domingo 11 de octubre de 2026

Narcomaderas: Alea iacta est, ¿y ahora, que hacemos canciller?

La prueba que demostraba la infamia a la que fue sometido el sector exportador boliviano se ha convertido en cenizas, todo ello ante la abulia de una diplomacia boliviana que cree que las buenas relaciones pasan por la autocensura.

El próximo 16 de octubre está prevista la visita oficial del presidente José Antonio Kast a Bolivia.

La llegada del mandatario chileno se produce en medio de uno de los episodios más sombríos de las recientes relaciones comerciales bilaterales. Es el denominado caso “narcomaderas”.

En junio, autoridades chilenas anunciaron el decomiso de más de 1.000 toneladas de madera boliviana supuestamente impregnada con sustancias controladas. Según ellos, fue el mayor decomiso proveniente de Bolivia, dando origen a una de las historias más enrevesadas e inverosímiles de los últimos tiempos.

Al final, la acusación resultó ser falsa. Hasta ahora, la Fiscalía chilena no ha presentado elementos que sustenten sus acusaciones y, por el contrario, informes periciales presentados por los empresarios demuestran que la acusación no tiene ni pies ni cabeza. En buen chileno, diríamos que “armaron un tremendo atao por nada”.

Hoy, lo único evidente son los enormes perjuicios ocasionados al sector forestal boliviano, las cuantiosas pérdidas económicas y el daño reputacional infligido a la imagen del Estado boliviano.

Frente a ello, la pregunta esencial ya no es qué ocurrió en Chile, pues ello salta a la vista; sino qué hizo o qué dejó de hacer la Cancillería boliviana para defender los derechos de sus connacionales y los intereses del Estado boliviano.

La respuesta es inequívoca y deshonrosa: ¡NADA! Porque, en la defensa de los intereses nacionales, no basta con manifestar preocupación, intercambiar comunicados o anunciar reuniones. Hay que utilizar los instrumentos que el derecho internacional público pone a disposición de los Estados, que son legalmente y legítimamente válidos. Uno de ellos es la protesta diplomática.

Las empresas involucradas asumieron su defensa y, con rigor, demostraron el carácter temerario de las acusaciones. Ante la abrumadora evidencia, el sector empresarial boliviano en su conjunto actuó y, de manera solidaria y consecuente, protestó y reclamó que el asunto dejara de ser una cuestión exclusivamente empresarial para adquirir una dimensión de Estado a Estado. Clamaron que la Cancillería intervenga.

El pedido estaba más que justificado. Durante el proceso investigativo se habían vulnerado derechos y garantías fundamentales de los bolivianos, entre ellos, el debido proceso. Pero no solo eso: una denuncia de semejante gravedad afectó directamente los intereses legítimos del Estado boliviano.

A pesar de que el problema iba creciendo, la Cancillería boliviana se amilanaba. Confundía la prudencia diplomática con la pasividad institucional. Para decirlo sin ambages, tiene miedo de actuar.

Sin embargo, ante la abrumadora evidencia, y los efectos adversos que enturbiaba la visita de Kast, intuyo que, de emergencia, el canciller viajó a Santiago para entrevistarse con su homólogo.

Oficialmente, la justificación que se dio fue preparar la visita presidencial del mandatario chileno. Dudo que ese fuera el verdadero propósito, pues para coordinar los aspectos protocolares de la visita existe un cónsul general en funciones en Santiago y canales diplomáticos que deben ser utilizados. En realidad, el asunto de fondo que generó el encuentro entre los cancilleres era el caso narcomaderas.

Concluido el encuentro, se publicó un comunicado conjunto. El documento señala que el canciller boliviano expresó su preocupación por la madera retenida y destruida en Chile.

La respuesta del canciller chileno, Francisco Pérez Mackenna, fue que “tomó nota” de esa preocupación y que canalizaría los antecedentes. En el lenguaje diplomático, la expresión “tomar nota” es una fórmula protocolar muy utilizada para responder algo, sin asumir necesariamente ningún compromiso concreto.

Tomar nota no implica aceptación, no supone una obligación de actuación ni garantiza resultado alguno. En términos prácticos, diríamos que no significa nada.

Quienes creen que el análisis debe ir más allá de las palabras y que se debe considerar el contexto global; deben preguntarse ¿qué obtuvo Bolivia? La respuesta sigue siendo la misma: ¡nada!

En su inocencia, candidez e inexperiencia, la Cancillería cree que conseguir un comunicado conjunto constituye, por sí solo, un gran logro diplomático, aunque el texto no diga nada.

La diplomacia profesional sabe que la gestión no consiste únicamente en conversar; también exige negociar, reclamar y defender los intereses nacionales con firmeza. En el caso de las narcomaderas, no bastaba con decir que preocupa. Había que demostrar por qué, identificar sus consecuencias y utilizar los instrumentos adecuados para obtener una respuesta. Reitero, ¿había que protestar!

No transcurrieron ni 24 horas cuando la prensa boliviana informó que, según el abogado de la defensa, el cien por ciento de la madera había sido quemada.

Así, en los hechos, la fórmula retórica del “tomo nota” terminó adquiriendo la verdadera dimensión que el Gobierno chileno quiso darle a la preocupación boliviana planteada. La respuesta chilena, en los hechos, se tradujo a un lenguaje áspero, directo y desprovisto de formalismos diplomáticos. La respuesta pasó a ser un estruendoso “no me importa”.

Por supuesto, esas no fueron literalmente las palabras del canciller chileno. Sin embargo, las fórmulas diplomáticas adornan respuestas que hay que saber leer, entender y asumir, porque no se pueden ocultar.

La prueba que demostraba la infamia a la que fue sometido el sector exportador boliviano se ha convertido en cenizas, todo ello ante la abulia de una diplomacia boliviana que cree que las buenas relaciones pasan por la autocensura. Una pasividad incompatible con el deber de proteger los intereses nacionales

Señor canciller, alea iacta est. ¿Y ahora, que hacemos? ¿llorar sobre la leche derramada?

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.
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