sábado 4 de abril de 2026

¿Cómo sacar provecho?

El lado oscuro del uso excesivo de las RRSS en los jóvenes

La ciudad de Nueva York demandó a Facebook, Instagram, TikTok, Snapchat y YouTube por “alentar una crisis de salud mental entre los menores” de EEUU.
El problema de las redes sociales. Imagen: Abecor
El problema de las redes sociales. Imagen: Abecor

Si bien las redes sociales pueden actuar como una plataforma eficaz para una autoexpresión positiva en los jóvenes, su uso excesivo puede provocar efectos contraproducentes, como el aislamiento social, distorsión entre el mundo real y el virtual, falta de atención hacia otras actividades, depresión y ansiedad, entre otros.

Últimos estudios indican, por ejemplo, que uno de cada seis jóvenes experimenta un trastorno en algún momento de su vida. Las tasas de ansiedad y depresión en los jóvenes han aumentado un 70%. También advierten que el uso creciente de redes sociales tiene una asociación significativa con la mala calidad del sueño en los jóvenes, mientras uno de cada cinco de estos afirma que despierta durante la noche para consultar mensajes en las redes. Y siete de cada 10 jóvenes han experimentado algún tipo de ciberacoso.

Ante estas denuncias, el pasado 16 de febrero, la ciudad de Nueva York demandó a Facebook, Instagram, TikTok, Snapchat y YouTube por “alentar una crisis de salud mental entre los menores en toda la nación”. Los demandantes, encabezados por el alcalde de esa ciudad, Eric Adams, alegan que las redes sociales “ponen en peligro la salud mental de los niños, promoviendo la adicción y fomentando comportamientos inseguros”.

Hasta octubre del año 2023, otros 41 estados demandaron a estas empresas por las mismas razones.

Mark Zuckerberg, el CEO de Meta (propietaria de Facebook e Instagram), se disculpó en enero con las familias en una audiencia en el Senado de Estados Unidos por el impacto que tienen las redes sociales en los niños. El ejecutivo fue citado, por tercera vez, al “banquillo de los acusados” del Legislativo estadounidense; antes, tuvo que dar explicaciones por la filtración de datos personales de más de 800 mil usuarios de Facebook.

“Las redes pueden ser positivas para la expresión sana y el desarrollo personal durante etapas clave del crecimiento”, señaló Rodrigo Ayo.

Pero, ¿hasta qué punto las redes sociales pueden causar esta ansiedad, o depresión, en los jóvenes? El psicólogo y psicoterapeuta Rodrigo Ayo sostiene que es necesario tener en claro que internet y, específicamente las redes sociales, pueden tener efectos positivos y negativos, dependiendo de cómo son usadas y también de las características de cada persona.

“Con este ‘cuchillo de doble filo’ se puede facilitar la comunicación, el aprendizaje, la creatividad, la expresión, el apoyo social, la participación de la comunidad. Sin embargo, es innegable que las redes sociales también pueden generar adicción, aislamiento, comparación que afecta directamente la autoestima. Por lo tanto, como efecto, también puede haber una baja en la autoestima o puede haber ciberacoso y desinformación”, explica a Visión 360.

Considera que, en lugar de alejar a los jóvenes de internet, o de las redes sociales y condenar la tecnología, se debe prestar atención a fortalecer la salud mental y las habilidades para la vida de los jóvenes, para que puedan beneficiarse de lo positivo y minimizar el efecto nocivo de las redes sociales e internet.

“Con internet y las redes sociales no existe una correlación estímulo-respuesta o acción-reacción; es decir, las redes sociales y la tecnología no afectan de manera automática ni directa la salud mental de todas las personas. Tampoco podemos negar su influencia, pero esta depende en buena medida de la vulnerabilidad y factores individuales que cada usuario ya trae consigo”, detalla.

En su criterio, está demostrado que las redes sociales pueden tener impactos positivos: cómo generar y/o fortalecer conexiones sociales, facilitar colaboraciones, habilitar aprendizajes, impulsar la creatividad o permitir el acceso a información útil para los jóvenes. “Claro que esto dependerá de que sean usadas de manera controlada y con objetivos específicos y productivos”.

 

Ilustración: Abecor

 

¿A qué nos referimos cuando usamos la expresión de “un tiempo excesivo en las redes”?

