comparación con 2022, estimándose una superficie de 31.000 hectáreas de cultivos de la hoja de coca.
De este total, el 59% se halla ubicado en la región de los Yungas de La Paz, mientras que el 39% se encuentra en el Trópico de Cochabamba y el 2% en el Norte de La Paz.
El área monitoreada en la región del Trópico de Cochabamba abarca parte de nueve municipios, en tres provincias: parte del municipio de Villa Tunari de la provincia Chapare; parte de los municipios de Tiraque y Shinahota de la provincia Tiraque; parte de los municipios de Chimoré, Puerto Villarroel, Entre Ríos, Pojo y Totora de la provincia Carrasco y parte del municipio de Cocapata de la provincia Ayopaya del departamento de Cochabamba. Cinco de los nueve municipios acogen a las Seis Federaciones.
De acuerdo al informe, la superficie de cultivos de coca en la región del Trópico se incrementó en 6%, en comparación con 2022, alcanzando un total de 12.125 hectáreas.
En Chimoré, territorio de la federación de Leonardo Loza, hay 838 hectáreas de cultivo de coca, es decir, 5.237,5 catos de coca. Este es el municipio con menor producción de la hoja.
Le sigue el municipio de Entre Ríos, región de la Federación Mamoré - Bulo Bulo, de Rodríguez. Allí los cultivos de coca monitoreados llegaron a 1.137 hectáreas. Con una cifra similar, el municipio de Shinahota, territorio de la Federación Única Centrales Unidas, hay 1.314 hectáreas de cultivos de la hoja. En Puerto Villarroel, Ivirgarzama, los cultivos de hoja de coca suman 2.431 hectáreas.
Sumados los cuatro municipios se tienen 5.720 hectáreas de coca. La cifra equivale a 35.750 catos.
Llama la atención que la cifra en estos cuatro municipios sea similar a la de uno solo, Villa Tunari, bastión de Morales y Veizaga.
De acuerdo con el informe, esta región, donde están emplazadas la Federación Especial Yungas Chapare (Veizaga) y la Federación de Trabajadores Campesinos del Trópico de Cochabamba (Morales), tiene 5.163 hectáreas de cultivos. Es decir, al menos 32.268 catos.
Con ellas, las 6 federaciones son 12
Aunque las principales Federaciones del Trópico son seis, las que operan -en realidad- son 12. Y es que para cada una, desde 1994, nació una federación paralela de mujeres. Ellas no solo se organizaron para defender el pedazo de tierra que trabajaban o la producción de coca, sino, para vencer el machismo y ganar espacios con voz y voto para decidir.
“¿Por qué la organización de mujeres? Primero, para defender la vida. Pregúntenles a nuestros esposos: cuando no se encuentran, ¿quién se queda en la casa? No sabemos dónde debemos quejarnos. Por eso es importante organizarnos. (En la erradicación), los esposos eran el enemigo; a nuestros compañeros, papás, tíos, los agarraban sin miedo, los torturaban”, relató la dirigente Juana Quispe en 2011, para una investigación de Sandra Ramos.
Los sindicatos se nutrían de las familias que trabajaban la tierra. Las cabezas del hogar, por lo general varones, eran quienes figuraban como afiliados. Cuando este faltaba, eran las esposas, parejas o hasta madres las que debían asistir a las reuniones, trabajos comunales o movilizaciones. Pero, aunque muchas veces, ellas tomaban el nuevo rol de responsable de la familia, lo hacían de forma nominal.
Su participación se hizo más visible en los años 90, durante los enfrentamientos con las fuerzas de erradicación de los cultivos de coca. En esa década, estos operativos eran altamente violentos y represivos contra los varones, por lo que las mujeres comenzaron a enfrentarse a los efectivos.
Fue en ese espacio de conflictividad que su papel se hizo notorio e imprescindible para las acciones de resistencia. Para 1995, empezaron a organizarse de forma sindical y surgieron las primeras federaciones de mujeres a la par de los hombres. En diciembre de ese mismo año, mostraron su poder de convocatoria y encabezaron la histórica “Marcha por la vida, la soberanía nacional y las mujeres del Trópico”.
Llegaron a la sede de Gobierno el 16 de enero, en medio del asombro de la prensa y la ciudadanía. Jóvenes, adultas mayores y gestantes ingresaron a la urbe. Tenían tres peticiones: la legalización de la hoja de coca, respeto a derechos humanos y un alto a la erradicación forzosa.
Ellas no pedían dialogar con el Presidente, sino con su esposa. Interpelaban el rol de acompañante al que la sociedad las había reducido. Fueron recibidas por Ximena de Sánchez de Lozada y Lidia de Cárdenas, esposas de los entonces Presidente y Vicepresidente de Bolivia. El diálogo, denominado "de mujer a mujer" no tuvo resultados, pues ellas tampoco decidían.