Desorden
El adiós que no tuvo silencio: entre lágrimas y morenadas en la Asamblea Legislativa
Por un instante, el Hall de la Asamblea Legislativa Plurinacional se convirtió en un espacio de recogimiento. Los restos del diputado y diplomático Gustavo Aliaga Palma reposaban en medio de coronas, flores blancas y rostros compungidos. Desde las 08.30 de la mañana de este viernes, familiares, amigos y autoridades nacionales e internacionales llegaban para dar el último adiós a un hombre que dedicó su vida al servicio público y a la defensa de los bolivianos en el exterior.
Entre los asistentes se encontraban los expresidentes Carlos Mesa y Jorge Tuto Quiroga, además de representantes del cuerpo diplomático y legisladores de distintas bancadas. El ambiente era solemne. Las oraciones se mezclaban con el sonido tenue de los pasos y el murmullo del llanto contenido.
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Sin embargo, ese silencio fue abruptamente interrumpido. Desde el Patio Histórico, ubicado a pocos metros del Hall donde se velaban los restos de Aliaga, comenzó a escucharse una banda de más de 15 integrantes que entonaba una morenada, seguida de cuecas y tinkus. La música, alegre y ensordecedora, contrastaba con el dolor que se vivía en el recinto contiguo.
El evento fue organizado por la diputada del Movimiento Al Socialismo (MAS), Ana María Mendoza Aguilar, y celebró el 477º aniversario de la fundación de la ciudad de Nuestra Señora de La Paz. Durante el acto también se reconocieron méritos académicos y laborales. Al menos seis parlamentarios participaron en la actividad, que incluyó discursos, danzas folklóricas y aplausos. Todo esto ocurrió mientras, a escasos metros, familiares de Aliaga despedían a su ser querido.
“Fue indignante. No respetaron el dolor ni el luto. Parecía una fiesta en medio de un funeral”, expresó uno de los asistentes al velorio, visiblemente molesto.
Los legisladores y personal de Comunidad Ciudadana pidieron que el evento se trasladara a otro ambiente, apelando al respeto que merecía un hombre que, en vida, fue reconocido por su labor diplomática y por su compromiso con los bolivianos residentes en el extranjero. Aliaga había destacado especialmente en Argentina, donde instaló oficinas de atención en la zona de La Matanza, barrio peligroso donde los bolivianos eran víctimas de violencia. Su trabajo logró que las autoridades argentinas redoblaran la seguridad para los compatriotas.
“Gustavo Aliaga se dedicó a trabajar por el bien común de los residentes bolivianos, no a organizar entradas folklóricas”, recordó un ciudadano boliviano residente en Buenos Aires.
Pese a las quejas presentadas ante la Unidad de Protocolo de la Cámara de Diputados, la respuesta fue fría y burocrática: “Qué podemos hacer, el evento estaba programado con anticipación”.
La Asamblea Legislativa cuenta con más de seis salones amplios, incluido el de Interpelaciones, que dispone de sillas y comodidades suficientes para actos públicos. Aun así, se decidió realizar el evento folklórico justo al lado del velorio.
Mientras en un espacio se escuchaban plegarias y sollozos, en el otro resonaban bombos y trompetas. Dos escenas opuestas bajo un mismo techo: el adiós silencioso de un servidor público y la fiesta desentonada que no supo esperar un día más.
El contraste quedó grabado en la memoria de quienes asistieron al velorio, no solo como una falta de protocolo, sino como un reflejo de una profunda ausencia de empatía institucional.