domingo 5 de abril de 2026

Colección

Rocha atesora recuerdos de alegrías y tristezas en el fútbol

Formó parte de equipos médicos en Bolívar y en la Selección. Hizo fuerte amistad con futbolistas. Fue al Mundial de Estados Unidos 1994 con la Verde y es subcampeón de la Copa América 1997, además de la Copa Sudamericana 2004 con la Academia.
Rocha con parte de su colección de camisetas que las cuida como un tesoro. Foto: Jorge Asturizaga.
Rocha con parte de su colección de camisetas que las cuida como un tesoro. Foto: Jorge Asturizaga.

Sports 360 / La Paz

Los mejores recuerdos que tiene Omar Rocha de su estrecha relación con el fútbol son las camisetas que le obsequiaron jugadores, como muestra de su afecto, amistad o para reconocer su labor.

Fisioterapeuta de profesión, trabajó en Bolívar durante 30 años; vio pasar y compartió con muchos dirigentes, técnicos y jugadores.

También estuvo en la Selección nacional. Forma parte del exitoso grupo que en 1993 alcanzó la clasificación al Mundial de Estados Unidos de 1994.

Al revisar y poner en orden sus cosas se dio cuenta de que tiene una infinidad de recuerdos. Son aproximadamente mil recuerdos entre indumentaria de futbolistas, medallas, fotografías y recortes de periódicos de su actividad desde que comenzó su labor en el deporte.

En 30 años de servicio en la Academia dio 16 vueltas olímpicas de Liga. También formó parte del equipo subcampeón de la Copa Sudamericana de 2004.

A nivel de selecciones es mundialista en Estados Unidos 1994 y subcampeón de la Copa América, organizada por Bolivia en 1997.

“En la profesión llevo 40 años, de ellos son 30 en Bolívar. Actualmente sigo ligado al deporte con otras disciplinas amateurs como el atletismo, básquetbol, fútbol de salón”, dice Rocha.

La colección

Cuenta que durante la cuarentena por la Covid-19, un día decidió revisar las camisetas que le habían regalado sus amigos futbolistas y las tenía guardadas en diferentes espacios de su casa.

“Salían y salían las poleras. Son más o menos 220; me regalaron mis amigos, varios con los que trabajé en Bolívar. También encontré de otros clubes del país, tengo de la mayoría de los que juegan en la División Profesional”.

Llama la atención de quien las observa la “ajedrezada” que utilizó Erwin Sánchez en el Boavista de Portugal, de Marco Antonio Etcheverry en el DC United, o la blanquivioleta de Juan Manuel Peña del Valladolid con el número 2, y las de Ronald García de su paso por el Aris Salónica de Grecia.

Rocha las cuida, las aprecia. Cada una tiene un significado y sabe el motivo por el que llegaron a sus manos.

“Me regalaban por el aprecio, el cariño hacia mí, otros para reconocer el tiempo que dedicamos al tratamiento en la recuperación de sus lesiones, de esa forma reconocían mi labor”, apunta.

Dice que coincidió en buenas épocas del fútbol de Bolívar y de la Selección. Con cuerpos técnicos de la Verde estuvo nueve años. Quien lo llevó fue Jorge Habegger; luego Xabier Azkargorta, Dussan Draskovic y Antonio López le ratificaron la confianza para formar parte del equipo médico.

“Las veo y siento que me llenan de alegría el corazón. Para mí es como un video que nunca acaba, son más alegrías que tristezas”, apunta.

El momento triste y las lágrimas

Sus manos toman una camiseta verde con el número 20. Clarito se trata del modelo utilizado en la Copa América que organizó el país en 1997 y que la ganó Brasil después de superar a Bolivia 3-1 en la final.

Es la que utilizó el recordado Ramiro “Chocolatín” Castillo. Cambia su semblante y se notan las lágrimas en sus ojos.

“La 20 de un amigo, hermano del pueblo de Coripata. Un gran futbolista, que Dios lo tenga en su gloria”, dice.

Cuenta que el domingo 29 de junio de 1997, horas antes de la final Bolivia vs. Brasil, habló con Castillo en la concentración del plantel.

“Vino a la habitación y me dice: Omar, hoy vamos a salir campeones. Voy a jugar el mejor partido de mi vida. Voy a jugar como nunca he jugado y esta 20 te la voy a regalar”.

Fue un domingo triste para el “Chocolatín” porque cuando realizaba el ingreso en calor en la antesala del vestuario, le dieron la noticia de que su pequeño hijo José Manuel estaba grave de salud.

“Unos 10 a 15 minutos antes de empezar vino esa trágica noticia, me tiró la polera al salir y se fue a ver al hijo”.

