La Fiesta de América
Marvezi, el gran artillero de la Albiceleste que terminó de barrendero
El máximo goleador del Sudamericano jugado en Chile en 1941 fue el argentino Juan Andrés Marvezi, quien curiosamente marcó los cinco goles que le dieron ese cetro, en un partido el que Argentina le ganó 6-1 a Ecuador.
Esa actuación permitió a este centrodelantero quedar también en la historia como uno de los jugadores que más goles convirtieron en un solo encuentro en la historia del certamen continental, igualando lo logrado por el uruguayo Héctor Scarone en el Uruguay 6 - Bolivia 0 de 1926.
Luego alcanzarían este récord el también argentino José Manuel Moreno en el Argentina 12 - Ecuador 0 de 1942 (máxima goleada registrada en la Copa) y el brasileño Evaristo en un 9-0 de su selección a Colombia en 1957.
Pero más allá de estos logros, el caso de Marvezzi es muy particular por otros motivos. Y es que no fue casual que en 1943, apenas dos años después de alcanzar el pináculo de su carrera en aquel Sudamericano y tras un muy olvidable paso por Racing en 1942, este tucumano estuviera ya jugando en Segunda (la B Nacional de la época) a préstamo nuevamente para Tigre, club para el que había convertido en Primera entre 1937 y 1941 101 goles que lo convierten en el máximo goleador histórico de la entidad.
Mucho más extraño aún fue que a comienzos de 1944, luego de convertir otros 15 tantos en la principal categoría de ascenso para los de Victoria y pese a sus espectaculares antecedentes luciendo la casaca tigrense y la de la Selección, su campaña quedara abruptamente cortada sin razón aparente, ya que lejos de tratarse de un veterano tenía sólo 28 años.
Según el diario Perfil Marvezi decayó imprevistamente en su juego después de que su mujer lo abandonó para irse a vivir con un amigo y compañero suyo de Tigre. Afectado notoriamente por eso, fracasó en Racing y tampoco anduvo muy bien jugando en Segunda para los de Victoria, hasta que terminó retirándose en forma abrupta en 1.944.
A partir de entonces, trabajó por la zona y luego de radicarse por unos años en Mendoza, sus últimos días los vivió en Munro, donde falleció en abril de 1972. Para entonces, trabajaba como barrendero en la Municipalidad de Vicente López, y sufría un severo problema de alcoholismo derivado de aquel incidente doméstico que nunca pudo superar.