2025-04-25

Son registrados en un libro, publicado por UTB

La Paz cuenta con más de 185 tipos de árboles, sean locales o foráneos

El patrimonio forestal de La Paz fue registrado gracias a los esfuerzos de los investigadores Donovan Osorio y Rafael Díaz, quienes preparan una segunda edición del libro Arbolado Fotográfico.

El proyecto comenzó con paseos y una cámara. El ingeniero Dónovan Francisco Osorio recorría las calles de la ciudad, tomando fotos de los árboles que encontraba en su  camino y descubriendo un tesoro ambiental, que fue registrado en el libro Arbolado Fotográfico de la Ciudad de La Paz.

“Tengo interés sobre la flora arborescente de la ciudad, por lo que  comencé a recorrerla y a hacer varios estudios. Recibí varias sorpresas. Principalmente, hallamos especies que, normalmente, no se relacionarían con la ciudad. Es por eso que nació la idea de iniciar el proyecto que se concretó en el libro”, explicó Osorio a Visión 360.

Para llevar adelante el proyecto, el investigador se contactó con la Universidad Tecnológica Boliviana (UTB) y trabajó con el ingeniero Rafael Díaz Soto, coautor del tomo. El objetivo, aseguran, es no solo mostrar la belleza arbórea de la ciudad, sino tener un catálogo especializado, con fichas científicas de los especímenes.

Una acacia negra (Acacia melanoxylon) con parásitos. FOTO: Dónovan Osorio / UTB

 

La iniciativa comenzó en 2018 y se extendió hasta 2019, cuando se publicó la primera edición del tomo. Un ejemplar que sorprendió a propios y extraños, ya que durante el registro se encontraron y documentaron 185 especies de árboles en La Paz, y mayor asombro, dentro de los límites de la mancha urbana, de Pura Pura a Mallasa, sin incluir las zonas rurales como Zongo.

Me llamó la atención  encontrar árboles de chirimoya, de palta, naranjos, todos  con frutos.
Dónovan Osorio

“Y este es uno de los elementos más importantes e impactantes de este trabajo: la destrucción de mitos con conocimiento. Hemos ampliado la información de nuestro patrimonio natural y presentarla a nuestra gente. En el imaginario del paceño no se piensa mucho sobre cuántos y qué tipos de árboles viven en el municipio. Cuando le preguntas a la gente ¿cuántas conoces? A lo mucho te responden que quizá unas  20 y si pides que te las identifiquen, a lo mucho lo hacen con tres”, agregó Díaz.

La catalogación de estas plantas también demostró que La Paz no solo es la ciudad donde converge gente de todo el país, también es la urbe donde crecen especies de todo el mundo.

Dónovan Osorio y Rafael Díaz hablan con Visión 360 sobre el libro, con los registros que publicó la UTB. FOTO: Marina Mamani/ visión 360 

 

La Paz, ciudad que recibe a propios y extraños
Osorio detalló que la mayor parte de las especies identificadas son exóticas. Es decir,  no son originarias de la región en la que se encuentra la sede de Gobierno. Al momento de lanzar la primera edición, de las 185 especies registradas, solo unas 20 eran nativas de la zona. Las 165 restantes o provenían de diferentes lugares del departamento de La Paz o del país, o tenían un origen internacional.

Esto implica que dos de los tipos de árboles, que ya son considerados tan paceños como la marraqueta, no lo son. Es el caso de los eucaliptos, ya que muchas de sus variedades provienen de Oceanía. “Está, también, la famosa retama, que mucha gente piensa que es una especie nativa de América, pero no, es del Mediterráneo”, explicó Osorio.

Frutos del árbol de ricino. Sus semillas son altamente tóxicas. FOTO: Dónovan Osorio / UTB

 

Esto muestra que el desarrollo y expansión vegetal de La Paz no fue natural ni un proceso organizado.

“Tenemos mucha gente que compró un arbolito para su casa, el parque que se encuentra frente a su vivienda o para la acera, seducido por su apariencia, antes que preocuparse si se trataba de una especie original o no de la zona, si tenía la capacidad de sobrevivir en el  lugar donde pensaba plantarlo o si su tamaño era el adecuado. El resultado es que tienes, entre los plantines que no prosperaron, otros que, sin ser de este ecosistema, lograron naturalizarse y prosperar”,  indicó Osorio.

