lunes 12 de octubre de 2026

Francotirador

PISA, Macao y James Bond en la globalización educativa

PISA es una referencia útil. Sus estándares no deben convertirse en una receta para copiarlos mecánicamente, ni sus resultados son una clasificación que se burle de los países rezagados.

Para mejorar la calidad educativa, Bolivia y América Latina necesitan menos complacencia curricular y más “ambición intelectual”. La experiencia de Macao demuestra que es posible formar estudiantes capaces de responder a estándares internacionales exigentes, sin renunciar a la propia identidad. Pero, ¿cómo entender Macao?

Muchos lugares pueden ser recordados por sus extravagancias y otros por las lecciones que ofrecen. Macao pertenece a ambas categorías. En Skyfall, la película de James Bond estrenada en 2012, aparece como parte de un universo donde los casinos, el dinero, la intriga y el peligro se confunden con una elegancia casi absurda. La ciudad evoca luces, apuestas y fortunas que cambian de manos en una sola noche. Sin embargo, existe otra apuesta, menos espectacular y mucho más trascendente que merece nuestra atención: la educación.

Macao es una región administrativa especial de China (no es un país), conocida internacionalmente por sus casinos e industria turística. Asimismo, logró situarse entre los sistemas educativos de alto desempeño que participan en las pruebas PISA (Programme for International Student Assessment), promovidas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). En PISA 2025, Macao se ubicó en los primeros puestos en el ámbito global. Matemáticas: 549 puntos (tercer lugar en el mundo); ciencias: 541 puntos (tercer lugar en el mundo); lectura: 501 puntos (quinto lugar en el mundo); aprendizaje en el mundo digital (resolución de problemas con herramientas computacionales): 572 puntos (primer lugar a nivel global); y ciencias ambientales: 539 puntos en promedio.

No estamos hablando de un milagro asiático ni de una superioridad cultural. Estamos frente a resultados que obligan a formular una pregunta incómoda para América Latina: ¿por qué algunos sistemas educativos consiguen que una proporción tan amplia de sus jóvenes domine conocimientos fundamentales y sea capaz de utilizarlos ante problemas nuevos, mientras que nuestros países siguen discutiendo sobre reformas, identidades curriculares y promesas de transformación que no se traducen en mejores aprendizajes?

La apuesta no está en el casino

El atractivo de Macao para James Bond reside en la posibilidad de sobrevivir en un escenario imprevisible, interpretar señales, anticipar movimientos y resolver problemas bajo presión. La educación de calidad en el siglo XXI persigue una ambición similar, aunque sin pistolas, persecuciones ni apuestas millonarias: formar personas capaces de comprender situaciones complejas, distinguir información confiable, razonar con autonomía y encontrar soluciones cuando las respuestas no están escritas en un manual.

PISA mide, precisamente, una parte de esa capacidad. No se limita a preguntar si el estudiante memorizó una definición o repite correctamente una fórmula. Evalúa si puede aplicar sus conocimientos de matemáticas, lectura y ciencias a situaciones que exigen interpretar, comparar, argumentar y resolver problemas. El conocimiento escolar importa, pero también lo que el estudiante consigue hacer con él.

La experiencia de Macao resulta significativa porque sus resultados no se limitan a una pequeña élite de estudiantes extraordinarios. En PISA 2022, una proporción elevada alcanzó el umbral básico de competencia y otra parte logró niveles avanzados. La OCDE también identificó a Macao entre los sistemas que combinan un alto desempeño académico con una influencia relativamente menor del origen socioeconómico sobre los resultados, aunque las desigualdades no desaparecen por completo.

Aquí hay una lección: la excelencia educativa no consiste solamente en producir algunos estudiantes brillantes, sino en ampliar la cantidad de jóvenes que pueden aprender, comprender y competir intelectualmente.

Ahora tampoco debemos idealizar nada. Macao presenta dificultades propias, como la disponibilidad de docentes y diferencias en el rendimiento entre estudiantes. Sus resultados en 2022 mostraron descensos respecto de 2018 en matemáticas y lectura. El mérito de un sistema no consiste en ser perfecto, sino en disponer de instrumentos para reconocer sus problemas y corregirlos. Macao revirtió la situación y con la ayuda de la universidad (también de gran calidad y con mucha seriedad en el trabajo científico), pudo superar sus problemas y tuvo un excelente desempeño en PISA 2025.

Disciplina y esfuerzo

¿Qué puede aprender América Latina de Macao? La primera lección tiene que ver con las expectativas académicas. Ningún sistema mejora si se acostumbra a considerar normal que los estudiantes terminen la escolaridad, sin comprender lo que leen, sin manejar las operaciones matemáticas fundamentales, o sin desarrollar una explicación científica coherente.

La disciplina intelectual comienza cuando una sociedad deja de confundir el derecho a la educación con la garantía automática de haber aprendido. Asistir a clases es indispensable, pero no equivale a dominar conocimientos. Promover de curso puede ser necesario en determinadas circunstancias, pero tampoco demuestra, por sí mismo, que exista aprendizaje. La verdadera justicia educativa consiste en asegurar que todos tengan oportunidades reales de aprender y reciban apoyo cuando encuentran dificultades.

Los datos de Macao ofrecen un argumento a favor de establecer metas claras, evaluar periódicamente los aprendizajes y actuar antes de que los rezagos se vuelvan irreversibles. La educación inicial, alfabetización normal y digital, dominio de las matemáticas y formación científica, no pueden quedar subordinados a los cambios de gobierno ni a las disputas ideológicas del momento.

La segunda lección es que la calidad exige docentes preparados y condiciones institucionales que permitan enseñar. No basta con hablar sobre la dignidad del magisterio o aumentar los recursos destinados a la educación, si no existe una relación verificable entre esos esfuerzos y los aprendizajes alcanzados. La formación docente, el acompañamiento pedagógico, los materiales adecuados y la evaluación de resultados deben formar parte de una política coherente.

La tercera lección consiste en entender claramente que aprender requiere esfuerzo. La “motivación” importa, la curiosidad es fundamental y la escuela debe ser un espacio de descubrimiento; pero ninguna buena pedagogía puede prometer que comprender álgebra, interpretar un texto complejo o construir un argumento científico será siempre fácil. El aprendizaje demanda concentración, práctica, revisión de errores y perseverancia. La escuela no debe castigar al estudiante por equivocarse, pero tampoco puede convencerlo de que el esfuerzo es innecesario.

Conviene insistir en una precisión: PISA permite identificar resultados y estudiar asociaciones entre lo aprendido y aquello que falla, pero no demuestra que la disciplina, por sí sola, explique el desempeño de Macao. También intervienen la organización escolar, la inversión, la excelente preparación de los docentes, la educación preescolar, las condiciones familiares y otros factores históricos e institucionales. Lo importante es investigar cómo funcionan esos componentes y qué puede adaptarse a nuestra realidad.

PISA es una referencia útil. Sus estándares no deben convertirse en una receta para copiarlos mecánicamente, ni sus resultados son una clasificación que se burle de los países rezagados. Su mayor valor consiste en hacer visibles las “brechas” entre lo que nuestras sociedades prometen en educación y lo que los estudiantes saben hacer con lo recibido en las escuelas e, incluso, en las universidades, que en Bolivia y América Latina es muy mediocre. PISA descubre que la globalización educativa es imparable y debemos estar a esa altura.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.
 
 
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