2025-02-10

La China Morena representa la aceptación popular

La historia de la rebelde que abrió la morenada a las trans y mujeres

Nació en plena revolución sexual de los 60 y 70. Sus primeros intérpretes fueron travestis que la presentaron como una mujer joven y seductora. Un conflicto con la dictadura hizo que la minipollera pasara a las jóvenes.

Hasta finales de los años 60, las mujeres no bailaban en la morenada. La única figura femenina en la danza era la Negra María Antonieta, interpretada por un varón, algo que su traje y pasos no disimulaban. Sin embargo, en el Carnaval de Oruro de 1969, la travesti Ofelia estrenaba una nueva figura, una de rebeldía y seducción, que abrió la participación en la danza a las mujeres, jóvenes y travestis: la China Morena.

La Negra María Antonieta se supone que es la mujer que seduce a los morenos, los usaba para que pisaran las uvas para la producción de vino. Encaja dentro de los personajes bufos, es decir, hombres que representan de una forma burlesca, hasta denigrante, a las mujeres.

“Pero Carlos Espinoza, que ya era conocido como Ofelia, era un personaje homosexual visible, modisto, coreógrafo que ya participó en varias danzas. En 1969, empezó a bailar emulando a una figura existente de la morenada, que era la Negra María Antonieta. Pero no quería continuar con el mismo traje que llevaban los varones, ni repetir los pasos, que no se diferenciaban mucho de otros personajes de la danza”, explicó David Aruquipa, activista por los derechos humanos, gestor cultural e investigador, que escribió la historia del personaje.

Y es que Ofelia ya se reconocía públicamente como homosexual, como travesti.  “Decía: ‘Yo no voy a bailar mostrando mis vellos, no voy a bailar así con esos movimientos bruscos masculinos’, por lo que  feminiza el personaje”.

Luis Vela baila frente a un caporal a principios de los años 70. FOTO: David Aruquipa

 

Este fue el inicio de una figura que, ahora, es una de las partes más atractivas de la danza patrimonial, un personaje que, también, no está exenta de polémica, 56 años después.

Conceptos e  imágenes
Ofelia era modista en Oruro, llegó a vestir a algunas de las bellezas más reconocidas del departamento. Como tal sabía que en el folklore la pinta es tan importante como los pasos, que el hábito sí hace al monje.

Según los datos que recogieron historiadores del folklore, la concepción de la china morena estuvo fuertemente influenciada por la época. El trabajo se realizó justo en medio de la revolución sexual de las décadas de los 60 y 70. En esa época se propuso que la sexualidad fuera espontánea y libre, siguiendo los deseos de las personas. Se visibilizó la existencia de personas LGTBQ+, se luchó por sus derechos; las mujeres continuaron en defensa de los suyos y plantearon la liberación sexual.

Candy, en una fiesta folklórica rural, en la década de los años 70. FOTO: David Aruquipa

 

Fueron los años del verano de 1968, del movimiento hippie, de Woodstock, de la minifalda y de los bikinis. Fueron las décadas en las que las vedettes argentinas y peruanas eran grandes estrellas que visitaban y actuaban en las boites de diferentes ciudades bolivianas.

“Había toda una movida erótica que celebraba la figura y la estética de la mujer. Por lo tanto  Ofelia, en el Carnaval de Oruro, cambia los trajes largos de la chola por las polleras cortas, o minipolleras, emulando a las minifaldas;  botas de las vedettes, con tacones bastante altos;  corsé  para dar forma al cuerpo femenino; peinando los cabellos con rulos y melenas vistosas y maquillaje, así nace la china morena”, agrega Aruquipa.

Al inicio, el personaje conservaba la máscara de la Negra María Antonieta, aunque menos caricaturesca. Esto se debía a la naturaleza misma del Carnaval de Oruro.

“Es una fiesta que obedece a reglas rituales muy estrictas. Por tanto, los travestis que bailaban como la china morena participaban en la entrada de sábado con máscara, porque es cuando se presentaban ante la Virgen del Socavón. Pero al día siguiente se las quitaban”.

Montaje que destaca la participación de Romy Astro en el Gran Poder de 1974. FOTO: David Aruquipa

 

Incluso esto cambió. Una de las compañeras de Ofelia, “La Liz”, fue la que decidió no utilizar la careta. “No estoy aquí para ocultar mi rostro”, se cuenta que dijo a sus amigos. De esta forma, el personaje ganó el sombrero y perdió la máscara.

