miércoles 21 de octubre de 2026

Panorama

Marruecos, ante el desafío de una generación que sueña con Europa

El cruce irregular de 80.000 personas de Fnideq a la ciudad española de Ceuta (norte de África), el pasado 30 de julio, desató una crisis con España y destapó las dificultades de Marruecos para retener a sus jóvenes.
Un joven rifeño de Alhucemas que intentó en una ocasión llegar a nado a Melilla, pero fue interceptado en el mar por la Marina marroquí. Foto: EFE
Un joven rifeño de Alhucemas que intentó en una ocasión llegar a nado a Melilla, pero fue interceptado en el mar por la Marina marroquí. Foto: EFE

EFE / Alhucemas (Marruecos)

Amir, Karim, Ayoub... Cada nombre esconde una historia con un horizonte común: Europa. Las nuevas generaciones en Marruecos acarician el sueño europeo y la emigración amenaza con hipotecar el futuro del país. ¿Qué les impulsa a emigrar? Se trata de ingresos, pero también de derechos, coinciden los jóvenes.

El cruce irregular de 80.000 personas de Fnideq a la ciudad española de Ceuta (norte de África), el pasado 30 de julio, desató una crisis con España y destapó las dificultades de Marruecos para retener a sus jóvenes.

El país crece al 4 % y multiplica sus infraestructuras, pero según datos oficiales, el paro entre los menores de 24 años roza el 38% y tres de cada diez no estudia ni trabaja. El 45 % de los presos tiene menos de 30 años.

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La vecina España tiene una economía 10,5 veces mayor y su PIB por habitante equivale a 8,3 veces al marroquí: 34.400 euros anuales frente a 4.163.

La ruta migratoria del Mediterráneo occidental, que conecta el norte de Marruecos con el sur español, es una de las más utilizadas. Según Frontex, las entradas a Europa por esta vía han crecido un 26% en lo que va de año.

El corredor migratorio no se limita a las fronteras con Ceuta y Melilla o a los 15 kilómetros que separan Tánger de la punta española de Tarifa. Los emigrantes se lanzan a travesías de hasta 200 kilómetros desde Alhucemas (norte de Marruecos) para llegar a las costas andaluzas de Almería, Granada o Málaga.

El sueño roto de Karim

Karim, tiene 28 años. Participó en el Hirak del Rif, una protesta social que sacudió el norte de Marruecos en 2016. Tras las condenas a sus dirigentes, decidió irse.

Ha intentado emigrar cinco veces desde las playas del norte. Ni siquiera la muerte de su tío, ahogado en un intento, le quitó la idea.

En su primera escapada ayudó a organizar un cruce en lancha con 26 personas. Fueron interceptados por la Marina marroquí y fue condenado a tres meses. Los intentos sucesivos terminaron en fracaso y penas de hasta tres años de cárcel.

"Ahora no pienso en emigrar porque estoy cansado", comenta resignado a EFE. Casi diez años después su primer intento, Karim recomienda vías legales para salir, con visado o contrato de trabajo.

Cuestión de derechos

También su amigo Walid aconseja una emigración legal. Llegó a España con 17 años y trabajó en la construcción hasta que, a los dos años, fue expulsado porque no tenía papeles.

En 2024 volvió a intentarlo. Se apoderó de una embarcación en el puerto de Alhucemas y salió con 11 personas, pero el oleaje les obligó a regresar. Ahora espera que sus hermanas, residentes en Europa, le consigan un contrato de trabajo.

"Marruecos es un buen país, pero aquí no se respeta la dignidad de las personas como en Europa. En Marruecos no existe una democracia real; no miran lo que llevas dentro, sino lo que tienes en el bolsillo", lamenta.

Walid habla con EFE sobre el cruce masivo a Ceuta: "Si hubieran encontrado condiciones de vida dignas, no lo habrían hecho. Pero esa no es una buena manera de emigrar".

Según Mohamed El Mejjaoui, de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) de Alhucemas, "para sentir que perteneces a una nación tienes que percibir sus beneficios y sus derechos. Un país que no te garantiza unos derechos básicos no es tu país".

 
"Aquí estamos de forma provisional"
Ayoub conversa con EFE en Alhucemas una semana después de su tercer intento fallido de llegar a España.

"Pagué 7.000 euros, éramos once en una 'buletera' -barco típico de pesca de la zona- Estuvimos 25 horas en el mar y llegamos al puerto de Málaga. Salimos andando, pero 20 minutos después nos habían detenido", recuerda este joven de 22 años.

Devuelto a Marruecos, las autoridades le condujeron a Chichaoua, 900 kilómetros al sur de Alhucemas. "Mi familia me envió dinero para poder regresar a casa".

¿Por qué te vas? "Todo el mundo tiene la idea de irse. Los que pueden, en barco o en lancha, los que no tienen dinero entran a Ceuta o Melilla. Otros salen con visado y no vuelven. Aquí todos estamos de forma provisional", responde.

Amir, de 21 años, espera su oportunidad para emigrar. "No se trata solo de un tema económico, se trata de derechos, de sanidad, de salud".

A su lado, sus amigos asienten. Son ocho, de entre 16 y 33 años. Casi todos han intentado irse y otros esperan porque no tienen los hasta 12.000 euros que piden los "intermediarios".

"Todo lo que se mueve por el agua se utiliza para salir, barcas, lanchas rápidas, de goma, incluso motos acuáticas", explican. "Salen de cualquier parte" y con personas procedentes de todo el país.

¿Por qué arriesgar la vida?
Omar, tiene 45 años y trabajó en España y en Bélgica, pero regresó a Alhucemas porque no regularizó sus papeles. En uno de sus intentos fallidos salió con 30 personas en una lancha y a mitad de camino se apagó el motor.

"Tienes miedo, no ves nada, solo el mar, que es negro, y el cielo. Solo está la noche". "Ahora ya no me quiero ir", dice este vendedor de pescado.

"A los jóvenes les digo: quédense y busquen trabajo, la patera no es la única solución, si quieren irse, mejor con visado, con un trabajo".

Su pregunta resume el dilema de toda una generación: "¿Por qué te vas a arriesgar a morir?".