domingo 5 de abril de 2026

Una travesía

De Juventud a G.U.M.: Una historia de editores y libreros de La Paz

La editorial Juventud, fundada por Rafael Urquizo en 1948, se creó en un ambiente político de efervescencia y transformaciones. En 2008, uno de sus hijos fundó  la editorial G.U.M., que es de alguna forma su sucesora.
Gustavo Urquizo en la librería de G.U.M. Fotos: Ignacio Vera de Rada
Gustavo Urquizo en la librería de G.U.M. Fotos: Ignacio Vera de Rada

Todo buen amante de los libros paceño tuvo entre sus manos un volumen de Juventud. Tradicional como el cine Monje Campero, la pizzería Eli’s, los helados Frigo o las hamburguesas Iglú, la Librería Editorial Juventud fue un ícono y un patrimonio de la ciudad del Illimani.

Fundada en 1948, su catálogo abarcó diversas áreas, como historia, literatura, filosofía, ciencias sociales, economía, libros de texto, textos didácticos, etc. Sus prensas trabajaron hasta fines del siglo XX, y hasta 1992, había alcanzado casi medio millar de títulos publicados de autores nacionales.

Según algunos bibliófilos, desde el siglo XIX y hasta bien entrado el siglo XX, muchos autores bolivianos debían imprimir sus obras en el extranjero; esta situación cambió cuando en 1906 la casa editorial Arnó (luego Gisbert) comenzó a publicar a autores locales; pero se tendría que esperar hasta los años 40, cuando nazcan otras editoriales como Los Amigos del Libro (1945) y Juventud, para que los escritores nacionales tuvieran más oportunidades para dar a conocer sus obras.

La editorial fundada por Rafael Urquizo se creó en un ambiente político de efervescencia y transformaciones, pero la silenciosa y no siempre bien reconocida labor de difundir cultura y letras fue para los Urquizo un trabajo apasionante y un negocio familiar que comenzó desde abajo. Durante muchos años, la editorial no tuvo imprenta propia, hasta que en 1968 se compró una y se formó la Empresa Editora Urquizo S.A., que comenzó a imprimir las obras de Juventud, pese a trabajar también para otros trabajos independientes.

Fotografía de don Rafael Urquizo. 

Su época dorada estuvo entre los años 70 y 80, cuando se publicaban cientos de novelas y libros de historia de escritores nacionales y libros de texto para colegios —los cuales no eran escritos por grupos de consultores, como ahora, sino por autores independientes—.

Gustavo Urquizo Mendoza, uno de los hijos de Rafael Urquizo, tomó la posta y ahora es el dueño de la editorial G.U.M., que funciona en la calle Puerto Rico, en la también tradicional zona de Miraflores, editorial que es de alguna forma una sucesora de la gran y gloriosa Juventud. La librería de G.U.M. está en la planta baja del edificio donde vive Gustavo y las prensas, en el sótano. Ahí está una parte de la historia bibliográfica de La Paz y Bolivia.

Breve historia de Juventud

Publicó a clásicos de las letras bolivianas, como Roberto Querejazu Calvo, Fernando Diez de Medina, Gabriel René-Moreno, Augusto Céspedes, Nataniel Aguirre, Adela Zamudio, Gustavo Adolfo Otero, Alcides Arguedas, Bautista Saavedra, Franz Tamayo y Enrique Finot, entre muchos otros. Varios de esos autores fueron en realidad solo reeditados o reimpresos por Juventud, pero algunos otros, como Huáscar Cajías Kauffmann o Fernando Diez de Medina, vieron sus primeras ediciones de algunas de sus obras allí.

Entre los objetivos de la editorial estaban la importación y edición de libros. Gustavo Urquizo, quien ahora dirige la editorial G.U.M. (de algún modo, sucesora de Juventud), recuerda: “Mis padres, Rafael y Elsa, fueron los impulsores de la editorial; antes de fundarla, mi madre ya tenía experiencia en archivos e inventarios en la librería Universitaria y mi padre había trabajado en la gran librería Alexander, que estaba ubicada en la avenida Camacho, pero creo que ese negocio se cerró, así que aprovechó la oportunidad para independizarse y fundó Juventud”.

