sábado 17 de octubre de 2026

Contra viento y marea

¿Tenemos canciller?

La percepción de una “actuación nula” o un “canciller invisible”, responde a una improvisación en la designación de altas autoridades de Estado, haciendo que los diplomáticos de carrera se hayan preparado en la Academia solo para cumplir roles subalternos en el portafolio que teóricamente es cabeza de la diplomacia boliviana.

“Desde el primer día…”. Así comenzaban los compromisos de cambio que durante su campaña el ahora presidente Rodrigo Paz Pereira pronunciaba, supuestamente para dejar atrás 20 años de desastrosos gobiernos (incluido el de Jeanine Añez). Uno de los tantos problemas que todavía se arrastran desde el primer gobierno de Evo Morales, es el de las relaciones internacionales, porque efectivamente tuvimos un canciller que para el entonces presidente era el mejor ministro de Relaciones Exteriores del mundo y sus alrededores. Pues bien, con David Choquehuanca el país no consiguió nada que no fuera perder todo derecho a una salida al mar. Su ineptitud para el desempeño de una cartera asaz importante en la estructura de cualquier Estado moderno, ha provocado un estancamiento en nuestro relacionamiento con el mundo, del que, en el siglo presente sobre todo, ningún país puede prescindir sin el riesgo de quedar totalmente aislado, como Cuba, Nicaragua, Venezuela y muchos otros países africanos.

Recordemos que, al inicio de la gestión de Evo Morales, se estableció con Chile una agenda de 13 puntos orientada a la recuperación de nuestra salida al océano Pacífico. Pero, como era de esperar, el diálogo fracasó rotundamente, congelándose tras el cambio de gobierno en el vecino país por uno con que nuestro gobierno era incapaz de mantener estrategias de resultados positivos. Lo que le siguió fue el engaño que hizo a todos los bolivianos con una demanda de reivindicación marítima que resulto un fracaso, pues la Corte Internacional de Justicia declaró que Chile no tiene ninguna obligación jurídica de entablar negociaciones para darnos salida al mar.

En 2016, Choquehuanca, desconociendo procedimientos y protocolos diplomáticos, encabezó una comitiva a Arica y Antofagasta para denunciar abusos a transportistas bolivianos. Le sucedieron varios exabruptos en la gestión ministerial, con el deterioro de las relaciones con socios estratégicos, como sucedió con las fricciones con el Perú, y aunque en una actuación más bien interna, David Choquehuanca quedó mal parado en la marcha de los indígenas del Tipnis, demostrando su incapacidad, esta vez mediadora. Los desaciertos todavía fueron muchos, como las millonarias indemnizaciones que siguen imponiéndose a Bolivia por distintas actuaciones al margen de la ley y en las que la Cancillería no hizo nada bien.

Con todo, Choquehuanca era un hombre mediático y que captaba la atención general con cada una de sus torpes actuaciones. Pero, actualmente, ¿el país tiene un canciller?

Entendemos que hace algunas semanas, ante la reorganización del esquema ministerial del presidente Paz Pereira, una nueva autoridad asumió funciones en esa cartera, pero aquello de “Bolivia para el mundo y el mundo para Bolivia”, planteado por la primera autoridad, no tiene la menor posibilidad de hacerse realidad, pues el antecedente con que cuenta el ministro de Relaciones Exteriores de 15 años en la Defensoría del Pueblo, no es ni mínimamente suficiente para desempeñar con eficiencia el organismo rector de las relaciones internacionales. Durante la era Morales, aunque sea y solo en afán prebendal, teníamos en el servicio exterior charanguistas, artesanos, cantantes, dirigentes sindicales, porque la Cancillería de entonces que nada bueno hizo; se esmeraba en meter la pata, para lo que toda oportunidad era buena. Hoy, los pocos nombramientos a nivel diplomático que se hicieron fueron políticos antes que meritocráticos; si no, que alguien diga que Fernando Camacho tiene algún mérito o formación en relaciones internacionales, o que la designación de José Luis Lupo —de quien, dicho sea de paso, no se tiene ningún buen recuerdo de su paso por el Ministerio de la Presidencia— tuvo que ver con un perfil diplomático.

La percepción de una “actuación nula” o un “canciller invisible”, responde a una improvisación en la designación de altas autoridades de Estado, haciendo que los diplomáticos de carrera se hayan preparado en la Academia solo para cumplir roles subalternos en el portafolio que teóricamente es cabeza de la diplomacia boliviana.

Mientras sectores comerciales sufren perjuicios de coordinación internacional en las fronteras, como últimamente nos enteramos a través de las denuncias de los afectados, así como ataques mediáticos de exportación, las autoridades se han limitado a declarar que siguen “evaluando nombres”, dejando al país sin una defensa institucional firme en el extranjero. El servicio exterior, al igual que el resto del aparato estatal, sigue siendo utilizado como espacio de cuotas políticas o de aprendizaje institucionalizado.  El desencanto ciudadano radica en que las promesas de cambio e institucionalidad meritocrática chocan con una realidad que no parece tienda a mejorar. De hecho, la Cancillería parece estar marcada por un sino que la condena a empeorar cada vez más.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.
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