2024-09-10

La población empezó a dejar de crecer

¿Por qué los bolivianos tienen menos hijos? Hay al menos cinco razones

Datos preliminares del censo mostraron una baja en la tasa de fecundidad. Expertos indican que el país se enfrentará a nuevos desafíos en los que se debe hacer ajustes financieros y mejorar las políticas públicas en cuanto a equidad de género.

La tasa de fecundidad de Bolivia bajó (2,1 hijos) según datos preliminares del censo 2024. Las causas de que los bolivianos tengan menos hijos son, por un lado, la crisis económica, la inequidad para las mujeres en las tareas de maternidad; y por el otro, avances en los derechos sexuales y reproductivos, la inclusión activa de la mujer en la cadena laboral y matrimonios cada vez más tardíos.

Las consecuencias, según expertos, serán el envejecimiento de la población, mayores presiones para los sistemas de salud, de pensiones y la falta de capital humano. Indican que el país debe asumir medidas ante los nuevos desafíos que traerá esta transición demográfica.

“En los años 60, las mujeres tenían de siete a seis hijos, en los 80 cayó a cuatro. En 2016, la primera encuesta específica para este tema encontró un promedio de 2,9 hijos y en la de 2023 vimos un resultado de 2,1. Razones hay muchas, ahora se retrasa el matrimonio, hay una mayor disponibilidad de métodos anticonceptivos; el cambio generacional llevó a la inclusión de la mujer como actor fundamental en la economía”, señaló el director del Instituto Nacional de Estadística (INE), Humberto Arandia.

A esas tres razones, los expertos suman la inequidad al momento de asumir la maternidad, y la crisis y falta de oportunidades en el país.

“Se debe partir de tener igualdad en las políticas públicas. Por ejemplo, contratar a una mujer implica un mayor costo y se vuelve una traba para el desarrollo laboral de la mujer por lo que se decide retrasar la maternidad. Se suman las tareas de cuidado que recaen en ella y no es remunerado”, afirmó la analista en políticas sociales de la Fundación  Jubileo, Carla Cordero.

Avance en derechos sexuales

“Mi madre se casó porque tuvo a mi hermano mayor. Antes, las mujeres no podían decidir si tenían hijos o no, solo llegábamos. Pensar en un método anticonceptivo era mal visto y en algunos casos hasta tenían que pedir permiso al marido. Para mí eso ha cambiado. Yo tengo una pareja y decidí cuidarme para no embarazarme, pese a que aún hay presión social, para ambos, aún no queremos tener hijos”, relató Gabriela P.

De acuerdo con cifras del SNIS-VE, el número de implantes subdérmicos (método anticonceptivo) subió de 23.102 colocados en 2015 a 54.204 en 2023. Los datos nos muestran  que en ocho años la cantidad anual de usuarias fue creciendo como muestra del acceso de las mujeres a métodos anticonceptivos.

Mientras las cifras del uso de los métodos anticonceptivos crecen, el número de nacimientos baja. A nivel nacional, la cantidad de nacidos vivos en 2015 llegó a 207.554, como el punto más alto de los últimos 20 años.

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Sin embargo, para el 2023, la cifra cayó a 160.523, cerca de 47 mil nacimientos menos en comparación a 2015, cuando los partos empezaron a descender. La diferencia acumulada entre 2015 y 2023 podría estar cerca de los 200 mil nacimientos. Asimismo, hasta agosto de 2024, se tuvieron 76.883 nacidos vivos, lo que adelanta que este año el dato será aún menor.

Cabe aclarar que estos datos, extraídos del SNIS-VE entre el 2 y 5 de septiembre de 2024, corresponden solo a los nacidos vivos dentro de un establecimiento médico. No se cuentan los nacidos en domicilio ni los casos especiales.

“Este es un tema que tiene que ver con las decisiones reproductivas de las mujeres sobre tener o no, o cuándo tener hijos. Puede deberse a diferentes factores como condiciones sociales que afectan a estas decisiones. Es una tendencia mundial que se da en todo el mundo que tiene que ver con la reivindicación del rol de la mujer en la economía y la sociedad ”, afirmó Cordero.