Desde 1948 hasta 1970 trabajaron juntos los dos esposos, hasta que ella falleció de cáncer de pulmón y a partir de 1971 Gustavo, con 19 abriles, comenzó a trabajar junto con su padre; en todos esos 20 años, y al igual que otras editoriales como la cochabambina Los Amigos del Libro, Juventud había dependido de otras imprentas (sobre todo de la imprenta Burillo) para publicar a sus autores y títulos (muchos de ellos, libros-texto como los de Alipio Valencia Vega o de Huáscar Cajías Kauffmann), pero en 1968 se hizo la compra de una imprenta y se fundó la Empresa Editorial Urquizo S.A., que sirvió a Juventud para desde entonces publicar las obras del sello editorial en sus propias prensas. “A la vez, mi madre atendía la sucursal de libros importados; traíamos libros de editoriales grandes de Argentina, México y España (como el Fondo de Cultura Económica, Grijalbo, Aguilar o Sopena), lo cual nos ayudó a crecer mucho”, recuerda Gustavo.

Cuando Rafael Urquizo decidió importar las máquinas de imprenta, la editorial cobró mayor reputación y celebridad y comenzó a trabajar con tipografía y con el plomo, “pero después de unos cinco o seis años comenzamos con el sistema offset, y entonces hubo que traer fotomecánica y conseguir armadores y montajistas”, recuerda Gustavo.

La imprenta estaba administrada por don Rafael y los dos hermanos de Gustavo, mientras que este se dedicaba a la importación y a las ventas en librerías, viajando sobre todo por el sur del país. Lo que los favoreció mucho en cierta época fue la impresión masiva de textos del ciclo básico escolar.

Rafael Urquizo comenzó a viajar por el interior de Bolivia y ello favoreció notablemente a la empresa, pues el mercado se abrió mucho, sobre todo para la impresión de libros de texto escolares. “Claro que hubo épocas difíciles, como la época de la UDP, porque no había divisas para importar papel; teníamos que traer más o menos 30 toneladas anuales de papel bond solo para los libros de texto del ciclo básico”. La imprenta ofrecía también sus servicios para otros trabajos, pero más o menos el 90 por ciento del trabajo de imprenta estaba dedicado al sello editorial.

El proceso de edición

Con el paso del tiempo, Rafael Urquizo fue conociendo a muchos escritores y amantes de las bellas letras. Así, los autores comenzaron a llevarle sus originales y manuscritos y, para editarlos, la editorial les hacía un contrato; pero antes pasaban por la corrección de Alberto Bailey Gutiérrez, periodista de Presencia, escritor de varios libros y académico de larga trayectoria, quien era contratado por la editorial cada vez que se requería un criterio para publicar un manuscrito o no: “Había alguien siempre que le asesoraba a mi padre, y eso dependía de la materia; podía ser un libro de economía, de derecho, etcétera.

Lógicamente, también había autores ya muy conocidos que no requerían de aquel filtro”. Juventud corría con el financiamiento de la obra y, con base en el precio del libro y las ventas, se pagaba al escritor en concepto de derechos de autor.

Pero los autores que ya habían fallecido también recibieron la atención de Urquizo. Algunos periodistas, como Rodolfo Salamanca o Raúl Durán, aconsejaban y asesoraban a Rafael para reeditar a ciertos autores y obras, como la poesía de Franz Tamayo o los libros de historia de Alcides Arguedas o de Gabriel René-Moreno.

El nacimiento de G.U.M.

“En 1995 falleció mi padre por diabetes y quedamos mis dos hermanos y yo a cargo de Juventud; mis hermanos quedaron a cargo de la empresa editorial”. Eso fue hasta 2006, más o menos hasta cuando llegó la reforma educativa del MAS, lo cual modificó los contenidos de la enseñanza escolar y “produjo una debacle en la venta de nuestros libros de texto…”.

Entonces los hermanos de Gustavo decidieron hacerse cargo de la editorial Juventud y se disolvió la Empresa Editorial Urquizo. “En 2007 decidimos disolver la Librería Editorial Juventud y trabajamos un año juntos para cubrir todos los pasivos; en 2008 se hizo la división del stock de libros impresos en tres partes iguales y cada uno ya comenzó por su cuenta”.

Un trabajador cosiendo los libros impresos.

