2025-12-03

La increíble historia de Sixto Rodríguez

En suma, el cantautor de raíces mexicanas ofreció, en diferentes años, más de treinta conciertos por Sudáfrica; y ya conocido en otros ámbitos sus álbumes se vendieron por miles, a tal punto que cobró popularidad en otras latitudes como Australia y Suecia.

Sixto Rodríguez es el claro ejemplo de lo que un fracaso inicial puede convertir a alguien en el protagonista de una historia que, aun sin conocerla él mismo, lo lleve por ámbitos insospechados y lo dote de una identidad definida. Músico y compositor nacido en Detroit en 1942, y sexto hijo de inmigrantes mexicanos, Rodríguez se dedicó desde muy joven al oficio de obrero de la construcción. Si bien esta dura faena le procuraba el sustento diario, su afición visceral por la música le proporcionaba momentos de plenitud que hacían sus días más llevaderos. Fue así que un día, harto de las arduas jornadas laborales, decidió tomar la guitarra y probar suerte cantando su música en bares portuarios a orillas del río Detroit.  

En medio de la penumbra y denso ambiente de los boliches, Rodríguez, entregado en cuerpo y alma a su arte, no gozaba de éxito. Por más que deambulara de pub en pub, su errática vida musical, inconquistable de sueños en los que se veía a sí mismo alumbrado por la celebridad, lo hundiría en el desencanto. Agobiado y digiriendo su derrota en silencio, a punto estaba de alzar los brazos cuando una noche lo descubrieron, le ofrecieron firmar un contrato y publicar su primer álbum. Pero este disco, llamado Cold Fact, pese a la voz y talento de Rodríguez, no alcanzaría notoriedad.

Así y todo, al año siguiente le ofrecieron grabar, bajo el sello Sussex Records, otro álbum llamado Coming from Reality, mismo en el que según sus biógrafos el nivel y estilo (música y lírica) del músico se comparaban con los de Bob Dylan, “aunque claramente se podía escuchar en sus canciones una personalidad propia y diferente a todo lo que antes se había producido”. No obstante, tras intentar por mucho tiempo divulgar el álbum por todo el ámbito de Detroit y alrededores, la fortuna le fue esquiva y en 1974 Sixto Rodríguez dejó de cantar, canceló todo contrato discográfico y regresó al anónimo oficio de albañil.

Pero curiosamente algo singular, o bien, por lo extraño, algo enigmático había sucedido en la frustrante etapa de grabaciones y fracasos vivida por Rodríguez. Sin saberlo, alguien había llevado a Sudáfrica una copia de Cold Fact. Si en este país de África austral se bancaban los más lacerantes períodos del apartheid, en los que, entre otras formas de segregación se subordinaba el arte y la cultura a un plano de tradiciones extremas, la llegada de la novedosa música de Sixto Rodríguez fue una bocanada de aire fresco para la juventud sudafricana.

A tal punto suscitaron un remezón sus canciones, que de una a otra copia pirata del álbum llegarían a grabarse clandestinamente cientos de miles. El otrora obrero de la construcción de Detroit, que templaba el aire con ritmos de soul, rock y blues, alcanzaría el estrellato del que él mismo no sería consciente. “Sus canciones de protesta contra la guerra de Vietnam, la desigualdad racial, y el abuso a las mujeres”, pronto se convertirían en auténticos clásicos, “sobre todo en quienes sufrían la brutalidad del sistema, y veían a Rodríguez incluso como una tabla de salvación para salir de la violencia política del apartheid”.

Según relatan sus biógrafos, en los hogares de Sudáfrica de a mediados de los setenta tres discos no podían faltar: Abbey Road, de los Beatles, Bridge Over Troubled Water, de Simon & Garfunkel, y Cold Fact, de Rodríguez, valorado “como uno de los discos más escuchados de todos los tiempos”. Pero como Sudáfrica se hallaba totalmente aislada del resto del mundo, la gente estaba segura de que el músico estadounidense era conocido en todas partes, igual como se lo conocía ahí (si alguien pronunciaba el apellido “Rodríguez”, no había nadie que no supiera de quién se estaba hablando). Fue así que, en actitud propia de una sociedad condenada al confinamiento, y sin saber qué ocurría realmente con Sixto Rodríguez, la falta de información motivó a que se tejieran rumores sobre el músico.