La mujer en la cadena laboral

Según datos de la Cepal, en Bolivia, en 2023, la tasa de participación de las mujeres en la fuerza de trabajo pasó el 75%. El porcentaje implica un aumento en la inclusión de la mujer en el mercado laboral, en comparación con 2015, cuando llegaba a cerca del 50%.

“Una de las razones para retrasar la maternidad es el proyecto de vida. Yo quiero especializarme, ejercer mi profesión y hacer carrera antes de ser madre. Mi madre siempre me recomienda eso, dice que con hijos es mucho más difícil conseguir mis objetivos”, afirma una interna de un hospital público.

Las mujeres son parte importante de la cadena laboral.  Foto: Juan Quisbert

 

El informe “Desafíos de la baja fecundidad en América Latina y el Caribe” de Unfpa señala que “la revolución de género”  con su cuestionamiento al poder patriarcal y sus conexiones con la expansión de la educación y el trabajo femeninos, significaron un impulso hacia una mayor autonomía de las mujeres en la toma de decisiones conyugales y reproductivas.

Inequidad y maternidad

Pero si bien la inclusión de la mujer en la cadena laboral es un avance, también desnuda falencias que deben solucionarse. La maternidad continúa como un punto en contra al momento de acceder a un trabajo. Es que las políticas abrieron una brecha entre hombres y mujeres al momento de hablar de hijos.

“En el país el costo de contratar a una mujer es mucho más alto que a un hombre, debido a la maternidad y eso se vuelve una traba. Las empresas no contratan a las mujeres para evitar estos costos y a la mujer no le queda más que retrasar la decisión de tener hijos si quiere concretar su vida profesional”, indicó Cordero.

La analista explicó que para ello es necesario un cambio de políticas públicas en las que  se efectivice la igualdad y la equidad entre hombres y mujeres en torno a la natalidad. “El costo debe ser para ambos, para que ser madre no implique trabas al momento de incorporarse al mercado laboral o de construir su plan de vida”.

Otro de los factores que identifica es el del trabajo del cuidado  de la familia, una labor no remunerada que recae en la mujer. “Es un tema que no es valorado, pese a la carga que implica una doble y hasta triple jornada laboral, que no es remunerada ni reconocida”.

Economía  y oportunidades

“Mis padres tuvieron tres hijas. Yo quiero tener uno. En mi opinión, antes era más barata la vida. En condiciones como las de ahora no es posible tener una casa, que solo uno de los cónyuges trabaje y con ello pagar los estudios de varios hijos. La maternidad depende mucho de la mujer; una piensa en tener hijos solo cuando se siente realizada y financieramente estable. A veces eso nunca llega y la ventana de años fértiles se pasa”, manifestó María, casada hace un par de años.

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La crisis económica y la falta de oportunidades que esta genera también son un factor para que tanto mujeres como hombres decidan retrasar la conformación de una familia. En opinión del economista Germán Molina, es necesario que se generen cambios estructurales que generen oportunidades.

“Es necesario poner la casa en orden para estabilizar la economía. La población no solo se pierde por natalidad, sino por migración, en especial de la gente joven que no tiene oportunidades. Se debe hacer atractivo que la gente joven se quede en el país. En el tema interno se debe mejorar la atención de servicios, la creación  de fuentes de trabajo y mejorar las condiciones para su desarrollo. Eso toma años”, sostuvo Molina.

Menos matrimonios

“Estamos en un proceso de transición demográfica. En Bolivia hace muchos años hablábamos de un matrimonio temprano, las parejas se casaban en un promedio de 20 años y tenían una gran cantidad de hijos. Las siguientes generaciones empezaron a casarse cada vez a mayor edad y a reducir la cantidad de hijos. Es una realidad que no se puede negar”, indicó Arandia.

Los registros del Serecí, publicados por el INE, muestran que de 60.397 partidas de matrimonio en 2010, se pasó a tener 48.390 en 2022 y 29.631 en 2023. Asimismo, mientras que los matrimonios bajan, los divorcios van en aumento.

En 2010, el Serecí registró 8.066 divorcios. Para 2022 la cifra llegó a 12.589. Un boletín informativo de la entidad señala que en 2023, entre enero y octubre se dieron 5.698  disoluciones. En ese mismo lapso se registraron 1.691 uniones libres.

