miércoles 29 de abril de 2026

Informe

Radiografía del abuso médico: 8 de cada 10 internos sufren acoso y el 74% no denuncia por miedo

Los datos estadísticos presentados por la Defensoría son contundentes: el 81.3% de los internos y el 92.3% de los residentes reportaron haber sido víctimas de acoso laboral durante su formación.
Portada del informe de la Defensoría del Pueblo.
Portada del informe de la Defensoría del Pueblo.
miércoles 29 de abril de 2026

Yenny Escalante / Sumando Voces

El informe de investigación defensorial titulado “Aprender con Miedo” reveló una crisis estructural y sistémica de vulneración de derechos humanos en el sistema de formación médica de Bolivia. Los datos son contundentes: el 81.3% de los internos de medicina (8 de cada 10) reportó haber sufrido acoso laboral durante sus prácticas, pero la cultura del silencio prevalece, ya que el 73.8% decidió no presentar denuncias ante las instancias correspondientes.

La investigación identifica que la falta de denuncias no es una señal de ausencia de conflictos, sino de un profundo temor a las instituciones. El 48.8% de los internos no denuncia por miedo a represalias y el 46.3% por una total desconfianza en los mecanismos institucionales existentes. Las formas de maltrato más frecuentes incluyen horarios excesivos impuestos como castigo (60%), gritos y humillaciones públicas (57.5%) y el menosprecio de sus opiniones (48.8%).

El informe reveló una crisis estructural y sistémica de vulneración de derechos fundamentales dentro del sistema nacional de salud boliviano, afectando a internos de medicina y médicos residentes. La investigación destaca que el acoso laboral y sexual se encuentra profundamente arraigado y normalizado como un supuesto método de enseñanza, operando bajo una estructura jerárquica que perpetúa la impunidad.

Los datos estadísticos presentados por la Defensoría son contundentes: el 81.3% de los internos y el 92.3% de los residentes reportaron haber sido víctimas de acoso laboral durante su formación. Esta violencia se manifiesta a través de gritos, humillaciones públicas, amenazas verbales y menosprecio sistemático de sus opiniones.

Aún más grave es la situación de género, donde el 30% de las internas de medicina manifestó haber sufrido acoso sexual, incluyendo comentarios inapropiados, insinuaciones y acercamientos físicos no consentidos. En el caso de los residentes, el acoso sexual afecta al 15.4%, con una incidencia mayor en mujeres (26%) frente a hombres (3%).

A pesar de la alta prevalencia de abusos, el sistema fomenta el silencio: casi el 50% de los encuestados no denuncia por miedo a represalias o por la desconfianza en los mecanismos institucionales. Los procesos de queja son calificados como ineficaces e imparciales, ya que los encargados de resolver los conflictos suelen ser los mismos superiores jerárquicos identificados como agresores. De quienes se atrevieron a denunciar, un alto porcentaje no obtuvo respuesta o, en el peor de los casos, sufrió castigos adicionales.

Explotación laboral y «guardias de castigo»

La carga horaria en los hospitales excede con frecuencia los límites legales y humanos. Los internos cumplen jornadas de 24 horas que se extienden con un «posturno» de hasta 5 o 7 horas adicionales, alcanzando en ocasiones más de 30 horas continuas de servicio, establece el informe.

Además, se ha normalizado el uso de “guardias de castigo” como mecanismo disciplinario ante errores mínimos o preguntas no respondidas, obligando a los estudiantes a permanecer en el hospital por días sin poder retornar a sus hogares. Esta sobrecarga laboral no solo impide un descanso adecuado, sino que pone en riesgo la seguridad de los pacientes debido a la fatiga extrema del personal.

El entorno hostil ha derivado en niveles alarmantes de desgaste psicológico. La Defensoría señala que el 16.3% de los internos y el 15.4% de los residentes reportaron haber tenido pensamientos suicidas. Los encuestados manifiestan sufrir de preocupación constante (80%), sentimientos de tristeza y fatiga (cerca del 70%), irritabilidad y síntomas físicos de ansiedad como palpitaciones y temblores. Casi la mitad de los internos (47.5%) ha considerado renunciar a su carrera debido al maltrato institucional.

La formación médica en Bolivia también se desarrolla en condiciones de habitabilidad deplorables. Muchos centros carecen de dormitorios diferenciados por sexo (64%), obligando a los internos a dormir en el piso, en camillas o en colchones viejos sin sábanas limpias.

En cuanto a la bioseguridad, la desprotección es evidente: el 43.8% de los internos y el 39.7% de los residentes no recibe ningún tipo de Equipo de Protección Personal (EPP), como batas o guantes, debiendo adquirirlos con sus propios recursos. Asimismo, el 43.8% de los internos reportó no recibir ningún tipo de alimentación durante sus guardias extenuantes.

Ante este panorama, la Defensoría del Pueblo ha recomendado a la Asamblea Legislativa la promulgación urgente de una Ley contra el Acoso Laboral y la ratificación del Convenio 190 de la OIT. Asimismo, insta al Ministerio de Salud y Deportes a implementar un Plan Nacional de Salud Mental y estandarizar los procesos de acreditación de hospitales para garantizar que los centros formadores cumplan con condiciones mínimas de dignidad y seguridad para los futuros profesionales de la salud.

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