Según Ayo, no hay una cantidad justa o normal que pudiera recomendarse a todos los usuarios por igual. “Hay estudios que han sugerido que pasar más de dos horas al día en las redes sociales pudiera ser excesivo para la salud mental, pero esto podría variar según el tipo, la calidad y la intensidad del uso. Lo importante es que cada usuario sea capaz de ajustar el tiempo que dedica a las redes sociales a sus propias necesidades, a sus objetivos y a las circunstancias, y que no descuide por esto ni sacrifique por esto otras actividades que son importantes y necesarias en su propia vida”, sostiene el experto.

Por ejemplo, un adolescente que presenta una predisposición genética a la ansiedad, baja autoestima o una falta de habilidades sociales o que esté pasando por experiencias difíciles en su vida, puede verse más afectado por ciertos elementos de las redes sociales como el miedo a perderse algo (fear of missing out), o la admiración de vidas “perfectas”. “La situación de un joven con buena salud mental será completamente diferente, más si cuenta con apoyo familiar, habilidades sociales buenas y una buena autoestima”.

El terapeuta sostiene que, aunque es subjetivo al no existir una cantidad de tiempo estándar o ideal que se aplique por igual a todas las personas, muchos expertos coinciden en que el uso se vuelve problemático cuando:

  • Interfiere en las relaciones personales y familiares.
  • Interfiere y/o perjudica el rendimiento académico o laboral.
  • Altera de manera significativa los ciclos de sueño.
  • Genera síntomas de ansiedad, y depresión y estrés al desconectarse.

“Es importante que cada persona reflexione y sea consciente sobre cómo las redes impactan en su propia realidad y tome acciones al respecto en caso de ser necesario”, recomienda.

El síndrome de Fomo

Fomo, Fear of Missing Out (miedo a perderse algo), es la nueva clase de ansiedad surgida con la popularización de las redes, una necesidad compulsiva de estar conectados. De Fomo deriva la expresión nomofobia, o el miedo a estar incomunicado sin teléfono móvil.

Según el Instituto Centta, una clínica de psicología de Madrid, detrás del Síndrome de Fomo se encuentra una exposición constante en las redes sociales “para sentir que forman parte de un todo, que los lleva a la nada. Bajas autoestimas, comparaciones con vidas idílicas y temor a no ser parte de un grupo”.

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Ayo sostiene que “el Fomo es algo así como el miedo a perderte el último capítulo de una serie que te gusta mucho y que además todos están comentando. Es una sensación de ansiedad, curiosidad, expectativa, frustración, que te impulsa a querer verlo cuanto antes, aunque tengas otras cosas que hacer o que te convengan más”.

Advierte que esto afecta mucho más a los jóvenes, ya que están formando su personalidad, identidad y autoestima. “Para el joven es de vital importancia ser a partir del pertenecer y que sus pares lo valoren. Los jóvenes pueden sentir que sus vidas son muy aburridas y que son inferiores en relación a los demás y que de no estar revisando permanentemente las redes sociales pueden perder experiencias que supuestamente les harían felices”.

El terapeuta explica que, con la llegada de las redes sociales, esta ansiedad escaló exponencialmente. Desde 2013, el concepto está incluido en el diccionario de Oxford. “En nuestros días, se le considera un impulsor clave del uso adictivo de redes, con graves impactos en la salud mental. Increíble que lo que inicialmente era el miedo que algunos estudiantes de Harvard experimentaban por no asistir a eventos sociales y sentir que se perdían de divertirse tanto como sus compañeros que sí salían, terminó convertido en un fenómeno de alcance global gracias al surgimiento y crecimiento de las redes sociales años después”, opina.

“Un me gusta crea un chispazo de dopamina y nos hace sentir muy bien. Los jóvenes hacen cualquier cosa para encajar”, explicó Miriam Villalón.

En este sentido, la educadora y escritora mexicana Miriam Villalón afirma que las redes sociales pueden ser muy adictivas, ya que cubren necesidades emocionales. “Un me gusta o un comentario positivo crean un chispazo de dopamina y nos hace sentir muy bien; y es precisamente durante la adolescencia cuando más dudamos de nosotros mismos, hacemos cosas imposibles para encajar; nuestros profesores nunca están contentos con nuestro trabajo y nuestros padres no nos entienden”, explicó en un video educativo.