Esa apariencia cambió muy poco en el medio siglo de su existencia. Quizá se redujo la longitud de la pollera y se incrementaron los bordados de lujo; el pelo ahora se lleva en trenza y las bailarinas portan muchas más joyas, pero el esquema básico sigue siendo minipollera, corsé ajustado y botas altas.

Además, con la aparición de la china morena, en otras danzas, como la diablada y el caporal, se incluyeron figuras femeninas de aspecto similar.

“Ofelia decía: ‘Yo no voy a bailar mostrando mis vellos, no voy a bailar con esos movimientos bruscos’, por lo que  feminiza el personaje”.
David Aruquipa

Fue toda una revelación para los espectadores. Poco a poco, el personaje fue ganando adeptos y seguidores entre el público.

Esto fue difundido a otras fiestas patronales y folklóricas. Las fraternidades invitaban a Ofelia para que “diera categoría” durante la danza. Otras pagaban mucho para que las chinas se sumaran a sus bloques en sus celebraciones locales.

Prejuicio y persecución     
Del Carnaval de Oruro pasó a la entrada del Señor Jesús del Gran Poder, en La Paz. En la sede de Gobierno, personalidades como Barbarela, La Lucha, Juanita y Candy, entre otras, se convirtieron en las estrellas de la celebración, la cual comenzó a conquistar a toda La Paz y salir de los límites de la zona Gran Poder.

Pero fue en esta manifestación en la cual comenzó el rechazo a la presencia, obvia, de las personas LGTBQ+. Así empezó una persecución que, cada cierto tiempo, levanta la cabeza.

Ocurrió cuando el entonces presidente de facto Hugo Banzer acudió al Gran Poder. Lo hizo porque buscaba subir su popularidad con el pueblo, con los comerciantes y, para ello, respetar una de las principales entradas del país era importante.

“Fue allí, en 1975, cuando surge el mito de Barbarela, cuando Banzer entra, saludando a la gente, al tiempo que pasaba ella por el palco oficial. Al ver al dictador, ella se acerca y le da un beso, lo que provoca la burla del entorno militar de Banzer. Esto hace que prohíba que bailen los homosexuales en la fiesta”, cuenta Aruquipa.

De arriba a abajo: Barbarela, una bailarina no identificada y Juanita, en las entradas del Gran Poder. FOTO: David Aruquipa

 

De ahí el veto pasó a Oruro y el resto del país. Pese a eso, Ofelia y sus compañeras continuaron bailando por dos años más. Lo hicieron con miedo, como una forma de resistencia a la dictadura militar.

En 1977 cuelga el traje... para ella. Ese año, comienza a diseñar los disfraces para las mujeres jóvenes de Oruro. De esta forma se iniciaron los bloques que continúan con fuerza en la actualidad.

Política y sociedad
“Yo creo que el beso de Barbarela fue una estrategia de protesta intencionada. Era consciente de los peligros, pero era una forma de mostrar resistencia”, considera Aruquipa.

Para el también activista, la china morena es una figura política, además de estética y artística. “Es una manera de presentarnos en un espacio en el que si eres aceptado, se garantiza tu bolivianidad”, explica.

Es por eso que también se hipersexualizó al personaje. La china morena es un ser sumamente erótico y sexual, sea interpretado por un trasvesti, transexual o una mujer lesbiana o heterosexual. Es un festejo de la forma femenina y del efecto que tiene en el espectador.

Para los bloques de la figura, las fraternidades suelen elegir a las mujeres que consideran son las más hermosas. También es un festejo de la juventud y la energía, así como la chola es de la elegancia y de la riqueza.

Fue, también, un personaje que introdujo una mayor integración generacional en las fraternidades. Así como en los morenos hay categorías que revelan el estatus del bailarín y su edad, entre las cholas y chinas morenas también está la diferencia de edad, algo que también generó polémica.

Es por eso que, desde hace dos décadas, los travestis y transexuales han retomado el personaje, formando algunos bloques específicos. De vez en cuando hay problemas de discriminación, pero la esencia rebelde de la figura se mantiene con fuerza en la danza.

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