sábado 12 de septiembre de 2026

Cuando la política y la comunicación se hacen espectáculo

Es tiempo de desteatralizar la política convertida en espectáculo, reinventando políticas alternativas, recuperando los códigos periodísticos y corazonando la vida para rehumanizar la comunicación.
sábado 12 de septiembre de 2026

Vivimos una particular coyuntura en la que buena parte de los acontecimientos se desarrollan, se ventilan y se dirimen en los medios de comunicación que operan como “fiscalizmedios” con sus “periodisjueces”, y también en las plataformas digitales que se ocupan de licuar la realidad en deformaciones con desinformación, alimentando sistemas comunicacional-políticos del espectáculo, donde se teatraliza, se degrada y se distorsiona la realidad, alentando una confrontación discursiva que parece no tener otro fin que la propia confrontación para una mayor polarización, en climas sociales que semejan las “sociedades líquidas” descritas por Zigmunt Bauman como una metáfora que describe una vida inestable, cambiante y sin estructuras fijas.

Política y comunicación pop como entretenimiento

Cuando las lógicas y las prácticas de la acción política salen de las estructuras partidarias, o legislativas, o judiciales, para instalarse, ventilarse, dirimirse, desarrollarse y (i)resolverse en las redes sociodigitales y/o en los medios tradicionales de comunicación, significa que hay más de un extravío, ya sea por inacción de las estructuras políticas, o por debilidad de las políticas estatales, o por estrategia que prioriza la resolución de los hechos en los imaginarios colectivos, o por iniciativa de los medios y redes, o por la característica actual que a título de comunicación combina el acceso prosumidor con la sobreexposición, la sobreactuación, el histrionismo, la hiperinformación y el exceso de desinformación que todo hecho lo transforma en narrativas de entretenimiento, evasión, duda, desconfianza y desesperanza.

En esta situación, donde los hechos se escenifican subliminalmente, con emociones y escaso o nulo razonamiento, las prácticas de la comunicación se encuentran frente al dilema de optar por la compleja tarea de recuperar las reglas del periodismo para contribuir a formar una opinión pública con criticidad, o de acogerse al facilismo que convierte la realidad en espectáculo, a veces “sin querer queriendo”, para legitimar el reino de la incertidumbre, del cansancio, de la incredulidad y del fatalismo. En nuestro país, que vive una situación de policrisis, esta tensión está siendo ganada en cantidad y en impacto por “la política y la comunicación pop”, a pesar de la persistencia de un periodismo que lo mismo que cuando un buque desafía a los tsunamis navegando contra corriente y contra natura, está bregando por una noticiabilidad con contrastación de información, verificación y orientación. Sin embargo, en las sociedades de la hiperdesinformación, una golondrina no hace verano y el vendaval acaba arrasando con lo que encuentra a su paso.

La “política y comunicación pop” son hechura de momentos de desequilibrio social que puestos en las redes sociodigitales y en los los medios que se evaden de su tradición para acogerse al carácter líquido de la desinformación, se convierten en escenarios donde la política es jalonada por la levedad y el entretenimiento y la comunicación se amolda al infoentretenimiento como fórmula de la cultura del espectáculo, que juega en ambientes donde las ciudadanías se exponen a disputas existenciales entre el temor y la esperanza.

Estamos hablando de sistemas de infoshow político, término que se le atribuye a Gianpetro Mazzoleni, quien argumenta que existe una tendencia a tratar con los cánones de la popularidad a hechos, actores, procesos, acontecimientos y palabras de la política que tradicionalmente se desarrollaban en núcleos especializados, acercándolos a los vericuetos de la vida cotidiana y a los enjambres mediáticos, tradicionales y virtuales, en un proceso en el que la política y la cultura popular, la información y el entretenimiento, lo cómico y lo serio, lo real y lo surrealista, se unen en una especie de matrimonio entre la política y los medios y redes, y que provocan el efecto sound bites (fragmentos de sonido), a través del cual se intercalan “fragmentos de declaraciones, frases de efecto de este o aquel exponente político, citas breves que encajan a la perfección con el ritmo apremiante de las noticias”. Es decir que se muestra el árbol y no el bosque, se exponen partecitas y no la totalidad de la realidad, lo que hace internalizar que se informa y se conoce un tema concreto, pero lo cierto es que no se lo analiza, se lo intuye desde la epidermis en la que opera removiendo emociones y frenando el salto a los sentipensamientos con razonamiento crítico.

