La Tribuna
El colectivo BOLIVAR POR SIEMPRE., a la familia BOLIVARISTA
Un siglo de alegrías y victorias
Bolívar es el nombre del club deportivo más conocido de Bolivia y este 12 de abril apaga 100 velitas. Su nombre está asociado al fútbol, una actividad que dura 90 minutos para solaz y nerviosismo de los espectadores, a los que se debe sumar una semana de comentarios de lo que fue y pudo ser. El fútbol es una incalculable tarea donde la imaginación justifica resultados, porque no hay forma de explicarlo con objetividad. El nudo de esta novela semanal son los goles que dependen de un remate calculado, de un rebote y a veces de una casualidad.
Hablar de Bolívar implica recorrer una larga historia de nombres de deportistas y dirigentes insignes que decidieron llevar el color celeste en el corazón; un emblema que se impregnó en cientos de seguidores que hoy festejan su centenario, corean su nombre y piden que, a la hora de partir de este mundo, lo entierren con los colores de su querido club.
La historia se inició en 1925; nació de la feliz iniciativa de un grupo de jóvenes que quisieron recordar en el centenario del nacimiento de Bolivia al Libertador. Esta idea pretendió abarcar el campo cultural, social y deportivo, pero la vida tiene sus propios afanes y desdenes, razón por la que sus alcances se extendieron más desde la arena deportiva.
Siguiendo el relato del libro “Fiebre en las gradas” nos enamoramos del club cuando nuestros padres nos lo presentaron un día en las graderías del Hernando Siles y sentimos un fuerte impacto en el corazón; de repente, sin explicación, sin hacer ejercicio de nuestras facultades críticas, sin ponernos a pensar en el dolor y en los sobresaltos que esta experiencia traería consigo. Los mayores nos contaron de la elegancia de don Mario Alborta, de la magia que salía de las “chuteras” de Víctor Agustín Ugarte, a quienes querían imitar todos aquellos días felices de niño, en el patio de sus escuelas. Los más jóvenes lloramos de felicidad con las decenas de vueltas olímpicas en casa y territorio ajeno, con las magistrales tardes del “doctor” Rojas, Salinas, Góngora, Aragonés, Etcheverry, el “Chichi” Romero, Baldivieso, Borja, Soria y tantos otros talentosos.
Esa es una de las primeras características del amado Bolívar. Nos acostumbró a ganar y ser primeros, tal vez nos ha malcriado en ese afán, por ello a veces la exagerada pretensión de buscar más allá de nuestras propias fuerzas. “Vamos a ganar la Libertadores un día”, decía don Mario Mercado, hombre sereno, de palabra segura y parco en la sonrisa, porque tenía el tiempo abreviado y siempre lo vimos correr en la vida y en las ideas.
Bolívar es el club referente por excelencia en el fútbol nacional. Muchos clubes quieren seguir el modelo que impusimos desde nuestro nacimiento, porque Bolívar aspiraba a lo inalcanzable. Así se justifica la llegada de Mario Alborta, el jugador más codiciado de la década de los treinta; la llegada del tupiceño de rostro cetrino, Víctor Agustín Ugarte y luego de los jugadores que encontraron en Bolívar el paso previo para llegar a la Selección.
Bolívar se ha convertido en la vitrina del fútbol boliviano, que se mira cada vez con más frecuencia, porque sus dirigentes han entendido que el fútbol del presente tiene como pilar fundamental de subsistencia la transferencia de jugadores; además, no es el convidado cualquiera, sino uno de los comensales de primera línea en la mesa del fútbol internacional.
Este Bolívar del centenario no puede olvidar sus raíces; nació en las entrañas de los paceños, entre la gente con escasos recursos, que ahorra los centavos para alentar a su entidad los fines de semana, que posterga otros gastos porque quiere estar sentados en las gradas alentando a su club. Esta pasión que se ha contagiado al resto del país, motivo por el cual la casaca celeste tiene ahora un predicamento nacional, porque donde va Bolívar encuentra tribunas con mucho público.
Bolívar es el club del patrimonio seguro que debe seguir creciendo, porque las instituciones fuertes tienen una casa que cobija, forma y tiene como meta una renovación permanente. El estadio propio, los centros de entrenamiento y las escuelas que forman en el fútbol y se preocupan por la formación integral, son capaces de perdurar en el tiempo.
Bolívar es la pasión que crece y los 100 años que celebramos ahora, es uno más de los hitos que nos trazamos en esta línea de crecimiento, porque estamos obligados a fortificar la institución desde donde estemos, porque es así como se contribuye al buen nombre del país.
Bolívar por siempre, rinde su homenaje en este día, al club más grande de Bolivia.