viernes 3 de abril de 2026

Asesinato

Apuñalamiento de una refugiada ucraniana en un tren de EEUU causa shock e indignación mundial

Una grabación, difundida por las autoridades evidencia la reacción de los pasajeros y motiva un amplio debate público sobre la seguridad en el sistema de transporte. El asesinato ha conmocionado al mundo.
La ucraniana Iryna Zarutska, en una imagen ampliamente difundida en la red X.
La ucraniana Iryna Zarutska, en una imagen ampliamente difundida en la red X.
miércoles 10 de septiembre de 2025

CNN / Charlotte, EEUU

Iryna Zarutska era solo otra pasajera cuando abordó el tren Blue Line de noche, después de que llegara a la estación Scaleybark, a solo unos kilómetros del centro de Charlotte (EEUU). Llevaba pantalones caqui y una camisa oscura. Su largo cabello rubio estaba metido bajo una gorra de Zepeddie’s Pizzeria, donde trabajaba.

Al igual que los pasajeros cercanos, la joven de 23 años bajó la cabeza mientras el tren avanzaba, absorta en el teléfono que tenía en la mano. Zarutska, una refugiada ucraniana, eligió una fila vacía y se sentó frente a un hombre con sudadera roja, sin saber que ambos estaban a punto de cruzar sus caminos de forma trágica.

Solo cuatro minutos después, Decarlos Brown, el pasajero detrás de ella, metió la mano en su ropa y sacó lo que parecía ser un cuchillo. Por un momento, miró por la ventana, como si eso fuera todo lo que iba a hacer. Pero en un movimiento rápido, se levantó y pasó su brazo por encima del asiento, apuñalando mortalmente a Zarutska, quien se llevó las manos al rostro y la garganta antes de desplomarse al suelo.

Zarutska murió en el tren a causa de sus heridas mientras los pasajeros se arrodillaban junto a ella intentando ayudarla. Brown ha sido acusado de homicidio premeditado por su muerte.

En los días posteriores a la publicación del video del ataque, el apuñalamiento y el extenso historial criminal de Brown —incluyendo condenas por robo a mano armada, hurto y allanamiento de morada— han sido denunciados por el Gobierno de Trump y políticos conservadores como un ejemplo del crimen violento que, según ellos, afecta a muchas ciudades lideradas por demócratas en Estados Unidos.

ADVERTENCIA: Imágenes sensibles en este video:

El crimen se ha convertido en un grito de guerra mientras el Gobierno busca justificar el despliegue de militares federales en Los Ángeles y Washington, incluso cuando el presidente Donald Trump amenaza con desplegar a la Guardia Nacional a Chicago.

“¡Carolina del Norte, y cada estado, necesita LEY Y ORDEN, y solo los republicanos lo lograrán!”, dijo Trump en Truth Social. Llamó a Brown un “delincuente habitual”.

La alcaldesa de Charlotte, Vi Lyles, y la familia de Brown han dicho que el homicidio se debe en parte a fallas del sistema judicial que permitió que Brown regresara a la comunidad a pesar de un historial de enfermedad mental y condenas por robo a mano armada, hurto grave y allanamiento de morada.

Finalmente, los caminos de dos personas se cruzaron mortalmente: una mujer que escapó de la violencia solo para enfrentarla en Estados Unidos y un hombre cuya familia cree que fue abandonado tanto por el sistema de justicia penal como por el sistema de salud.

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Zarutska abrazó la vida en Estados Unidos

Zarutska tenía un don. Su madre lo llamaba un “don de artista”. No era su habilidad para esculpir o diseñar ropa, aunque le encantaba hacerlo. Zarutska, quien se graduó en arte y restauración del Synergy College en Kyiv, a menudo regalaba su arte a familiares y amigos.

Su “don de artista” era lo que su madre llamaba cariñosamente su capacidad para dormir durante “larguísimos ratos”.

Era hogareña y “más feliz cuando estaba rodeada de su familia y seres queridos”, dijo su familia en su obituario.

Zarutska dejó Ucrania en agosto de 2022, seis meses después de la invasión rusa, para escapar de la guerra.

Lonnie, un amigo de la familia, contó a WCNC, afiliada de CNN, que Zarutska soportó bombardeos diarios en Ucrania y la agonía de no saber “si iba a vivir o respirar un día más”.

Huyó con su madre, hermana y hermano, encontró un hogar en Carolina del Norte y abrazó la vida en Charlotte. Asistió a Rowan-Cabarrus Community College y soñaba con ser asistente veterinaria.

“Ella a menudo cuidaba a las mascotas de sus vecinos, y muchos recuerdan con cariño verla pasearlas por el vecindario, siempre con su sonrisa radiante”, dijo su familia.

Zarutska trabajaba en una zona animada del South End, llena de cervecerías, complejos de apartamentos y cafeterías. La inauguración del sistema de tren ligero en 2007 ayudó a impulsar el auge del vecindario.

Había tratado de independizarse y estaba aprendiendo a conducir, dijeron. Mientras tanto, usaba el tren.

“Sabía que él estaba en apuros”

Días antes del apuñalamiento, Brown se presentó en la casa de su madre. Michelle Dewitt dijo que su hijo, quien estaba sin hogar y vivía en un albergue local, le pidió quedarse esa noche.

Más tarde esa mañana, la madre de Brown lo dejó en un refugio en Statesville Avenue, a unos kilómetros de la estación Scaleybark. Lo abrazó y le dijo a su hijo que lo amaba, contó, antes de irse a la iglesia.

Cuando se enteró del apuñalamiento y de su arresto, Dewitt no podía creer que fuera su hijo. Ya lo había echado de casa antes por ser demasiado violento, aseguró a WSOC, afiliada de CNN. Aun así, pensó que la identificación de su hijo como sospechoso debía ser un error.

Pero Brown, quien tenía antecedentes de problemas de salud mental, había estado luchando en los últimos años, dijo.

Su hermana, Tracey Brown, dijo que le habían diagnosticado esquizofrenia y sufría alucinaciones y paranoia.