En estos ambientes, desde una perspectiva utilitaria los medios descubren que la política puede crear nuevas audiencias, diversos nichos de mercado, crecimiento de los ratings y, por tanto, lucrativos ingresos, mientras que los políticos caen en cuenta que pueden alcanzar a un amplio número de personas de diversos contextos, y establecen un pacto no escrito de mutua conveniencia. El requisito para que esto funcione radica en que los políticos y los hechos políticos se adapten a la lógica de la masividad, es decir de la popularidad combinada con los gustos, adoptando los lenguajes y estilos de entretenimiento, levedad, sensacionalismo, paternalismo y banalización a los que acuden los medios y las redes sociodigitales ganados por afanes mercantiles.

El procedimiento dominante en la política y comunicación pop es el politainmet, anglicismo compuesto por la politic o política y el entertainment o entretenimiento, por lo que se podría asumir que se trata de un quehacer de la política siguiendo las reglas del espectáculo y la popularidad, que se explica en estas dimensiones: en el establecimiento de una cultura del espectáculo; en el traslado de la política a los sets de los medios tradicionales y a los espacios digitales, amoldándose a sus lenguajes de infoentretenimiento; en la ralentización conceptual del populismo; y por agotamiento, en la creación inesperada de su contraparte que reposiciona la criticidad.

La coyuntura política convertida en cultura del espectáculo

La cultura del espectáculo es para Gilles Lipovetsky la “cultura mundo”, que Mario Vargas Llosa dice que aborrega al individuo y lo hace reaccionar de manera gregaria en una cultura del entretenimiento con recursos fabricados para la conquista de niveles importantes de rating, ese socio del mercado que fija los valores de la sociedad en la civilización del espectáculo. En estas sociedades la primacía la tiene la diversión, la publicidad se convierte en el elemento ordenador de las conductas sociales y la trivialización gana estatuto estratégico.

En este ambiente, la organicidad social se hace con productos comunicacionales fabricados para perturbar, angustiar, convocar a las emociones y apropiarse de un hecho o acontecimiento como el más importante de un momento coyuntural en el que debe competir por la agenda noticiosa con otros hechos acuciantes de la vida económica y política. En el contexto de la realidad actual del país, varios temas están disputándose la prioridad en las agendas, veamos: el alza del costo de vida entre otras causas por las fluctuaciones del dólar; la irresolución en la oferta de carburantes que obliga a largas filas de vehículos y prolongadas esperas de sus conductores cada vez más impacientes e indignados; los casos cotidianos del crimen organizado con ajustes de cuentas por sicarios que acaban naturalizándose en las composiciones sociales; la cantidad inexplicable de feminicidios; hechos de corrupción sin resolución; el acuerdo con condicionalidades del FMI, y varios otros que bien podrían ocupar los primeros lugares de la agenda informativa. Toda situación de policrisis conlleva su contraparte de dispersión informativa con lecturas interrelacionadas de la totalidad y la profundidad del problema.

Es en estos ambientes donde los temas buscan noticiabilidad. Unas veces son los propios hechos los que lo logran, otras, cuando la comunicación gubernamental es fuerte salen de los gobiernos con mecanismos de control de las audiencias y, a veces también las noticias se originan en espacios ciudadanos, con problemas ciudadanos que saben incursionar en los recovecos de la política. Ésta es la situación del bullado caso Beller - Cerimedo, que ha colmado por semanas la agenda pública de las redes y los medios, calando hondo en la atención ciudadana.

El caso en cuestión es un típico lío de alcoba que tiene la capacidad de extenderse hasta los entornos y los adentros del palacio presidencial, situándose metodológicamente entre lo anecdótico y lo paradójico. En este posicionamiento tienen que ver dos aspectos. Primero, porque se trata de un intento de feminicidio mostrado públicamente, in situ, por medios y redes, como si se tratara de una película en vivo. Contribuyen a este récord de sintonía la manera como se desarrolla, o se muestra con una ejecución que a dos metros de la víctima provoca heridas sin sangre y con una recuperación relámpago de la víctima que se convierte raudamente en fuente de información sobre el hecho y sobre las relaciones de su posible autor intelectual, que viene a ser nada más y nada menos que el asesor político personal del presidente el Estado. Esto convierte la rutina en hecho de alta prioridad y la forma de su tratamiento convierte la comunicación y la política en show y espectáculo.