Una población envejecida

Cordero y Molina señalan que en el mediano y largo plazo, la baja de la fecundidad tiene implicancias en la población y la planificación de las políticas públicas. Y es que la baja de nuevos habitantes trae consigo un envejecimiento de la población y por tanto un cambio en la conformación etaria.

“Una menor fecundidad puede llevar a un envejecimiento de la población en el futuro, que requerirá ajustes económico-sociales en el país, porque tendrá nuevas demandas”, sostuvo Cordero.

Molina añadió que además habrá una menor mano de obra para el tema de la economía, lo que generará cambios también a nivel cultural. Advierte que en ambos casos se generará una presión en el sistema de salud, de educación y lo laboral.

El Estado deberá asumir nuevos desafios para la población.   Foto: Juan Quisbert

 

En países que ya tienen poblaciones longevas, las discusiones ahora se centran en la forma de sostener el sistema de pensiones, sobre todo en aquellos que usan un fondo social común.  En esta misma línea, también se   abrió el debate para fijar la edad de jubilación.

Cordero sostiene que la tendencia a disminuir la población se da más en países desarrollados. En países como el nuestro, en desarrollo, la tendencia debería ser el de incrementar la población en edad de trabajar.

“Esta tendencia debería evaluarse, porque estamos disminuyendo la mano de obra productiva. En nuestros países esto debe ser analizado con calma porque es un tema que, como ya mencionamos,  implica ajustes en políticas de salud, educación y laborales”, finalizó.

 

2,1 hijos: ¿qué es la tasa de reemplazo poblacional?

“Estamos llegando a la tasa de reemplazo poblacional”, señaló el director del INE, Humberto Arandia, tras revelar los datos preliminares del censo 2024, el pasado 29 de agosto. Afirmó que la fecundidad en Bolivia bajó de un promedio de seis a siete hijos por mujer en los años 60, a  2,1 hijos en 2023.

“La tasa de fecundidad ha mostrado una disminución significativa en las últimas décadas. En los años 60 y 70, cada mujer en Bolivia tenía un promedio de 7,5 hijos; en la década de los 80 a 90 fue de 3,5 hijos. La primera encuesta específica para este tema, de 2016, nos da una cifra de 2,9, mientras que la de 2023 nos muestra un promedio de 2,1 hijos, lo que nos acerca al umbral de reemplazo poblacional” detalló Arandia.

La tasa de fecundidad es una medida sintética coyuntural, que expresa el número promedio de hijos que una mujer tendría a lo largo de su vida reproductiva. Esta medida no está exenta de dificultades de interpretación, en particular en períodos de cambios en la fecundidad.

Cuando esta llega a 2,1 se habla de una tasa de reemplazo poblacional. Es decir que el promedio de hijos de una mujer alcanza solo para reemplazar a ambos progenitores o a las niñas en edad reproductiva; así, una población se mantiene estable sin crecer ni decrecer.

“En Bolivia, en 2022, la Tasa General de Fecundidad (TGF) fue de 2,5 hijos por mujer, lo que está ligeramente por encima del nivel de reemplazo poblacional. Esto significa que, en teoría, la población aún se estaría expandiendo ligeramente, ya que las mujeres están teniendo, en promedio, más hijos de los necesarios para reemplazar a la generación anterior”, explicó la analista en políticas sociales de la Fundación  Jubileo, Carla Cordero.

Una socialización de los resultados preliminares del Censo 2024.   Foto: INE

 

Sin embargo, las cifras del INE muestran que en 2023 la tasa de fecundidad ya llegó a 2,1. Aunque Arandia afirmó que para llegar a la tasa de reemplazo deberíamos llegar a dos, la mayoría de los países marca el umbral en 2,1.

Se calcula una décima mayor debido a que  algunos niños y especialmente niñas no logran sobrevivir hasta las edades reproductivas. Si la tasa baja por debajo de este punto se producirá una disminución de la población.

“A medida que la tasa continúe bajando, Bolivia podría enfrentar desafíos similares a los de otros países en transición demográfica”, indicó Cordero.

