viernes 3 de abril de 2026

Lo que el marcador no cuenta

El sueño del Mundial… y un despertar por insomnio

Sonó el pitido final del partido, y de repente todo se apagó. Todo terminó. Faltaban minutos para la una de la madrugada, y las esperanzas quedaban desvanecidas.

NOTA ACLARATORIA: Titulo así esta breve reflexión haciendo énfasis en el significado de “sueño” e “insomnio”, ya que la primera es la definición de “representarse en la fantasía, imágenes o sucesos MIENTRAS SE DUERME”; y la segunda es simplemente “despertarse durante la noche o levantarse DEMASIADO TEMPRANO sin poder volver a dormir”.

Aclarado este contraste, comienzo.

Sonó el pitido final del partido, y de repente todo se apagó. Todo terminó. Faltaban minutos para la una de la madrugada, y las esperanzas quedaban desvanecidas. Las grandes pantallas perdieron en un solo instante su brillo; al hincha le tocaba despertar de aquel sueño, de aquella ilusión, que casi sin pedir permiso, llegó nuevamente a los corazones de propios y extraños, tras más de tres décadas.

“Se terminó y se desata la locura para la gente de Irak que se clasifica al Mundial. Acaba de ganarse el último boleto al Mundial. Lastimosamente, en el piso queda el jugador boliviano que se queda exhausto. Bolivia ha quedado fuera del Mundial…”, era el relato que sonaba desde una garganta que no contenía más aquel nudo, que finalmente derivó en lágrimas.

Decepción, bronca, llanto, lágrimas… por haber muerto de pie, y a las puertas de un mundial de fútbol. Bolivia, como muy pocas veces, estuvo más cerca que nunca de tocar el cielo con las manos y llegar nuevamente a un mundial de fútbol, pero el fútbol, aquel hermoso y también cruel deporte en el que 22 hombres persiguen más que un balón, también sabe de dar sinsabores.

“Nos ahogamos en la orilla, en el borde del río y había que pasarlo. Se cometieron un par de errores y nos castigaron demasiado. La ilusión de los bolivianos que se va esfumando esta noche… me tiembla la garganta”. Probablemente, Gonzalo Cobo, renombrado relator y periodista deportivo boliviano, encarnó el sentimiento del hincha.

Y es que, concretamente, dos errores puntuales; uno tras el único tiro de esquina de Irak, y el otro luego de una desatención de la defensa, cobraron tal vez una de las facturas más caras al balompié nacional.

Pero, más allá de facturas y errores puntuales, lo que no se pudo contener fue la tristeza, el llanto, y en algunos casos el enojo. Yo, con la ronquera bastante lastimada por alentar, cantar y gritar innumerables vituperios durante casi dos horas, sólo quería buscar culpables.

Quería simplemente señalar a algún jugador, a cábalas y “paralelismos” históricos, a la coca y los yatiris, a los “kenchas” de turno y a uno que otro político que haciendo uso del cargo, va a un partido fuera del país.

Durante la madrugada del miércoles, el camino a casa se hizo ágil por El Prado, y por primera vez no quería que fuera así. La fluidez de la avenida contrastaba con lo congestionada que estaba el jueves pasado (después de ganarle a Surinam), con incontables banderas tricolores flameando en el aire, música a todo volumen, bocinazos estridentes y alegría infinita.

 

Crédito: APG

 

Y cual si se tratara de una epifanía, la única respuesta a mí mismo es que probablemente, la culpa está en habernos asumido como clasificados. Sí, Bolivia hizo grandes partidos en Monterrey y una eliminatoria que devolvió la fe a creyentes y escépticos, pero también es cierto que las redes, medios de comunicación, influencers de por medio, entre otros, contribuyeron a una expectativa.

Era el sueño del Mundial, interrumpido casi en el comienzo.

Sin embargo, no todo es malo.

Hoy volvió a Bolivia una de las más prometedoras selecciones que vistieron la Verde de la esperanza en los últimos 30 años; una selección que logró más que muchas otras: tocar el cielo y vivir para contarlo.

No soy de seguir tendencias, pero me compré una polera porque quería formar parte de este momento, sea cual fuera el final y desde donde estuviera. Cantamos el Himno Nacional con lágrimas en los ojos.

Y es que abrazar a personas que no conoces como si fueran tus hermanos de toda la vida, compartir bebidas e incluso un par de cigarrillos para quitar la ansiedad en el entretiempo, gritar goles hasta quedar afónico durante algunos días, son momentos que pocas cosas en la vida te pueden regalar.

Es lindo volver a ver “sentido de pertenencia” hacia nuestro fútbol y a los grandes jugadores que tenemos. Una escuadra de lujo, que esperemos que para las próximas eliminatorias gocen no de mejor suerte, sino de la compenetración que ya arman como equipo.

Nombres como Carlos Lampe, Guillermo Viscarra; Luis Haquín, Efraín Morales (por fin una garantía en la defensa), Diego Medina; Roberto Carlos Fernández, Gabriel Villamil; Robson Matheus, Ramiro Vaca; Moisés Paniagua, Lucas Macazaga y no podía faltar nuestro “Miguelito” Terceros, la joya del Santos de “O Rei” Pelé, son nombres que quedarán en la memoria de los hinchas, de propios y extraños, que por un momento, dejaron de lado diferencias, se dieron la mano y se abrazaron en una sola bandera.

La ilusión del fútbol, de la Verde, las palabras del eterno “Bigotón” Xabier Azkargorta (+), la Familia Valdivia y el sueño del Mundial siguen ahí… por ahora, toca despertar. Con dolor, sí, pero con la certeza de saber qué tan cerca ya estamos de aquel ansiado momento.

 

Paulo Lizárraga es periodista de Visión 360.