martes 19 de mayo de 2026

La guerra digital de la desinformación

Toda estrategia (pos)digital pasa por el reconocimiento de su validez siempre en articulación de las redes sociodigitales con las calles, no actúan por separado, se corresponden, se necesitan y se alimentan mutuamente.

Mientras en la calle una pluralidad de movilizaciones ciudadanas reivindican demandas sectoriales y otras pugnan por la renuncia del presidente, el Estado busca respuestas en el marco de la tolerancia con diálogos sectoriales y, un tercer actor, no invitado, pero presente en las distintas dinámicas organizativas, las redes sociodigitales, desatan una guerra sin cuartel, sin límites y sin respeto. Es cierto que recursos como la guerra sucia tienen años de germinación en medios de comunicación, pero es más cierto todavía que nunca como ahora la confrontación comunicacional ha sido tan obscena.

La guerra en red

Lo que ocurre es un fenómeno propio de la comunicación (pos)digital, que se denomina Redwar, o sea guerra en red, que es un recurso de extrema desinformación amparado en la ausencia de normas éticas y de responsabilidad social en las plataformas digitales, que confunden libertad de expresión con libertinaje sin límites ni medida, y que pueden ser manejados por organizaciones bien establecidas y estudiadas en el manejo de la tecnología digital, también por grupos de activistas voluntariosos, así como por individuos solos o, lo que es muy común, mercenarios virtuales que se escudan en el anonimato.

Es una guerra digital donde las luchas se desarrollan arrasando virtualmente con ataques arteros en el ciberespacio, pero siempre en estrecha relación de retroalimentación y de complementación con los movimientos sociales que ocurren en las calles. En realidad, la guerra en red refuerza las movidas estratégicas en las calles generalmente atacando al contrincante, pero también desconfigurando el ambiente donde ocurren los acontecimientos alimentando contextos de crisis.

La efectividad de estos movimientos depende de la oportunidad con que aparecen, debiendo ser inmediatas y rápidas para impactar en los acontecimientos sociales. Su efectividad depende también de su capacidad para hacer daño. Curiosamente, pese a ser recursos que no están en el terreno, no hacen parte de la retaguardia, sino de la primera línea de ataque frontal y por rodeo de situaciones y personajes específicos. Así mismo, su efectividad está sujeta a la capacidad para manejar adecuadamente los recursos tecnodigitales, con contenido mordaz y estilo atrayente, convocante, alarmante, desubicante y asquerosamente desafiante. Forma parte también de su eficacia, su capacidad de ser reproducida masivamente por propios, opuestos y extraños.

La crisis que está viviendo Bolivia se constituye en escenario de una guerra en red que ha conmocionado los cimientos de la dinámica política en un país altamente politizado y fuertemente organizado. Vamos a revisar algunas de sus principales expresiones, todas ellas armonizadas en el cobijo de un tronco común: la posverdad, que significa distorsión deliberada de la realidad. La guerra en red es entonces, en otras palabras, la búsqueda de posicionamiento simbólico con recursos digitales de mensajes y formatos que buscan intencionadamente deformar la realidad de los hechos, acomodándola a los intereses de sus autores. El resultado esperado de estos productos es lograr la persuasión de la población y su movilización contra hechos y/o personajes que se los muestra deteriorando las condiciones de vida de las ciudadanías y la estabilidad de la sociedad.

La forma predominante, y que por su mayor conocimiento se ha convertido en una especie de marca genérica de los recursos de la guerra en red, son los Fakenews o la circulación intencional de descomposición de las verdades con información falsa en productos sensacionalistas. Con este recurso han circulado mensajes en diversas dimensiones. Algunos, afirmando que se cobrarán nuevos impuestos y que se privatizarán las empresas estratégicas del Estado, movilizaron intereses sectoriales con sentido global, nacional. También circulan mensajes que empatizan con las individualidades, por ejemplo aquellos que afirman que a todas las mascotas se les colocará un chip para cobrar impuestos por su tenencia, lo mismo que a los ganados. En este mismo nivel juegan de manera lacerante, junto con la carencia de productos en los mercados, el alza de los precios de los productos esenciales. En un nivel más directamente ligados a la dinámica política se ha afirmado la renuncia del Ministro de Gobierno, se ha colocado en redes un mensaje atribuido al Comité Pro Santa Cruz requiriendo al gobierno el uso de la fuerza bruta, y también se ha afirmado que el gobierno concedió a los cooperativistas mineros combustible subvencionado, dotación ilimitada de explosivos y supresión de deudas por cuotas de salud a la Caja Nacional de Salud.

Entidades espacializadas como Bolivia Verifica han demostrado que los ejemplos expuestos son información falsa. Esto es así, pero así y todos han servido para que ciudadanías y organizaciones entren en situación de desconfianza, duda e incertidumbre, y han servido también para inquietar a los gobernantes que parecieran no tener estrategias definidas para preverlas y combatirlas, lo que hace más letal el daño de la mentira virtual institucionalizada en red digital y conectada a los movimientos en la calle.

Otra forma que hace su presencia en la crisis boliviana son los Deepfakes o información ultrafalsa que ha circulado por ejemplo señalando números inexistentes de muertes adosadas al gobierno. En estrecha relación, se han podido identificar productos Astrosurfing, cuya característica consiste en la manipulación on line, con el propósito deliberado de generar un ambiente de temor o extrema ira, por ejemplo con la circulación de videos con pobladores de la ciudad de El Alto en trote apabullante gritando “ahora sí, guerra civil”, y que no se sabe si son productos recientes o de acontecimientos anteriores, pero que aparecen y se posicionan como dinámica de la crisis, aunque posiblemente no sean ciertas.