Según Villalón, para un adolescente tener un celular es poder acercarse a esas personas que de otra manera no podrían hacerlo, y obtener la atención y aceptación de las personas que le siguen. “La autoestima juega un papel fundamental; aquellos adolescentes que tienen un bajo autoconcepto se aíslan aún más en su celular. Si se desea ayudar a los jóvenes hay que entrar en su mundo interior, interesarse por sus gustos y preferencias, compartir momentos divertidos, compartir anécdotas con ellos. Así, poco a poco recibirán esa atención que tanto necesitan”.

 

El alcalde de Nueva York lidera la demanda contra las RRSS. Foto: X del Alcalde Eric Adams

 

¿Qué pueden hacer los padres?

En esta perspectiva, el psicoterapeuta recomienda a los padres tres acciones:

Educar:

  • Enseñar a los hijos a usar la tecnología y las redes sociales de manera responsable, crítica y equilibrada.
  • Transmitirles valores de autoestima sana, relaciones interpersonales y hábitos de vida reales más allá de lo virtual. Esto demanda e implica a los padres invertir tiempo de calidad con los hijos.

Prevenir:

  • Establecer reglas claras sobre tiempos de uso sensatos y acordes a cada edad. Los padres tienen que ser el principal y primer modelo de que esto es posible y necesario.
  • Supervisar el tipo de contenidos y cuentas que siguen en las redes.
  • Fomentar actividades y pasatiempos sin conexión digital.

Acompañar:

  • Cultivar comunicación sincera y sin prejuicios sobre el uso de las redes sociales e internet.
  • Estar atentos a posibles cambios emocionales y conductuales problemáticos.
  • Solicitar asistencia profesional cuando el uso de internet se salga de control o detecten conductas adictivas.

Las redes pueden favorecer a la expresión

Las redes pueden ser positivas para la expresión sana y el desarrollo personal durante etapas clave del crecimiento. “Sí se puede hablar de influencias positivas de las redes sociales; por ejemplo, relacionadas con la autoexpresión y la construcción de la identidad, especialmente entre los jóvenes”, sostiene el psicólogo Rodrigo Ayo.

Estos son algunos aspectos, a juicio de Ayo, en los que las redes contribuyen al crecimiento personal:

  • Son plataformas y canales ideales para que los adolescentes exploren, expresen sus ideas, creencias, valores e intereses frente a una audiencia amplia de pares.
  • Pueden reforzar su identidad mediante las imágenes, videos y contenidos que publican, los grupos que integran, las causas que apoyan.
  • Pueden recibir de manera constante retroalimentación a través de likes y comentarios, lo que les permite identificar qué facetas suyas son mejor recibidas y entendidas por otros, lo que fortalece una autoestima positiva.
  • Las redes brindas grandes oportunidades para que el joven descubra sus talentos, habilidades o incluso profesiones futuras (artistas, influencers), que de otra forma pasarían inadvertidas.
  • El joven tiene la oportunidad de obtener apoyo, asesoramiento, consejo, guía, orientación e inspiración de líderes sociales y profesionales de diferentes campos que antes simplemente eran inalcanzables. Hoy, gracias a las redes, están a un clic de distancia.

Los desórdenes

Estas son las consecuencias que puede causar el uso y la exposición en redes sociales:

  • Depresión.
  • Ansiedad.
  • Ataques de pánico.
  • Estrés.
  • Baja autoestima.
  • Incapacidad para controlar o limitar el tiempo dedicado a internet.
  • Descuido de las responsabilidades diarias.
  • Dificultad para establecer relaciones interpersonales en la vida real.
  • Trastornos del estado de ánimo.
  • Anorexia nerviosa.
  • Bulimia nerviosa.
  • Vigorexia (alteración de la imagen corporal por la que la persona presenta una preocupación excesiva hacia su cuerpo).
  • Trastorno dismórfico corporal (obsesión por un defecto percibido en las características físicas).
  • Déficit de atención.
  • Trastornos del sueño.
  • Falta de productividad.
  • Problemas interpersonales.
  • Nomofobia.
  • Adicción a redes sociales.
  • Dependencia emocional de los likes.
  • Aislamiento social.
  • Síndrome de fatiga informativa.
  • Cibercondría (ansiedad por búsqueda de información médica y abordar problemas de salud mediante  internet).
  • Agresividad y hostilidad.
  • Impulsividad.
  • Ideación suicida (planificar o pensar en un suicidio).
Ilustración: Abecor