Pero el tema sabe sostenerse en los primeros lugares de la agenda y de la sintonía, por la capacidad comunicativa que tiene la principal fuente de información, la Sra. Nadia Beller, que en realidad marca la agenda de los medios y de las plataformas dosificando y entregando información una a una, poquito a poco, además con creación de expectativa en cada lapso, del mismo modo que un culebrón de telenovela. Concede entrevistas a diversos medios y cada uno de ellos las asume como primicia. Sabe aprovechar el tiempo que le concede el hecho que el tratamiento de su caso no llegue a los juzgados y se ventile en los medios. El manejo de imagen y del discurso o narrativa tiene también sus fundamentos: hay manejo de la hipérbole (exageración) en el inicio de cada entrevista con la vista de la víctima del atentado mostrando sus cicatrices y balbuceando apenas las palabras, que conforme transcurren las entrevista se normalizan y expresan a voz en cuello. La sinécdoque (evasión) está presente cuando se tocan los temas relacionados con el presidente y su familia, claramente no es su objetivo principal, sino el que muestra el recurso de la antonomasia (adjetivación) dirigida con energía y claridad a su ex pareja y asesor presidencial, Fernando Cerimedo. La hipérbaton (confusión) baña todo el recorrido discursivo. 

Las otras fuentes de información, donde son los hechos más que las narrativas los que generan información, son el asesor presidencial Cerimedo y el entorno presidencial. La información sobre (no desde) Cerimedo consolida informaciones que ya se conocían sobre su participación en procesos electorales y gobiernos de extrema derecha, utilizando métodos de desinformación digital reñidos con toda ética. También se hace noticia su fortuna y la posesión de una cloaca (léase granja) de bots con los que manipulaba información dentro y fuera de nuestras fronteras. El entorno presidencial como fuente tiene tres aristas: la innecesaria imprecisión sobre las relaciones con el asesor; el silencio sobre las acusaciones hacia el presidente y su familia derivando de manera correcta su resolución en los ámbitos de la justicia; y la debilidad de la comunicación gubernamental que no sabe agendar otros temas económica y políticamente de mayor importancia, ni sabe justificar la opción del silencio. Curiosamente, el hecho que otorga una pausa, desplazando éste tema del primer lugar de la agenda, es la desgracia ocurrida en el cuartel de Viacha con una doble explosión que deja víctimas mortales y heridos, dejando muchas interrogantes y tareas por resolver.  

En estos ambientes, que se acompañan de la masificación del consumo (des)informativo, las sociedades viven momentos de evasión y búsqueda de distractivos como escapatorias de las preocupaciones. Y las redes y los medios los saben proporcionar. Así dadas las cosas, el campo político es ocupado por los cánones de la espectacularidad y del espectáculo, donde el tejido social se hace con productos que pretenden exaltar todo aquello que perturba, angustia, convoca, genera crítica, moviliza y dinamiza los reclamos. La simpatía con un hecho o un personaje reemplaza al pensamiento crítico.

Mediatizaciones y escenarios posibles

En estos tiempos del capitalismo de la información y la vigilancia, desde el lado de la política y la comunicación pop, dos corrientes precipitan torrentes culturales y políticos que están ralentizando el sentido de lo humano. Una tiene que ver con el uso mercantilizado que se hace de la disrupción tecnológica, convirtiéndola en una trituradora de valores al desenraizar al individuo de su ser social, para anudarlo a una relación automatizada y adictiva con el mundo digital. La otra corriente se alimenta con la insuflación mediática, cultural, política e institucional de la polarización con sus arrebatos de descalificación, confrontación, aislamiento, desprecio y odio como conductas naturalizadas por las costumbres de la nueva normalidad. A modo de advertencia sobre estos derroteros, Byung-Chul Han dice que estaríamos ad portas de un régimen de infocracia, en el que se eliminarían la comunicación y la misma democracia por la prevalencia rectora de los algoritmos, la infodemia y las no-cosas por sobre la verdad.

