sábado 30 de mayo de 2026

Legitimidad de cartón: el caso Revilla y el arte de ganar perdiendo

Por eso, desde esta tribuna, convoco al TSE a recomponer su legitimidad de manera urgente.
sábado 04 de abril de 2026

Tres sorpresas y una sola conclusión: la legitimidad está por los suelos.

La primera sacudida llegó cuando Edgar Uriona, dueño del partido Nueva Generación Patriótica (NGP), decidió abruptamente bajar la candidatura de René Yahuasi en plena segunda vuelta. Sin previo aviso, sin explicación que convenciera.

La segunda fue aún más inquietante. En cuestión de horas, la Sala Plena del Tribunal Supremo Electoral (TSE) redactó y aprobó la resolución de aceptación. Acto seguido, proclamó gobernador electo a Luis Revilla, el candidato oficialista del Gobierno Paz-Doria. La velocidad del aparato electoral dejó más dudas que certezas, en especial cuando otras resoluciones tardaron mucho más en tratarse.

La tercera sorpresa destapó la olla. Al día siguiente, varios medios revelaron que NGP había sellado una alianza con la Alianza Patria, del presidente Rodrigo Paz, para la segunda vuelta en Beni y Tarija. De repente, todo encajaba. Y la indignación ciudadana estalló.

Ante el escándalo, Revilla salió a blindarse. Habló de "legitimidad", presumió ser la primera fuerza en La Paz y El Alto, y aseguró haber ganado "en varios municipios de provincias en el Altiplano y el Norte del departamento".

Bien. Vayamos a los datos. Porque la legitimidad no se declama: se demuestra. Revisemos el cómputo oficial del TSE.

Resultado en provincias (sin La Paz ni El Alto):

 

  • Revilla apenas ganó en 4 de 85 municipios.
  • René Yahuasi ganó en 26 municipios.
  • En localidades como Ixiamas, Quime o Guanay, Revilla obtuvo entre 500 y 1.200 votos, pero los votos blancos y nulos triplicaron esa cifra: casi 6.000 votos en total.

¿Aún hablamos de legitimidad? Para medirla sin trampas, usemos el Índice de Legitimidad: el porcentaje de votos obtenidos sobre el total de sufragios emitidos (incluyendo blancos y nulos). Los resultados son demoledores.

  • En todo el departamento, Revilla apenas alcanza el 15,3%. La primera fuerza no es él, sino el voto en blanco y nulo: 23,5%.
  • En El Alto, el bastión que él mismo reivindica, los blancos y nulos suman 25,6% frente al deprimente 12,2% de Revilla. Menos de la mitad.
  • En las provincias, la humillación es total. Revilla queda cuarto, detrás de Yahuasi, Patzi y Santos. Mientras tanto, blancos y nulos se disparan al 30,6%. Revilla se hunde en el 6,1%: cinco veces menos que el voto de rechazo.

Hasta aquí, los hechos. Ahora, el llamado. El Tribunal Supremo Electoral no puede seguir siendo un simple administrador de trámites ni una herramienta dócil del poder político. Su credibilidad está en coma, y el caso Revilla es el electroshock que necesita.

Por eso, desde esta tribuna, convoco al TSE a recomponer su legitimidad de manera urgente. Que sopesen, con valentía, la verdadera legitimidad de esta segunda vuelta. El TSE debe dejar de ser un notario del poder para convertirse en gestor y defensor de la democracia participativa. Eso implica no validar resultados que las urnas —con sus blancos y nulos— ya han calificado como un rotundo voto de censura. La democracia no se sirve en bandeja: se custodia y defiende. Y hoy, más que nunca, Bolivia necesita un árbitro que no le tema al poder, sino a los bolivianos.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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