jueves 20 de agosto de 2026

La espada en la palabra

Los mejores presidentes de la historia

Todos estos hombres fueron como cometas brillantes que surcaron el oscuro firmamento de la política boliviana.
jueves 20 de agosto de 2026

¿Quiénes fueron los mejores presidentes que tuvo Bolivia en su historia? Usualmente reflexiono sobre la historia larga de este peculiar país, sobre sus distintas épocas, sobre sus posibilidades a futuro, sobre sus mejores y peores hombres. Debo reconocer que, pese a mi profesión de politólogo, más que hacer análisis del momento, me gusta más elaborar balances de largo aliento, comparando épocas y cotejando periodos largos, con una mirada totalizadora.

Una de mis reflexiones más frecuentes gira en torno a los mejores mandatarios que tuvo este país, y siempre que me la planteo llego al mismo ranking: 1. Antonio José de Sucre, 2. José María Linares, 3. Adolfo Ballivián, 4. Tomás Frías. Puede parecer raro, pero aquellos gobernantes hicieron poco, o en algunos casos casi nada, ocupando la primera magistratura de la nación boliviana. ¿Por qué, entonces, los conceptúo como los mejores? Simplemente por su altura intelectual, pero sobre todo por su condición ética, intachable y consecuente aun en los momentos más difíciles.

El gran mariscal de Ayacucho, y lo refrendan varios historiadores, fue un hombre sencillamente fuera de serie. Diestro militar y hombre de estudio, su calidad humana y ética fue acaso su mejor virtud. Se diría que fue un santo si no hubiese sido ateo. Vivió poco tiempo, pero su breve vida fue suficiente para que su espíritu dejara una huella indeleble en la crónica universal de los hombres superiores. Gobernó Bolivia a pesar suyo, pues su anhelo más profundo era retirarse a la vida privada y gozar de su pareja, pero, obediente y fiel al Libertador, su mentor, jefe y amigo, se sometió a los deberes de la historia y al dictado de la fatalidad. Debió tener errores y miserias, como todo hombre, pero seguramente estos fueron mínimos en comparación con sus aciertos y virtudes; tanto así debió ser, que incluso Alcides Arguedas, el escritor e historiador boliviano tal vez más incisivo del siglo XX, se quita el sombrero frente al militar y político venezolano y lo coloca en un sitial de nobleza, calificándolo como “el tipo ideal de gobernante”.

José María Linares, aristócrata potosino dedicado a las lecturas y meditaciones, pero sobre todo poseedor de una gran ambición política, malversó toda su fortuna financiando revoluciones y levantamientos militares. Su obstinación y disciplina eran legendarias. Quería derrocar al gobierno plebeyo de Belzu y terminó derrocando a Córdova, hijo político de aquel. Finalmente consiguió la Presidencia, cerró el Congreso y se declaró dictador. ¿Su objetivo? Moralizar Bolivia. Así, impuso un régimen de austeridad y disciplina que disgustó a las masas incultas, a la soldadesca y a los funcionarios mediocres. Al final, terminó siendo víctima de sus propias contradicciones, pobre y solitario, como todo quijote que busca un ideal.

Ballivián y Frías debieron ser similares en personalidad. Ambos probos, cultos y de finas maneras; aficionados a los libros y al trabajo. Ambos representan un oasis de civilidad, legalidad constitucional y aristocracia ilustrada. Con espíritu previsor, o más bien como un profeta incomprendido, Ballivián advirtió sobre una eventual guerra con Chile, pero la chatura ambiente no le hizo caso; y Frías se empeñó tratando de organizar las finanzas del inestable y anárquico país. Ambos demostraron que en la procela de la mezquindad política y el fango de las revueltas militares, hay enormes lumbreras de lucidez política y probidad ética.

Y a mi lista podría agregar a Narciso Campero y al “cóndor indio”, el Mariscal de Zepita, quien, lo admito, no fue nunca muy de mi agrado, pero que sin duda fue un caudillo ilustrado y un estadista dotado de talentos de organizador como los hay pocos. Su proyecto de confederar el Perú con Bolivia hubiese hecho de ambos países una superpotencia regional y acaso una potencia mundial.

Todos estos hombres fueron como cometas brillantes que surcaron el oscuro firmamento de la política boliviana.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.
Temas de esta nota