Castillo no jugó esa final. Días después el país lamentó la partida de José Manuel.

El inicio

En 1990 se vinculó a Bolívar. El técnico Jorge Habegger le llamó para que formara parte de su equipo de trabajo.

Siente cariño por el estratega argentino, quien vino al país y revolucionó el fútbol boliviano.

La emoción le gana otra vez y vuelven a caer lágrimas al hablar del entrenador argentino.

“Soy muy agradecido con Habegger, él me llevó a Bolívar. La primera vez fue en 1987, cuando trabajaba en un centro privado, pero no se pudo dar”, señaló.

Quedó abierta la posibilidad y un nuevo intento también quedó en nada.

Habegger lo volvió a convocar para la Copa América de Brasil 1989, pero una lesión producida en un partido de fútbol impidió su vinculación.

La tercera fue la vencida, en 1990 empezó su labor en Bolívar. Presentó un proyecto para el servicio de fisioterapia y, una vez que recibió el visto bueno de Mario Mercado, se presentó en sus funciones.

“Me quedé 30 años. Habegger no solo fue un gran técnico, en Bolívar y la Selección tuvimos a una gran persona. Hablaba con los jugadores y les daba consejos, también conversaba mucho con nosotros, con el resto del equipo. Estaba en todas las actividades del plantel. El respeto y cariño que le tengo es alto”.

Coincidieron en un reconocimiento que le hizo Bolívar a Habegger en su aniversario de 2019. “Los dos lloramos de emoción, le volví a decir gracias porque, gracias a él, pude incursionar con mi profesión en el fútbol”, apuntó.

Su estadía en la Verde fue por nueve años y sus dos mayores satisfacciones allí son la clasificación a la Copa del Mundo de Estados Unidos 1994 y el subcampeonto de la Copa América de 1997 en Bolivia.

No tiene precio

Anoticiados de la cantidad de camisetas que tiene y sobre todo porque no son réplicas, coleccionistas tomaron contacto con Rocha para hacer intercambios, incluso le ofrecieron comprar.

“No las cambio ni las vendo, porque son recuerdos de grandes amigos y por la historia que tienen”.

Termina esa frase y de inmediato recuerda una historia con Joaquín Botero, un símbolo de la Academia.

Antes de partir a Pumas de México, Bolívar tenía un partido de Copa Libertadores y por una lesión de tobillo no estaba al 100%, pero con fisioterapia se hizo todo lo posible para estar listo contra Peñarol en La Paz.

“Vladimir Soria me preguntó si estaba para jugar, le dije que él decidía como técnico si lo ponía. Incluso el médico Freddy Duarte se molestó y le dije que estaba listo. Botero hizo tres goles y un festejo; vino hasta donde yo estaba para abrazarme. Al final me entregó la camiseta que también la conservo”.

Otra especial es la del uruguayo William Ferreira, quien con dedicatoria incluida le entregó la camiseta con la que marcó el gol 99 de su carrera en la Academia.

Con una dedicatoria especial de William Ferreira. Foto: Jorge Asturizaga.

El “tesoro” crece con las medallas que recibió. Destacan, sobre el resto, la medalla por el subcampeonato de la Copa América de 1997 y el subtítulo de la Copa Sudamericana de clubes de 2004.

“Ni me he puesto a pensar en el precio que puede tener esta colección. No me interesa saber cuánto puede costar, porque el cariño le da un valor mayor”.

Tampoco faltan los amigos que le piden alguna de regalo o sus hijos que en algún momento las utilizan.

“Les digo que tengo un tesoro que no se vende y mis hijos, después de usar alguna, las devuelven y las guardo. Personalmente no las utilizo”. No las descuida, periódicamente las limpia y las tiene cubiertas de nailon para que el paso del tiempo no cause ningún efecto y su valor siga creciendo.

“Son parte de mi vida, de grandes momentos del fútbol. Mientras viva las conservaré conmigo”.

Ahora no está vinculado a ningún club, pero hay futbolistas que solicitan sus servicios de manera particular.

También de otras disciplinas deportivas amateurs.

Una de sus mejores cartas de presentación es el largo trabajo de recuperación que hizo con Marco Antonio Etcheverry de la grave lesión de rodilla que sufrió, en noviembre de 1993, en Colo Colo de Chile.

Estaba en duda la presencia del “Diablo” en la Copa del Mundo, pero con mucha paciencia y dedicación se puso a punto y pudo estar en la cita.

Colección de medallas. Destacan dos subtitulos: una con la Selección en la Copa América de 1997 y otra con Bolívar en la Sudamericana de 2004. Foto: Jorge Asturizaga.