2025-04-14

Fundador de la Coordinadora del Agua

Óscar Olivera: “Creo que hemos perdido la capacidad de indignarnos, de rebelarnos. Me preocupa”

El líder fabril encabezó la lucha contra la privatización de la empresa pública del agua, por parte del grupo Aguas del Tunari, entre enero y abril del año 2000.

Tras 25 años de la denominada Guerra del Agua, en la ciudad de Cochabamba, el líder de la Coordinadora por la Defensa del Agua y de la Vida, Óscar Olivera, indicó en entrevista con Visión 360 que la sociedad perdió la capacidad de indignarse y rebelarse.

“Yo creo que hemos perdido la capacidad de indignarnos, y la capacidad de rebelarnos y eso me preocupa mucho”, manifestó el dirigente, que el 2000 lideró la movilización en Cochabamba por la defensa del agua en contra de la privatización por parte del grupo “Aguas del Tunari”.

En resumidas cuentas, ¿qué implicó la Guerra del Agua para Bolivia? 

La Guerra del Agua implicó varias cosas, tuvo varias dimensiones. Si bien empezó como una lucha o una rebelión popular contra la privatización del agua, que fue impuesta por el gobierno de Banzer en aquel entonces, entre 1999 y 2000, creo que tuvo una dimensión económica.

Es decir, hubo un punto de quiebre de un modelo económico de saqueo, de despojo, expropiación de nuestros bienes comunes y patrimonio nacional, como lo fue con el esfuerzo de miles de hombres y mujeres.

El segundo elemento es una dimensión organizativa. En aquel tiempo se fundó la Coordinadora de Defensa del Agua y la Vida, con un espacio multitudinario, de horizontalidad, donde no había una estructura jerárquica de mando, y el mando venía de abajo a simple y llanamente unos portavoces que fuimos nominados y hacíamos una fiscalización y control social de multitudes, y eso fue fundamental.

La otra fue la dimensión de una recuperación de la democracia y un ejercicio de la democracia directa del pueblo sobre asuntos que la afectan directamente en su cotidianidad; el tema del agua fue fundamental y la gente a partir de esto recuperó su capacidad de decidir  su soberanía como población y creo que sentirse soberanos durante ocho días en abril del 2000, fue algo que las generaciones de esa época jamás olvidarán porque fue, reitero, un ejercicio pleno de democracia y no de una caricatura de democracia como ocurre ahora.

Lo más importante fue la dimensión humana. En el encuentro en las barricadas de Cochabamba, en cada puerta de cada casa se veían erigidas barricadas con elementos de uso cotidiano de la gente: cocinas, mesas, juegos de sala, muletas, sillas de ruedas, tapas de ollas, haciendo sonar las amas de casa; los niños edificando sus pequeñas barricadas con juguetes, peluches, con bicicletas, patines, con una serie de elementos que afectaban la vida cotidiana de la gente, y eso significó la recuperación de valores muy profundos como el respeto, transparencia, solidaridad, reciprocidad y algo fundamental, la recuperación mutua de la confianza, que estos valores significaron la pérdida del miedo.

¿En cuando a organizaciones sociales, qué posibilitó ese episodio?

Creo que frente al desmoronamiento y frente a la derrota de la COB en  el cerco a Calamarca, donde militarmente fue derrotada la COB en agosto de 1986, pues diría que sectores sociales como mineros y fabriles en los barrios periféricos de Cochabamba empiezan a surgir estos elementos que, como semillitas de organización, proclaman a la gente a que puedan unirse y organizarse para defender el agua, porque fueron estos sectores que, a través de sus necesidades concretas, construyeron diferentes sistemas comunitarios de agua.

Entonces, creo que la organización ahora más que nunca está centrada en eso que señaló la Guerra del Agua con absoluta nitidez, defender la vida como tal a partir de la vivencia plena en el territorio dentro de una convivencia social, horizontal y también de un relacionamiento con la naturaleza de manera absolutamente armónica.

Creo que hoy, después de 25 años, podemos decir que la sociedad tiene que organizarse en función de defender la vida, porque la vida hoy está en riesgo, no solo para los seres humanos, sino para todos los seres vivos.

La naturaleza está en riesgo, el agua sigue siendo maltratada en todos los ámbitos, productivos, económicos, de servicio, y creo que la organización tiene que tratar de emular lo que fue la Coordinadora del Agua, estableciendo desde abajo una agenda de acción que nos permita seguir caminando juntos como hermanos.

Si no se hubiera registrado la Guerra del Agua, ¿qué país sería Bolivia?