Un loto (Psittara mitratus) come un fruto del molle. FOTO: Dónovan Osorio / UTB

 

De esta forma, el botánico, experto o aficionado, se encuentra, de sopetón, con árboles que, por sus características, uno no esperaría que sobrevivieran en esta ciudad, como un toborochi. Este tipo de árboles, aseguran los investigadores, son más comunes en los valles y en el oriente nacional, y se encuentran en plena acera del barrio de Auquisamaña, donde también se halla un ejemplar de algarrobo y tres variedades distintas de tajibos.

“Me llamó mucho la atención  encontrar árboles de chirimoya, de palta, naranjos, todos  con frutos. También se puede encontrar una palmera andina, nativa de la región de los Yungas, pero en plena zona Sur, convirtiéndose en una palmera urbana. Consulté a un experto en palmeras, que me dijo que es la única Ceroxylon Pterophyllum urbana del planeta Tierra”.

Una Tillandsia capillares habita en un cedro (Cedrela amgustifolia). FOTO: Dónovan Osorio / UTB

 

Es aun más sorprendente cuando los científicos explican que, por ejemplo, la zona norte es pampa andina, que no se caracteriza, precisamente, por ser una región boscosa. Sin embargo, ahí está el bosquecillo de Pura Pura, una de las zonas más emblemáticas de la urbe.

Los investigadores destacaron que se presenta otro fenómeno poco común: las especies foráneas se naturalizaron en la región, adaptándose a las condiciones climáticas y de suelos. Cierto, muchas veces gracias al esfuerzo de los jardineros, pero también por procesos naturales.

En el imaginario del paceño no se piensa mucho sobre cuántos y qué tipos de árboles hay”.
Rafael Díaz

Osorio aún no habla de evolución, porque esta se da en poblaciones, no en pocos individuos, pero que sí hay cambios biológicos importantes que deben ser estudiados por los botánicos.

Un enebro chino (Juniperus chinensis), endémico de Japón, ubicado en el barrio de Irpavi. FOTO: Dónovan Osorio / UTB 

 

Junto a esto está el hecho de que muy pocos árboles se comportan como especies invasoras. Este término se aplica a plantas, hongos, algas o animales que, al ser introducidas en un ecosistema ajeno, causan un desequilibrio ecológico, amenazando la biodiversidad nativa y los servicios ecosistémicos locales.

“Hay algunas especies que, en la bibliografía, las podemos ver como invasoras, pero que no siempre se comportan aquí de esa manera o su efecto es menor. Eso no quiere decir que  no se dé este fenómeno. Tenemos variedades de acacias australianas y algunos eucaliptos, que sí están empezando a actuar como especies invasoras”, agregó el especialista nacional.

Para los autores, esto no significa que estos árboles deban ser exterminados.  No solo porque ya son parte del patrimonio de la ciudad, sino que también ofrecen una oportunidad única de estudio y, han estado tanto tiempo que ya han desarrollado relaciones con otras plantas y varios animales.

“Hay loritos, que creemos que eran de la zona de Luribay que se escaparon de casa donde eran mascotas y que, ahora, viven y prosperan aquí,  ya hacen nidos y consiguen alimentos en los molles. Muchos otros sirven para la vida de los insectos y musgos, entre otros”, explicó Osorio.  “Es importante que reconozcamos este patrimonio natural de La Paz. No solo es importante en el aspecto ecológico, sino que es uno de los atractivos especiales de nuestra ciudad”, agregó el coautor.

La clave del éxito
El secreto del triunfo de estas especies radica en las características climatológicas y geográficas de la ciudad de La Paz.

La sede de Gobierno se encuentra entre dos ecorregiones: puna y valle seco, algo único en las manchas urbanas del país. Los autores recuerdan que las urbes como Cochabamba, El Alto, Oruro y Santa Cruz se mantienen en un espacio homogéneo, por lo que los árboles que viven allí corresponden a esa región, no así en La Paz.