Uno de ellos se propagó, “y fue de público conocimiento entre los fans de Rodríguez que en un concierto él se había rociado a sí mismo con combustible, y sin que nadie pudiera evitarlo se prendió fuego delante del público”. Otra versión aseguraba que el músico había sacado un arma en el escenario y se había disparado en la cabeza frente a su público. Cualquiera hubiera sido la causa de su muerte, ahí acababa la mágica historia de quien, en el imaginario colectivo, no solo que había sido visto como una potente luz de esperanza en los sudafricanos, sino que se lo recordaría por décadas como al músico “más grande de la historia del rock, incluso más grande que Elvis o los Rolling Stones”.  

En 1996, ya con Nelson Mandela como primer presidente negro de Sudáfrica, y formalmente doblegado el régimen del apartheid, Stephen Segerman, dueño de una tienda de discos en Ciudad del Cabo, y el periodista Craig Bartholmew-Strydom, ambos antiguos fans de Sixto Rodríguez, decidieron investigar cuál había sido la realidad de la vida y muerte del artista. Crearon entonces un sitio web para hallar alguna pista del músico, y muchos de los fans incondicionales se sumaron a esa iniciativa por su interés en esclarecer el enigma. Mientras se examinaban diversas hipótesis sobre su paradero, un día, una de las hijas de Rodríguez, navegando por Internet se topó con el sitio, se comunicó con ellos desde Estados Unidos y les dijo que Sixto Rodríguez era su padre.

Paralelamente a este trascendental e inesperado encuentro, los investigadores lograron comunicarse con Mike Theodore, músico y arreglista y uno de los productores del álbum Cold Fact, quien les reveló que Rodríguez no estaba muerto. La noticia cundió como reguero de pólvora y se propagó rápidamente entre los fans de Sudáfrica. Si por espacio de algo menos de 25 años se había mantenido viva la leyenda de su ídolo cantando su música, de pronto todo adoptaba un cariz distinto al enterarse sus seguidores que “el gran Rodríguez” estaba con vida, llevando un pasar común de clase trabajadora junto a sus tres hijas, y absolutamente ajeno a toda aspiración artística. Fue entonces cuando llegó el momento esperado por sus fans y lo invitaron a dar conciertos que fueron auténticos sucesos en escenarios con entradas agotadas. “Gracias por mantenerme vivo”, fue la frase que Rodríguez pronunció en su primera presentación de 1998, ante el delirio de miles de adeptos. 

En suma, el cantautor de raíces mexicanas ofreció, en diferentes años, más de treinta conciertos por Sudáfrica; y ya conocido en otros ámbitos sus álbumes se vendieron por miles, a tal punto que cobró popularidad en otras latitudes como Australia y Suecia, donde Sixto Rodríguez abarrotó escenarios de aforos multitudinarios. Se cuenta que luego de todo ese periplo artístico por Sudáfrica, y por los otros países, el cantante comprendió que, ya valorada su música y poesía, y de haber sido rescatado del “fracaso” de toda una vida, el único interés que lo animaba para entonces no era otro que disfrutar del triunfo. Consciente de ello, regresó a su natal Detroit a seguir viviendo en la misma casa que lo vio nacer. Sixto Rodríguez había alcanzado el éxito.

En 2012 se estrenó el documental sobre su vida, titulado “Searching for Sugar Man” (Buscando a Sugar Man), bajo la dirección del cineasta sueco Malik Bendjelloul. Un año después ganó el Óscar al mejor largometraje documental.

Sixto Rodríguez falleció el 8 de agosto de 2023 a la edad de 81 años, al momento mismo –tal como cuenta una de sus hijas- de entonar en susurro la canción “Cause”, de su segundo álbum Coming from Reality, y levantar dificultosamente la voz en la parte “…porque el beso más dulce que me han dado es el que nunca he probado…”, como una lejana evocación de sus sueños perdidos en los boliches de los suburbios portuarios de Detroit.  

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

Temas de esta nota
Te puede interesar