Champions League
El Arsenal elimina al Atlético de Madrid y jugará su segunda final
Londres / EFE
El Arsenal, con un gol de Bukayo Saka, venció al Atlético de Madrid (1-0) y jugará la segunda final de la Liga de Campeones de su historia.
Los “Gunners”, que no estaban en el partido por el título desde 2006, cuando perdieron con el Barcelona, se adelantaron por medio de Saka en el último minuto de la primera mitad (44') y aguantaron el resultado para negar a los de Diego Simeone su cuarta final.
El equipo inglés jugará por el título, el próximo 30 de mayo en Budapest, con el ganador del partido entre el Bayern de Múnich y el París Saint-Germain, que se enfrentan este miércoles.
Otra vez en su historia, al Atlético le ha tocado otra vez morir en la orilla. Es sufrir, pasarlo mal y rozar la gloria para que al final sea otro el que la saboree. Esta vez fue el Arsenal, el que se vistió de ogro para arruinar otra temporada europea a los “rojiblancos”.
Parecía que esta vez sí. El ambiente, el camino hasta aquí, la posible redención contra el Bayern, todo indicaba que la historia cambiaba el signo de esta institución. Pero otra vez salió cruz. El Dios del fútbol sigue negando su “Orejona” a Simeone, pese a que pocos entrenadores lo han intentado con tanto ahínco y la merecen más que el argentino, que vuelve a perder, pero que volverá a levantarse.
La tensión se palpaba entre los gritos de "¡Arsenal!", los insultos al “Cholo” de la afición inglesa y los incansables cánticos de los rojiblancos. Era una oportunidad histórica para ambos equipos y un detalle decidió el encuentro. El Atlético no definió las dos ocasiones de la primera mitad, una en los pies de Julián Álvarez y otra de Giuliano Simeone, y lo pagó muy caro.
Eberechi Eze (centro), del Arsenal, se saca la marca de Marcos Llorente y Koke, jugadores del Atlético. Foto: EFE
Ninguna fue clarísima ni imperdonable, pero en este escenario hay que marcar todo lo que se acerque al área. El Arsenal lo entendió. No necesitó arrollar ni disparar a puerta hasta el minuto 44 para sentirse superior. No juega a maniatar ni a dominar este equipo, juega a ganar.
En el ocaso de la primera parte, un error en las marcas permitió que Leandro Trossard rematara con espacio en el segundo palo. Oblak obró el milagro, su mano abajo sacó la pelota, pero Saka, en posición reglamentaria, se adelantó a los centrales y empujó el 1-0. El Emirates explotó. No se lo podía creer, su moneda salía cara.
El descanso enfrío los ánimos. El Atlético cambiaba el plan, era necesario atacar. Empezó a tener más balón, a estirar el campo y a encontrar un resquicio, hasta que la eliminatoria se le esfumó en otro detalle. Esta vez sí fue imperdonable.
Un fallo de William Saliba en el salto dejó a Giuliano delante de Raya. Elevó la pelota, regateó al portero español y cuando solo faltaba empujarla, Gabriel apareció para molestarle lo suficiente y no pudiera marcar. Esta ocasión no se puede fallar en unas semifinales de Champions. Fue condenatoria. Con ella se escapó el espíritu de un equipo que si llegó vivo a la recta final fue por la falta de puntería de Viktor Gyökeres.
Cuando la lluvia paró de caer en Londres, arrancaron las lágrimas de los aficionados del Atlético. El fútbol, ese maldito deporte, les volvía a negar otra alegría. La enésima. Siempre sufriendo, siempre muriendo en la orilla, siempre levantándose. El año que viene quizás sí, como el Arsenal, que dentro de 25 días podrá añadir el gran título que falta en su palmarés.
Mikel Arteta está ante el gran partido de su vida y quizás el más importante de la historia del Arsenal.