Creo que sería un país más o menos como Argentina. Yo creo que la Guerra del Agua parió la posibilidad de que Evo Morales sea presidente de este país. Si la Guerra del Agua hubiera concluido en derrota para el movimiento popular, la historia de este país hubiera sido otra. Hubiera sido un país sometido, saqueado, un país dominado absolutamente por el miedo, la inseguridad, la incertidumbre, y creo que hoy se está asemejando a eso, porque el 2000 había una total generación de propuestas, participación; había una imaginación tremenda de la gente que dibujaba, en su mente y sus luchas, un país diferente. 

¿Considera que fue una gesta que fue aprovechada por oportunistas?

Yo creo que acá lo que faltó fue una concepción de ese mensaje que dieron la Guerra del Agua, la Guerra del Gas, en los años 2000. Lo que fue la Asamblea Constituyente el 2006 al 2009. Creo que muchos gobernantes no han querido que ese poder que la gente les entregó desde abajo, pueda democratizarse y volver a la gente de base.

Yo creo que hubo una total expropiación; más que una cuestión oportunista, hubo una expropiación de ese poder de abajo, por parte de los gobernantes que asumieron el control del Estado, a principios de 2006.

Yo creo que el poder se ha vuelto a concentrar en el Estado y han sido los partidos políticos, las personas, que de manera absolutamente egoísta, individualista, en vez de una visión colectiva de ese esfuerzo popular, sino mucho antes, simplemente la vieron como la posibilidad de un poder partidario, personal, y que ha significado la pérdida de ese poder popular que fue construido con mucho esfuerzo durante muchísimos años.

¿Cómo cambió su vida después de la Guerra del Agua?

La Guerra del Agua cambió sustancialmente mi visión de la vida, mi actitud frente a la situación del país y del mundo y, a nivel personal, significó una dejadez en mi vida personal, familiar. He dejado a mi familia, pero ahora que estoy jubilado me permite dedicarme aunque sea un poco tarde a velar de mis seis hijos, velar un poco por ellos y también construir en mi casa un escenario como el que se construyó con esas luchas tan gloriosas como la Guerra del Agua.

¿Por qué su persona nunca dio el salto completo a la política?

Porque yo creo en la política de abajo, en esa política donde nos miramos a los ojos, nos ponemos de pie y decimos “vamos a caminar juntos por nuestra vida, abajo, unidos, organizados, movilizados, teniendo una agenda construida colectivamente”. Para mí esa es la política del pueblo, un nuevo tipo de política, y no la partidaria que significa seguir a un caudillo, a un partido, un patrón. Esa política es la que siempre he rechazado. 

Me han ofrecido diferentes cargos en ministerios, embajadas, ser candidato a gobernador, alcalde, pero he rechazado porque creo que esta institucionalidad político-partidaria estatal no le sirve a la gente y solo le sirve a unos cuantos que se aprovechan de ese esfuerzo colectivo de la población para beneficio de un grupo, para beneficio personal.

¿Qué partidos o movimientos se acercaron para que dé el salto a la política?

Todos los partidos, sin excepción. Todos, y a todos he rechazado la más mínima posibilidad de que mi referencia moral, que es la referencia del pueblo, sencillo, transparente, humilde, que de manera cotidiana lucha por la sobrevivencia, y creo que eso me da la autoridad moral para poder mirar a las personas en las calles, a los ojos, de frente, sin ningún tipo de privilegios, sin cola de paja. 

¿Evo Morales qué aportó a ese episodio?

Yo creo que Evo Morales tuvo un principio ya antes del 2000. Yo acompañé la lucha con Evo Morales en diferentes marchas; de hecho, yo marché con los hermanos cocaleros y de otros sectores sociales cuatro veces a la ciudad de La Paz entre 1996 y 2001.

Fueron luchas conjuntas, colectivas, muy dignas, que posibilitaron articular esfuerzos de diferentes sectores sociales, campesinos, indígenas y urbanos, pero creo que en un principio de su gobierno Evo Morales aportó con la recuperación de la identidad de nuestro pueblo. 

La gente comenzó a sentirse orgullosa de su lengua, de su vestimenta, de su cultura, del color de su piel, de su apellido. Creo que eso fue muy importante: la recuperación de esa identidad mucho antes proscrita por sectores de la élite blancoide. Creo que ese fue el aporte importante de Evo Morales y el MAS, pero después eso fue totalmente desvirtuado.

Yo creo que se ha olvidado de que los que fueron colocados en el gobierno debían ser como el pueblo: humildes, generosos, recíprocos, y esas características que deberían tener los representantes del pueblo, que fueron los que asumieron justamente desde abajo, les dimos el mandato de asumir el control del aparato estatal, no supieron comprender y desvirtuaron ese mandato popular.

¿A 25 años se puede decir que hay quienes le dieron la espalda a ese episodio?