Un ejemplo de suma preocupación son los Haters o mensajes de odio que, en este caso, de lado y lado, han repuesto una herida abierta en la realidad de nuestro país: el racismo intolerante como recurso de descalificación del otro. Lo preocupante es que los odiadores cuando hurgan en la herida abierta alimentan sentimientos acumulables e irreconciliables. En consonancia con este recurso operan los Spammers o portadores de basura, regando mensajes maliciosos que ensucian el ambiente y lo inundan de aromas insoportables. En el caso de la crisis boliviana la muestra de grupos campesinos armados y con entrenamiento militar, o la afirmación que la operación “corredor humanitario” supuso muertes por un ejército y policía dotados de armamento letal, son muestras de envilecimiento del ambiente aromatizándolo con un olor a muerte que en la realidad no existe por el uso de la fuerza.

Existen varias otras categorías de recursos de desinformación digital con guerra en red y que están presentes en las confrontaciones entre fuerzas del orden y organizaciones en movilización por una dispersión de demandas sectoriales y un propósito de renuncia del presidente. Un caso identificado y que utiliza el recurso Spoofing, o sea la falsificación de la dirección del remitente, es la manipulación del logo de Red Uno, para atribuirle la noticia de que había renunciado el presidente. También han habido casos de Phising o suplantación de identidades como ocurrió con el uso de la imagen del periodista John Arandia.

 

El antídoto: estrategias de comunicación política y recursos de verificación

 

En situaciones de crisis son imprescindibles estrategias de comunicación política para situaciones de crisis, contemplando los escenarios posibles tanto con las movilizaciones directas como las movidas en la plataformas sociodigitales. No tener acciones planificadas sistemáticamente de previsión, prevención, verificación e intervención con solución, es simplemente dejar el terreno libre a los opuestos que, como se ha podido apreciar, son activos cibernautas.

En estrategias de crisis, son también factores imprescindibles la actualidad de la información, que debe ser inmediata porque la dinámica de los acontecimientos es rauda y se hacen obsoletos enseguida. Y esto vale tanto para los gobernantes como para los medios. Un pequeño ejemplo: el día que el ejército y la policía salen en acción conjunta para levantar los bloqueos y permitir la circulación de combustibles, alimentos, oxígeno, alimentos y camiones, en un mismo medio se decía que el paso al aeropuerto estaba cerrado y en paralelo, que se había abierto. La actualización permanente opera como tutorial que orienta a la ciudadanía, o desorienta cuando no se actualiza raudamente, permanentemente.

Otros factores imprescindibles en la estrategia de comunicación de crisis, son la veracidad y la transparencia. Tanto gobierno como medios de comunicación, deben tomar en cuenta que toda crisis configura un ambiente de incertidumbre y de alta expectativa, que lleva a que en determinadas situaciones la activación de lo emocional dé un paso hacia la reflexión. Un ejemplo: las dudas que sugiere la circulación de beneficios sobremedidos para los cooperativistas mineros, es salvable con la exposición oficial de los documentos, para que no queden dudas.

Un elemento más propio de estrategias de crisis, es la calidad del mensaje. Tiene que ser preciso no discursivo, tajante no discutible, real no imaginario, condicional no propositivo, aseveración no sermón. No se puede abusar de la apelación a grandes principios, es mejor practicarlos. Los informantes deben comunicar decisiones, compartir análisis y resoluciones y no cavilar con discursos altruistas sobre el deber ser. Comunicación no es sólo intercambio de la palabra, sino también de las prácticas sociales. En consecuencia, la palabra argumentada debe ser refrendada con los hechos.

Existen formas de control que se combinan con la verificación que de manera loable además de profesional realizan empresas especializadas. Es sumamente importante que los productos de verificación de las empresas circulen ampliamente, masivamente, demostrando la falsedad y los riesgos de determinada información. No puede ser sólo contenido para mensajes de los gobernantes, tiene más contundencia si es materia informativa de los medios. Son también formas de control y contrapeso la difusión amplia, por todos los medios y redes posibles, aquellos productos en los que se muestran acciones de solidaridad, de respaldo y de llamados a la paz. Cuando estos mensajes los expresan los ciudadanos son más expresivos y empáticos.

Hemos hecho una rápida descripción de algunas expresiones de guerra en red. Su tratamiento necesariamente debe darse en el marco de estrategias de comunicación política, ubicadas en el marco más amplio de una política estatal que contemple al menos dos niveles: los News y los Views. Los primeros se refieren a la calidad de la información transparente y oportuna. Y los Views definen la visión de largo plazo o el horizonte de una sociedad con la política estatal. En el camino de la palabra hacia el horizonte, construyéndolo, el diálogo es el mecanismo insustituible. Y dialogar es: escuchar para hablar, saber lo que se habla, refrendar las palabras con los actos y dialogar esperanzando.

Toda estrategia (pos)digital pasa por el reconocimiento de su validez siempre en articulación de las redes sociodigitales con las calles, no actúan por separado, se corresponden, se necesitan y se alimentan mutuamente. Sobre esta base, una estrategia de comunicación política en estos tiempos requiere definirse con un sentido Transmedia, de articulación de la construcción simbólica de sentidos desde la combinación adecuada de distintos recursos como los mensajes en redes sociodigitales, con las construcciones discursivas de los medios tradicionales, y con las dinámicas de las movilizaciones en las calles.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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