2025-08-05

Gestión

Petro en su recta final: las claves de tres años del primer gobierno de izquierda en Colombia, salpicado de corrupción

El deterioro de las finanzas públicas por el elevado nivel de gasto ha incrementado el déficit fiscal y elevado el volumen de deuda pública.

EFE / Bogotá

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, entra esta semana en su último año de mandato con un doble reto: saldar las promesas que aún le pesan y reparar el legado del primer Gobierno de izquierda en el país, empañado por la rotación constante de ministros, un uso desatado de X y escándalos de corrupción.

El primer Gobierno colombiano de izquierda ha logrado en tres años reducir la inflación y el desempleo pero el deterioro de las finanzas públicas por el elevado nivel de gasto ha incrementado el déficit fiscal y elevado el volumen de deuda pública.

El presidente Gustavo Petro, en su discurso de instalación del nuevo periodo ordinario de sesiones del Congreso, el pasado 20 de julio, sacó pecho con los resultados de su gestión en materia macroeconómica, pero el horizonte no parece tan diáfano a ojos de los mercados.

Según Petro, el 7 de agosto de 2022 recibió el país con una inflación del 13,8% -en realidad estaba en el 10,8%- y en estos tres años la ha bajado al 4,82%, resultado que consideró "un éxito enorme", mientras que el desempleo cayó en junio pasado al 8,6%, dos puntos menos que el 10,6% que tenía cuando comenzó su Gobierno.

Eso en un contexto de crecimiento moderado de la economía colombiana, del 0,7 % en 2023, primer año completo del Gobierno de Petro, y del 1,7 % en 2024, impulsada por el consumo privado.

El presidente ha destacado que los resultados no son mejores porque no lo permite el Banco de la República, la autoridad monetaria del país, cuya autonomía cuestiona y al que critica permanentemente por su cautela a la hora de bajar los intereses.

Estas son las claves de su paso por la Casa de Nariño, el palacio presidencial que Petro considera ostentoso y del que, según dijo hace poco: "saldré corriendo a gritar de alegría como un niño cuando sale de la escuela" el 7 de agosto de 2026.

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1. Una fórmula rota

Hace tres años, Petro canalizó los anhelos populares de sectores históricamente relegados, reforzado por la figura de Francia Márquez, símbolo de lucha ambiental, liderazgos sociales y afrocolombianidad. Juntos lograron más de 11 millones de votos y prometieron una transformación profunda.

Hoy esa promesa hace agua, la relación entre Petro y Márquez está rota y el entusiasmo inicial de sus bases se ha diluido entre contradicciones y decisiones difíciles de justificar.

El presidente del 'cambio', economista con pasado como senador, alcalde de Bogotá y guerrillero, tiene hoy un respaldo del 30 % y un historial de funcionarios cuestionados. El más polémico: su ministro del Interior, Armando Benedetti, ahora su escudero más cercano, investigado por maltrato y acoso.

Y la imagen de Márquez, que fue piedra angular, se ha desdibujado. El pasado 20 de julio, ambos llegaron por separado a la instalación del Congreso, cristalizando un distanciamiento que ya era un secreto a voces. En los últimos seis meses, la vicepresidenta perdió su partido y fue desplazada del Ministerio de Igualdad, hoy dirigido por un exactor porno.

Petro no le perdonó una alusión a un posible chantaje de Benedetti en un consejo de ministros televisado de febrero pasado, y la relación, que ya era tensa, se quebró.

Hace dos semanas, Márquez rompió su silencio con un dardo: "Pasé de ser la heroína a la traidora", dijo, y denunció que su cuerpo "de mujer negra" fue "instrumentalizado y desechado".

"Se nos quiere en la foto, pero no en la toma de decisiones", agregó. Y el presidente nunca respondió.

2. Más de 50 ministros

Desde que asumió, Petro ha intentado activar los grandes resortes del poder: acuerdo nacional, asamblea constituyente y consultas populares. Ninguna cuajó, y tampoco queda rastro de su prometida 'paz total'.

Su primer gabinete combinó tecnócratas y figuras de centro, pero ni ellos ni los fieles del petrismo funcionaron. Hoy, la maquinaria del Ejecutivo está en manos de figuras como Benedetti y de Alfredo Saade, un líder evangélico a cargo del Despacho Presidencial.

La inestabilidad ha sido la norma: más de 50 ministros han desfilado por su Gobierno, algunos por solo meses, y la falta de experiencia de varios ha empantanado la ejecución de políticas públicas.

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Antiguos aliados ahora lo critican, entre ellos el excanciller Álvaro Leyva, que lo acusa de ser incapaz de gobernar por una supuesta adicción a las drogas.

3. Reformas: avances y tropiezos

Petro ha intentado transformar el aparato institucional colombiano con más de 50 reformas. Algunas avanzaron durante su primer año, cuando contaba con mayoría legislativa, pero la coalición oficialista se fracturó en 2023, tras una controvertida reforma a la salud.

Su estrategia de avanzar con reformas mínimamente ajustadas chocó con una oposición reacia a modificar lo estructural. Pero recientemente consiguió victorias clave: sacó adelante la reforma pensional, que fortalece el sistema público y crea un pilar solidario; y la reforma laboral, que mejora pagos en festivos y obliga a plataformas a cotizar por sus repartidores.

El cuarto año legislativo, sin embargo, se perfila cuesta arriba. Con la campaña electoral en el horizonte, los congresistas priorizarán proyectos propios que puedan exhibir ante sus votantes, mientras el Gobierno buscará acelerar sus últimas apuestas sin mayoría asegurada: la reforma a la salud, una ley de sometimiento para bandas criminales y un proyecto para reducir tarifas de energía.

4. Salpicado por corrupción

Una promesa traicionada ha sido la lucha contra la corrupción. El "Gobierno del cambio" cayó en las mismas prácticas que dijo erradicar, alcanzando incluso al círculo más cercano del presidente.

Su hijo mayor, Nicolás Petro, enfrenta un juicio por lavado de activos y enriquecimiento ilícito por presuntamente recibir dinero irregular de un exnarco durante la campaña presidencial.

En su discurso del Día de la Independencia de 2023, Petro pidió disculpas al país por nombrar a Olmedo López como director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo (UNGRD), entidad epicentro del mayor escándalo de corrupción de su gobierno.

Este año evitó el tema, pese a que uno de sus exministros de Hacienda está siendo investigado por este caso y su exdirector administrativo, Carlos Ramón González, tiene orden de captura.

5. Diplomacia a golpe de tuits

En política exterior, la relación con Estados Unidos, principal socio comercial de Colombia, se ha tensado al máximo desde enero. La primera crisis estalló apenas una semana después del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, cuando Petro bloqueó la llegada de vuelos con deportados, denunciando tratos indignos.

La segunda fue en julio, cuando Petro se hizo eco de una declaración de Nicolás Maduro sobre un supuesto "golpe de Estado" orquestado por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. Este convocó de forma urgente al jefe de la misión diplomática en Bogotá y Petro hizo lo mismo con su embajador en Washington.

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Muchas de estas tensiones se han cocinado en X, la red que Petro usa como tribuna para compartir sus opiniones, muchas veces incompletas o con errores ortográficos, revelando impulsividad más que estrategia.

Otro eje de su agenda internacional ha sido la condena al genocidio en Gaza. Rompió relaciones con Israel y firmó un decreto que prohíbe la exportación de carbón colombiano a ese país, alegando que se usa para fabricar bombas "que matan niños palestinos".

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