Yo creo que los que han gobernado hasta ahora, todos sin excepción, dieron la espalda al pueblo. Por ejemplo, el agua en Cochabamba sigue siendo un problema grave.

Si bien el gobierno del MAS fue producto de la Guerra del Agua –porque catapultó a Evo Morales para que pueda ser presidente– se dio la espalda a este pueblo que hoy sigue sufriendo la escasez de agua, tarifas injustas. Sigue sufriendo el aislamiento e ignorar a una población que luchó por recuperar una empresa pública, recuperó el agua, y esa agenda del agua no fue cumplida en absoluto.

Y la agenda del agua era pues que todos seamos, y el Gobierno fundamentalmente, sean transparentes, sean activos, que siempre estén en movimiento, y en este país exista la alegría porque eso es el agua, es transparencia, alegría y movimiento; y creo que eso se ha traicionado.

¿Qué impacto tuvo este conflicto social en la sociedad cochabambina?

La sociedad cochabambina, cuando yo camino por las calles, recuerda 25 años, y nos seguimos abrazando entre los ciudadanos en el campo y la ciudad. Recordamos lo que hicimos, y creo que queda en la gente esa alegría de haber recuperado esa soberanía como pueblo. 

Creo que ese ha sido el mayor legado de la Guerra del Agua, ese cambio de la sociedad cochabambina, que hubo un cambio de vernos como hermanos, como iguales, de recuperar los valores; eso cambió en ese tiempo en la sociedad cochabambina, se sintió orgullosa de haber hecho lo que se ha hecho.

No se destruyeron cosas, no se asesinó a nadie, no se mató, no se maltrató a nadie. Fue una marcha pacífica, digna y creo que el haber vencido de manera pacífica, con fuerza, poder y dignidad desde abajo, fue algo muy importante.

Hoy, después de 25 años, podemos decir que la población cochabambina, al igual que la boliviana, se ha fragmentado, se ha dispersado; se ha dejado convencer otra vez de volver a la vieja fórmula de hacer política y democracia, de que el poder está en los partidos, en los caudillos, cuando entre 2000 y 2005 la gente estaba consciente que el poder y la posibilidad de establecer una agenda común desde abajo estaba en el pueblo; hoy se ha perdido.

En casi 20 años de gobierno del MAS, ¿mejoró el acceso al agua?

Creo que no. Si bien hay el Ministerio de Medio Ambiente y Agua –que para mí no existe– fue producto de la Guerra del Agua. El primer punto de la agenda de la Guerra del Agua fue la creación del Ministerio de Agua, y efectivamente Evo Morales lo creó. Pero es un ministerio que no funciona, totalmente inepto, incapaz de solucionar problemas. Es más, es un ministerio de Aguas oscuras yo diría, porque hubo siete ministros en todo este tiempo, en esta gestión, muchos de los cuales fueron condenados por corrupción y están en la cárcel.

Ese es el Ministerio del Agua; entonces, con semejante cualidad de funcionarios que han asumido el Ministerio del Agua, producto de estas pugnas organizacionales ligadas al clientelismo estatal, prácticamente la situación del agua es absolutamente triste e indignante. Reitero, el agua contaminada por mercurio, por plomo, arsénico, producto de este modelo extractivista minero fundamentalmente. El agua contaminada en nuestros ríos, producto de la falta de plantas de tratamiento, el agua de los sistemas comunitarios que no es potable, pero que la gente sigue tomando así; yo soy uno de ellos, en mi barrio, en Cochabamba.

Antes, los líderes surgían de la ciudadanía; ahora, muy poca gente sale en defensa de los derechos civiles. ¿Por qué considera que ocurre esto?

Yo creo que hemos perdido la capacidad de indignarnos, y la capacidad de rebelarnos y eso me preocupa mucho. La gente, de lo que está pasando, no dice nada. En Cochabamba hemos estado dos semanas enterrados en 10 mil toneladas de basura, encima de los cochabambinos, y la gente no ha salido a protestar, para reclamar.

Perfil

  • Dirigencia Fue secretario ejecutivo de la Federación de Trabajadores Fabriles de Cochabamba.  
  • Agua Participó activamente en la creación de la Coordinadora de Defensa del Agua y la Vida en 2000, con la red de regantes, trabajadores, ambientalistas, campesinos, artesanos, vecinos, comités de agua y cooperativas.
  • Lucha Por su papel y responsabilidad en la Guerra del Agua, Óscar Olivera recibió el premio de Derechos Humanos Letelier-Moffitt (2000), el premio ambiental Goldman (2001), y el premio James Lawson  al activismo no violento en 2013.
  • Actualidad El líder de la Coordinadora es miembro y fundador de la Fundación Abril; también aprendiz de jardinero, siembra lechugas en escuelas y comunidades.
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