Calentamiento global
Las aguas cálidas se acercan a la Antártida y amenazan con derretir el hielo desde abajo
EFE / Redacción Ciencia
Las aguas cálidas de las profundidades oceánicas están ya acercándose peligrosamente a la Antártida y amenazan con derretir sus plataformas de hielo desde abajo, lo que puede resultar crítico porque la desestabilización de estos hielos podría provocar un aumento significativo del nivel del mar a escala global.
Lo ha comprobado un equipo internacional de investigadores, liderado por la Universidad de Cambridge, que ha recopilado las mediciones oceánicas tomadas durante décadas por barcos y dispositivos flotantes robóticos para demostrar que una masa cálida, llamada "agua profunda circumpolar', se ha expandido y se desplaza hacia la plataforma continental antártica; hoy publican los resultados de su trabajo en la revista Communications Earth and Environment.
Los investigadores han reconstruido cuatro décadas de cambios oceánicos y confirmado por primera vez mediante observaciones directas que el calentamiento global está alterando las corrientes del Océano Austral de manera preocupante, y que esos cambios impactan la capacidad del océano para regular el carbono y el calor en todo el planeta.
"Es preocupante, porque esta agua caliente puede filtrarse por debajo de las plataformas de hielo antárticas, derritiéndolas desde abajo y desestabilizándolas", ha señalado Joshua Lanham, autor principal del estudio en Cambridge Earth Sciences, y ha precisado que los modelos climáticos habían predicho ese cambio debido al calentamiento global, pero los investigadores no lo habían constatado con datos.
Las plataformas de hielo desempeñan un papel importante al contener las capas de hielo y los glaciares del interior de la Antártida, que en conjunto retienen suficiente agua dulce como para elevar el nivel del mar en unos 58 metros, ha destacado la Universidad en el resumen del trabajo.
Las observaciones previas del Océano Austral, que rodea la Antártida, se limitaban a muestreos registrados por barcos aproximadamente una vez cada década, y esa información, recopilada como parte de un programa internacional de larga duración, proporcionaba datos detallados sobre la temperatura, la salinidad y los nutrientes en toda la columna de agua, pero sin datos continuos los científicos tenían más incertidumbre sobre los cambios a largo plazo en la distribución del calor.
Ahora, los investigadores han complementado las mediciones del barco con los datos disponibles públicamente recopilados por una red global de boyas autónomas que se desplazan a la deriva por la superficie del océano; estas boyas, conocidas como 'Argo', proporcionan instantáneas continuas del océano, pero el programa no lleva funcionando tanto tiempo como los barcos que recopilan secciones hidrográficas detalladas.
Mediante tecnologías de aprendizaje automático, los investigadores tomaron los datos de 'Argo' y los combinaron con patrones a largo plazo extraídos de las mediciones de los barcos para construir un nuevo registro que captura instantáneas mensuales detalladas de las últimas cuatro décadas, lo que les ha permitido descubrir el cambio en las aguas cálidas.
Las capas de hielo están protegidas por una masa de agua fría que impide su derretimiento, pero ahora todo indica que la circulación oceánica ha cambiado; "es como si alguien hubiera abierto el grifo del agua caliente y el agua se estuviera calentando”, ha manifestado la profesora Sarah Purkey, una de las autoras principales, de la Institución Scripps de Oceanografía (Universidad de California).
En las gélidas aguas que rodean los polos se forma agua extremadamente fría y densa que se hunde hacia las profundidades del océano y a medida que se hunde, absorbe calor, carbono y nutrientes, poniendo en marcha una red global de corrientes.
Los modelos climáticos, incluidos los utilizados por el Panel Intergubernamental de expertos sobre Cambio Climático (IPCC) que asesora a la UNO, indican que el aumento de las temperaturas del aire y el aporte de agua dulce procedente del deshielo están reduciendo la formación de esta masa de agua densa en el Atlántico Norte, y los investigadores han corroborado ahora que este escenario se manifiesta en observaciones reales, con las implicaciones que tiene sobre cómo el carbono, los nutrientes y el calor circulan por el océano global”.