viernes 16 de octubre de 2026

La espada en la palabra

¿Será el fin de la clase media?

En este escenario, cabe preguntarnos si se verían afectadas la política misma o la esencia de la democracia o las instituciones. Lo más posible es que sí.

El debate sobre la regulación de la IA está presente en círculos eclesiásticos, en ambientes políticos y en los mismos espacios tecnológicos; motivos para el miedo o al lo menos para el escepticismo no faltan. No se sabe cuáles serán los alcances que posea esta tecnología en, por ejemplo, los campos de la educación o el entretenimiento en los próximos 5 o 10 años. Sin embargo, en lo referido a las estructuras económicas y la distribución de la riqueza, hay ciertas inferencias que ya se pueden hacer respecto a algunas tendencias marcadas que ya registra la historia.

Como expuso el economista Tomás Piketty en su libro El capital en el siglo XXI (2013), la conformación de la clase media a nivel mundial no fue el destino “natural” y menos un destino perpetuo que alcanzó la humanidad debido a los diversos fenómenos sociopolíticos y tecnológicos; fue solo un capítulo más en su la trayectoria en la Tierra. En este sentido, y teniendo en cuenta que muchos puestos laborales y trabajos están ya en peligro de desaparecer, cabe preguntarnos seriamente si la tan mentada —y muchas veces elogiada— clase media podría ir desapareciendo en el mundo.

En este sentido, la tesis que plantea el historiador Harari es bastante simple pero sugestiva. Indica que los empleos que requieren fuerza física (como el de fontanero, albañil o jardinero) seguirán vigentes con sueldos bajos, mientras que los puestos para programadores y diseñadores de sistemas de IA crecerán exponencialmente. En esa ecuación, hay que añadir que las profesiones liberales y convencionales, desempeñadas en gran medida por clases medias, como la de psicólogo, profesor, contador público o diseñador, podrían ser realizadas por una IA. Esto quiere decir que podrían desaparecer para los seres humanos.

Por consecuencia, podría haber muchos más jóvenes desempleados que se vean obligados a decantarse por trabajos manuales inmunes a la desaparición —como el de conductor de Uber, floricultor, albañil o asistente de ancianos— o por carreras nuevas vinculadas con la tecnología o el entrenamiento de modelos o la programación de sistemas de IA. Eso sí: los primeros tendrían dificultades para moverse socialmente y reunir capital para iniciar un negocio propio o conseguir una vivienda propia. Y la sociedad, y la misma familia, se verían afectadas.

En este escenario, cabe preguntarnos si se verían afectadas la política misma o la esencia de la democracia o las instituciones. Lo más posible es que sí. Y dado que todas ellas nacen de la realidad del hombre en su afán por organizarse colectivamente y vivir mejor, es posible que el debate sobre la razón de ser o el modo de funcionamiento de algunas instituciones, como el Parlamento o el Poder Judicial, no sea una cosa descabellada.

Con todo, cabe recordar dos cosas. La primera es que, así como el avance de la historia y la IA es lo mismo implacable que impredecible y por ende que muchas de las profecías que hacen los analistas e historiadores podrían ser erradas, sí hay una tendencia fuerte que nos permite colegir ciertos escenarios. La segunda es que es difícil que los análisis intelectuales como el presente, por muy fríos u objetivos que sean, aplaquen los rencores de las clases desfavorecidas, y por ende es probable que las reivindicaciones políticas, muchas de ellas violentas, se sigan registrando en lo subsiguiente. Como dijo en su libro el mismo Piketty, “el análisis erudito jamás pondrá fin a los conflictos políticos suscitados por la desigualdad” y “no existe ningún proceso natural y espontáneo que permita evitar que las tendencias desestabilizadoras y no igualitarias prevalezcan permanentemente”.

Lo último y quizá más importante que hay que recordar es que lo que suceda en el futuro próximo está, todavía, en las manos del hombre y no en las de la IA.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.
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