Para comprender las articulaciones entre comunicación, cultura, sociedad y política, es necesario considerar que en el consumo contemporáneo las audiencias prosumidoras eligen qué ver, sin someterse, pero sí negociando espacios y tiempos con la oferta de los medios y con la desprogramada exposición digital de streamings, descargas, podcasts, reels, memes, Tik Toks y otros. Así es este mundo de ahora, donde ya no es el medio el que une las individualidades, sino una narrativa, una historia que puede circular en Youtube, o en WhatsApp, o un blog, o se puede descargar para verla en el ordenador, o conseguir el link para verla en imagen, o escucharla en audio, o leerla, con la posibilidad de repetirla, si se quiere, o frenarla a medio recorrido, rebobinarla, (des)arreglarla o calificarla con un like.

En estas condiciones, los procesos de comunicación suelen seguir este derrotero: Primero se crea expectativa, alta expectativa, centrando la atención en un hecho. Sobre esa base se instala un ambiente de duda, porque no se sabe qué es cierto o no, qué se teatraliza o no, cuándo un producto es o no producto de la inteligencia artificial. La duda da lugar a la desconfianza, porque ya nadie cree en nadie ni confía en nadie, no sólo en el tema del caso en cuestión, sino también con los otros temas de la realidad. Y de la desconfianza se da el paso a la frustración, al pesimismo, al fatalismo, creando imaginarios colectivos de desesperanza, en nuestra realidad, por ejemplo aseverando que octubre será el límite de tolerancia. La narrativa corre como reguero de pólvora y las emociones no dejan ver más allá del mito instalado.

Lo que este proceso no está dejando ver, es que el exceso de protagonismo de hechos o personas, o a la aparición de otros personajes y hechos relacionados conlleva la posibilidad de generar cansancio, agotamiento, hastío, lo que provoca que baje la atención en las ciudadanías y también la dedicación de tiempos, programaciones y productos en las redes y en los medios. En este caso la presencia del vicepresidente Edman Lara, en función de tiktoker, aparece con denuncias que dejan pendiente la presentación de pruebas y ponen en duda la credibilidad sobre los hechos. Aparejado a esto, denuncias de nuevas situaciones y personajes como el presidente de la Fiscalía, abonan al desgaste del tema en un proceso comunicacional en el que, a mayor dispersión, menor credibilidad. Es un proceso de autodesgaste que suele derivar en su propia extinción, con un efecto boomerang que afecta a sus creadores.

En el caso en cuestión, ya la fase de su resolución mediática ha sido superada de lejos en el tiempo y en las preocupaciones. Es un caso que debe ponerse en manos de la justicia y la función comunicacional debe encaminar este proceso sino quiere diluirse junto con el tema y sus protagonistas. Es una oportunidad para que el periodismo se repiense casa adentro. No puede ser casual que reporteros pugnen por tomarse fotografías con la hermana del mayor narcotraficante de nuestro subcontinente. Este hecho no es casual, sino reflejo de cómo se desgastó el sistema. Las crisis suelen ser oportunidades para reconducirse. El periodismo tiene sus referentes, su historia, sus protocolos, sus códigos,sus organizaciones y su misión para hacerlo, ahora.

La otra derivación posible, y deseable, es la resiliencia comunicacional y política desde el hartazgo hasta la recuperación de la esperanza. En estos tiempos la comunicación gana sentido en su capacidad para contribuir al encuentro desde las fragmentaciones, generando espacios para estar juntos, compartiendo, conviviendo. También cobra valor estratégico reconduciendo procesos desde el espectáculo hasta la realidad-real, en un ambiente en el que la cartografía comunicacional se ha complejizado, por lo que es necesario mantener las brújulas para orientar los recorridos por los mapas desde los medios a las mediaciones y desde las redes a las transmediaciones, antes que los robots y los algoritmos, que no tienen corazón, y los bots y los trolls puestos en función de la posverdad, nos impongan sistemas de valores contabilizados en likes y no en sentipensamientos.

En cualquier circunstancia, comunicación es la construcción, de/construcción y re/construcción de sentidos de sociedad, de cultura, de política y de espiritualidad. Es tiempo de desteatralizar la política convertida en espectáculo, reinventando políticas alternativas, recuperando los códigos periodísticos y corazonando la vida para rehumanizar la comunicación.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.
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