 

2020 y el efecto en las proyecciones poblacionales de la región

Los censos tienen cuatro principales utilidades: uso para políticas públicas, para  información para parejas geográficas y grupos específicos, como marco muestral para encuestas, y para las estimaciones y proyecciones de población de los siguientes años.

Las proyecciones de población lo que hacen es hipotetizar escenarios futuros con base en  los datos demográficos. Para esto se  hacen las rondas censales.  En estas, los países toman todos los datos desde los años 50 hasta (registros de nacimientos, defunción, encuestas y censos anteriores) y con  ellos pueden identificar una población base en un determinado año, ya sea del pasado o del futuro. En el segundo caso se trata de una  proyección,  que parte del último censo, más todo lo anterior.

“¿Que pasó en la ronda censal del 2020? Hubo un fenómeno particular. Al revisar sus proyecciones de población, a partir de un nuevo censo, varios países vieron que habían  sobreestimado la fecundidad y subestimado la mortalidad”, explicó el asesor técnico del Unfpa, Daniel Allende, en la socialización de los resultados preliminares del censo en Chuquisaca.

El 2020 se convirtió en un punto de quiebre debido a la pandemia del Covid-19. La crisis sanitaria mundial generó un cambio en las tendencias demográficas, tanto de nacimientos  como de muertes, además de los movimientos migratorios. Estos cambios  generaron  una diferencia entre la población  proyectada y la contada en algunos  censos de la región.

Allende dijo que desde la ronda 2010 en adelante, incluyendo la de 2020, todos los países previeron que los nacimientos iban a ser más de los que en realidad fueron. Si bien se pensaba que la fecundidad caía a cierta velocidad, a partir de la pandemia cayó mucho más rápido.

Esto causó que se sobreestime la cantidad de hijos que iba a tener una mujer en promedio. Por el mismo motivo  se proyectaron más nacimientos.

En 2020, la pandemia generó una crisis sanitaria a nivel mundial.  Foto: APG

 

De la misma forma, se subestimó la mortalidad, porque ningún país, en ese momento, pudo prevenir la pandemia del Covid-19 ni sus efectos.

No se esperó que por la pandemia hubiera un exceso de muertes que no solo eran causadas por el virus, sino por otras patologías que no fueron atendidas por el colapso del sistema de salud.

“Esto efectivamente, a nivel regional, afectó  a la precisión de los totales poblacionales proyectados. Pasó en Brasil, Colombia, Guatemala y muy probablemente pase en Chile que este año también realizó su censo”, manifestó Allende.

Más recursos per cápita, pero también mayor deuda 

“En cuanto al impacto económico hay aspectos positivos como también negativos”, señaló el economista Germán Molina. Explicó que la presión hacia los sistemas de salud, educación y pensiones no son los únicos impactos.

“Uno de los impactos se sentiría en los recursos. En teoría el  ingreso per cápita de Bolivia  aumentaría, porque a menor población estos ingresos se dividen entre menos y por tanto aumenta”, indicó Molina.

Explicó que esto podría estimarse como una mejora en la situación económica y del bienestar de la población. Sin embargo, advierte también que existe la otra cara de la medalla cuando se habla de los indicadores macroeconómicos. Así como los ingresos se distribuyen entre menos, la deuda externa, que supera los 13 millones de dólares, también se distribuye entre menos personas.

“La deuda externa se divide entre todos, incluyendo los recién nacidos. Si bien con menor población boliviana el ingreso per cápita aumentaría en 2024, el saldo de la deuda pública per cápita también se incrementaría. Es decir, cada boliviano tendría una mayor deuda”, sostuvo. 

Añadió que en la redistribución de la Coparticipación Tributaria, los que acumulen mayor crecimiento recibirán más recursos, mientras que las regiones que disminuyeron su población los perderán. “Indudablemente siempre habrá quienes ganen y quienes pierdan”.

Añadió que otro de los impactos, a nivel económico, se dará en la fuerza laboral del país, lo que se conoce como capital humano.  “Por ejemplo, en Italia hay poblaciones donde las personas de la tercera edad ya son la mayoría y ya son urbes vacías, ya no hay quien trabaje”.

Para el economista, en 2025, gobernaciones y municipios deberán hacer reajustes fiscales en sus presupuestos, de acuerdo con la nueva distribución que se genere a partir del censo. 

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