"Ascensión de la esperanza"
Sobrevivientes de cáncer llegan a Bolivia en busca de conquistar el Huayna Potosí
Un grupo de escaladores que sortearon la muerte y se impusieron al cáncer llegaron a Bolivia desde México, Francia y Perú en busca de conquistar el nevado Huayna Potosí, de 6.088 metros de altura.
La información fue difundida por la Fundación Unifranz, entidad que resalta que la Fundación Nuestra Esperanza opera en La Paz desde hace 12 años, ofreciendo ayuda a niños y jóvenes con cáncer, además de sus familias. Esa entidad tomó contacto con la Fundación Cimas de la Esperanza, una organización franco-mexicana que reúne a sobrevivientes de la enfermedad quienes de forma periódica escalan las cumbres más icónicas del mundo.
“Subiremos cuatro sobrevivientes de cáncer mexicanos, dos de ellos sólo tienen una pierna, otro perdió un ojo y tenemos otra integrante que superó el cáncer de mama. Nos acompañan, además, seis guías mexicanos, uno francés, otro peruano y el staff, con el que completamos un equipo de 17 personas para la expedición”, afirmó Mateo Dornier, fundador de la Fundación Cimas de la Esperanza.
El grupo de expedicionarios llegó al país con la meta de conquistar la cúspide del Huayna Potosí, pero, en las horas previas al ascenso, participaron en el conversatorio “Nuevos caminos”, a través del cual narraron sus experiencias de lucha contra la enfermedad, una actividad a la que se unieron las voces de supervivientes bolivianos, que compartieron sus vivencias con la comunidad.
“El cáncer es una enfermedad que te desgasta emocional y mentalmente, eso no sólo afecta a los que la padecen, también a sus familias”. “En la calle, cuando estás sin cabello por el tratamiento, la gente te mira raro”. “Cuando era niño escuchaba que había papás que les decían a sus hijos que no se me acerquen, porque podía tener algo contagioso”. “El cáncer es una enfermedad de largo tratamiento, que te enseña, puede ser lo mejor que te pase en la vida, si logras sanar y volver a empezar”, fueron algunos de los testimonios de los sobrevivientes.
Ximena Gutiérrez tiene 22 años. A los 14 le diagnosticaron osteosarcoma, un tipo de cáncer que afecta las células que forman los huesos, una enfermedad que le costó la amputación de su pierna derecha.
Aunque su deporte favorito es la natación, quienes la conocen aseguran que su “determinación inquebrantable” le sirvió para escalar montañas, ascender hacia la esperanza de saberse frágil, pero decidida a superar la enfermedad.
“Estoy agradecida con el cáncer porque me ha cerrado muchas puertas, pero me ha abierto otras, por las que conocí gente maravillosa”, afirma ante la mirada atenta de un auditorio repleto de personas ávidas por escuchar la historia de sanación de un grupo de sobrevivientes de cáncer llegados de México y Francia, quienes honran la lucha contra esa enfermedad, con la ascensión a algunas de las montañas más desafiantes del planeta.
“Para nosotros es importante no sólo mostrar la parte dura del cáncer, sino mostrar también que el cáncer se puede vencer. Los tratamientos pueden durar tres, cinco años, y como fundación ayudamos a los papás de los enfermos a alojarse, para alentarlos a que no dejen el tratamiento de sus hijos y no se dejen vencer, que sigan en la lucha”, sostuvo Mónica Méndez, presidenta de la Fundación Nuestra Esperanza.
En Bolivia, sólo cuatro de los nueve departamentos tienen médicos oncólogos y centros especializados para ofrecer ese tipo de atención.
“El cáncer infantil es uno de los peores flagelos que atraviesa la sociedad desprovista de un seguro médico con atención especializada. Por eso, los papás con hijos con esta enfermedad de las otras cinco regiones sin especialistas tienen que migrar para buscar tratamiento”, dice una nota difundida por la Fundación Unifranz.