Árbol de ricino (Ricinus communis L.), que está en Auquisamaña. FOTO: Dónovan Osorio / UTB

 

Además, la hoyada cuenta con un clima especial, tropical.  “El término tropical no significa solamente que hace calor, sino se refiere a la cantidad de horas de luz. Por ejemplo, la diferencia entre el 21 de junio y el 21 de diciembre es apenas de una hora y algo más de luz diurna. Asimismo, la diferencia entre la temperatura promedio de junio y diciembre es de, apenas, 5 grados centígrados. El frío que experimentamos se debe a la altitud. También podemos notar que estamos en una zona tropical porque las lluvias son en la época del verano; nuestros glaciares se forman en estación y otras características propias de los trópicos.

"Esto hace que podamos tener diversas especies”, explicó Osorio.

Ese potencial no significa que se pueda plantar sin ton ni son en toda la ciudad. Para comenzar, uno debe estar atento al tipo de suelo. “En general, en La Paz tenemos suelos poco aptos para árboles: o muy pedregosos o arenosos, por lo cual se necesitan técnicas especiales para el crecimiento del plantín”, indicó Díaz.

Osorio agregó que es importante saber exactamente qué tipo de árbol se tiene, para encontrar el espacio adecuado para su crecimiento y a qué distancia de otros árboles debe estar.

Esto también implica un desarrollo de políticas de forestación municipales, de tal manera que no solo se proteja a las copas importantes, sino también a otras plantas y animales.

Árbol de membrillo (Cydonia vulgaris Pers), en San Miguel.  FOTO: Dónovan Osorio / UTB

 

Buscando cambios
Y ese es otro de los objetivos de la publicación Arbolado fotográfico de la ciudad de La Paz: el generar medidas por parte de las autoridades que ayuden tanto a la conservación como a la expansión.

Uno de sus efectos fue casi inmediato. En 2019, el gobierno municipal, en ese tiempo bajo el mando de Luis Revilla, promulgó la Ley 382, la cual declaró Patrimonio Natural del  Municipio a 29 especies catalogadas en el libro. Estas se encuentran tanto en espacios públicos como en viviendas o instalaciones privadas.

Las aves totaqui y chifuanco se alimentan de las uvillas. FOTO: Dónovan Osorio / UTB

 

Asimismo, el texto que cuenta con fichas científicas de los ejemplares identificados, fue entregado a centros educativos de distintos niveles, incluido en la mochila escolar en 2020 y aún se encuentra disponible para los interesados en el tema.

Pero, no es  la versión definitiva, y los autores se encuentran trabajando en una segunda edición, que planean presentar este año como un regalo a La Paz en el Bicentenario de Bolivia. Sin embargo, aún no especificaron la fecha.

Hay muchas razones para tener un nuevo tiraje. Una de las principales es que Osorio continuó con sus recorridos entre la publicación del primer libro y este año, en los cuales  logró identificar más especies nuevas. Ahora, el registro supera las 200.

“Nos reservamos el número exacto, pero puedo decir, sin lugar a dudas, que nuestras estimaciones iniciales se quedaron cortas”, agregó  Díaz.

La nueva publicación también busca ser más interactiva con el lector. Por eso se contará con una edición digital y se habilitará una plataforma digital para obtener más información.

Los frutos del membrillo, comestibles y con vitamina C. FOTO: Dónovan Osorio / UTB

 

Como en el trabajo original, el nuevo también contará con fotografías de los especímenes individuales.

La ficha completa detallará su taxonomía, que es el registro de a qué especie, género, familia, orden, supraorden, clase y división pertenecen; el nombre, o nombres, común; la ubicación, tanto como dirección de ciudad, como coordenadas georreferenciales y altitud; descripción botánica, lo que incluye el tipo de corteza, las características de la copa, de las hojas, flores y frutos; su origen y distribución en su zona de origen y las funciones ecológicas, y para el ser humano que cumple, como si es ornamental, produce alimentos u otras.

Para esto se trabaja de cerca con otros científicos, para proveer la información más completa posible.

“La gente no puede amar lo que no conoce, y si logramos que amen los árboles tras conocerlos, tendremos no solo un ambiente mejor, sino también un nuevo atractivo turístico”, agregó Osorio.  

LIBRO

AUTORES. Dónovan Osorio, Rafael Díaz y un equipo de la Universidad Tecnológica Boliviana (UTB).

DISTRIBUCIÓN. Los interesados pueden acudir a la unidad de investigación de la UTB, que se encuentra en la calle Nicolás Acosta, piso cuatro.

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