Ahí surgió la editorial G.U.M. Gustavo comenzó a trabajar primero con el fondo que le había quedado de Juventud; como él ya había trabajado en las librerías donde se vendía Juventud, comenzó a pedirle libros y, además, a buscar nuevas ediciones o reimpresiones. “Por otro lado, comencé a buscar nuevas ediciones, buscando nuevamente a los autores a quienes había publicado Juventud para yo seguirles publicando y así salir adelante, pero ahora ya como editorial G.U.M.”.

La presentación de los libros es diferente en G.U.M. En realidad, en los últimos años de Juventud ya se había comenzado a plastificar las tapas; antes, se había utilizado una cartulina más brillosa. Uno de los objetivos de G.U.M. fue mejorar la presentación y el acabado de los libros: “Cambiamos de diseño y material de tapa, porque no podían seguir igual que en Juventud, y seguimos así, con nuevas ediciones y nuevas tapas”. Además, en las ferias internacionales del Libro de La Paz, G.U.M. comenzó a buscar autores para publicarlos.

Pero también hubo momentos de adversidad. Gustavo recuerda que, en la época de Banzer, cuando la empresa Urquizo importaba libros de tendencia marxista y materialista, la mayor parte ediciones Grijalbo de México, “molestaban a las librerías; entraban, veían ese material y lo decomisaban”. Pero el problema mayor lo nota no en la censura de los autoritarios, sino en la crisis actual de la educación: “Los profesores no crean el hábito de la lectura en los estudiantes. Prefieren hacer leer libros de autoayuda u otros que no aportan; debería haber más de historia o de novela… tan buenos escritores que tuvimos. El año pasado, el Ministerio de Educación prohibió hacer teatro en los colegios, entonces los libros de teatro no se vendieron. Estamos un poco sujetos a lo que el Ministerio desea. Quieren manipular a través de la educación”.

La imprenta de la editorial G.U.M.

Contra viento y marea

“Desde que el gobierno hizo desaparecer el dólar, se nos presentó una situación crítica, ya que papel (bond, sábana…), tinta, cartulina y planchas son cosas que no producimos en Bolivia. Entonces, hay que importarlos… y a precios elevados; si hubiera dólares, habría más importación y los precios de los libros nacionales bajarían”. Desde la pandemia, Gustavo hizo salir a flote la editorial a costa de las reimpresiones, pues ya no tiene planchas, las cuales debe traer desde China.

Sin embargo, sigue tratando de publicar a nuevos autores y nuevos títulos. Normalmente hace tirajes de 300 a 500 ejemplares, los cuales se van acabando en algunos meses o años incluso, al cabo de los cuales puede hacerse una reimpresión o una nueva edición. Entre los últimos autores publicados está Éric Cárdenas del Castillo, politólogo, docente y escritor. La Historia de Bolivia de Herbert Klein es otro de los títulos que ha publicado G.U.M.; “ese sale mucho, todo el año prácticamente”.

“Leyendo libros, uno adquiere memoria, ortografía y redacción, además de una mirada crítica de la realidad”, comenta Gustavo sobre la importancia de los libros. Él cree que los bachilleres de hoy no saben leer y que, si se les hubiera enseñado a leer, ahora no tendrían mayores problemas de redacción ni de rebatir teorías. Hoy en día Gustavo se encuentra buscando bibliografía para reeditar y reimprimir y conversando con los libreros paceños para dejar los libros de G.U.M. “Estamos presentes en la librería Gisbert, en Olimpia, en Baúl del Libro, en Lectura, en Solo Libros, en Yachaywasi… y cuando había Los Amigos del Libro, también estábamos ahí”.

Pese a todo, Gustavo Urquizo Mendoza, librero veterano y de cepa, mantiene un optimismo y un brillo en los ojos que hacen pensar que los libros físicos y el legado libresco de Rafael Urquizo y Juventud no se extinguirán.

PERFIL

Lugar y fecha de nacimiento: La Paz, 17 de julio de 1952

Estudios y vocación: Estudió Economía en la UMSA, pero se dedicó al oficio de librero en la Librería Editorial Juventud

Fundador de G.U.M.: En 2008 fundó su propia casa editorial y librería, para continuar con el legado de su padre