2025-12-07

Reportaje especial

Bolivia avanza en salud sexual, pero el embarazo adolescente sigue siendo el indicador más difícil de reducir, según UNFPA

Pablo Salazar Canelos, representante del UNFPA en Bolivia, asegura que en los últimos años decenas de miles de adolescentes han recibido atención; sin embargo, advierte que las cifras evidencian "un déficit" y la necesidad de ampliar el servicio.

Bolivia atraviesa un proceso de transición demográfica que muestra un descenso sostenido de los embarazos en general. Sin embargo, el embarazo adolescente, especialmente en los grupos de 15 a 19 años y en niñas menores de 15, sigue siendo el indicador más difícil de reducir, según advierte el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

Pablo Salazar Canelos, representante del UNFPA en Bolivia, asegura que en los últimos años decenas de miles de adolescentes han recibido atención, pero advirtió que las cifras demuestran que "hay un déficit" y una necesidad de incrementar el servicio. "Ahora estamos trabajando en generar un modelo escalable que pueda incluir la participación del sector privado y encontrar soluciones locales para asegurar que estos centros puedan aplicarse", sostiene.

Según cifras oficiales, entre las adolescentes de 15 a 19 años se observa una tendencia a la reducción, al pasar de 64.783 embarazos en 2016 a 22.674 en 2025. Esta disminución también se refleja en niñas menores de 15 años, cuyos embarazos bajaron de 4.133 a 1.189 en una década.

Para Salazar, la explicación radica en la profundidad de los determinantes sociales y en la desigual distribución territorial de los servicios. "Las zonas rurales concentran la mayor dificultad", señala, destacando que en estos lugares el acceso a la información, a anticonceptivos, a orientación y a protección sigue siendo fragmentado.

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Un componente central de la política pública que ayudó a reducir estos indicadores es el modelo de Servicios de Atención Integral Diferenciada para Adolescentes (AIDA), que, según Salazar, "es un servicio dentro del sistema de salud, pero creado para que los adolescentes reciban atención especializada, confidencial y sin juicio".

Su naturaleza responde precisamente a romper las barreras que enfrentan los jóvenes a la hora de solicitar orientación sobre su salud sexual, tales como el miedo, la desconfianza, los estigmas y la sensación de que los centros de salud tradicionales no están diseñados para ellos.

Los AIDA, a diferencia de la atención convencional, ofrecen horarios adaptados, consejería confidencial, personal capacitado específicamente para tratar con adolescentes, acceso a métodos anticonceptivos modernos y apoyo psicológico. "Lo que hace diferente a un AIDA es que aquí se conversa, se orienta y se acompaña sin estigmas", explica Salazar, quien detalla que este tipo de atención no forma parte del funcionamiento habitual del sistema de salud tradicional.

La implementación del modelo se ha expandido en los últimos años a 89 municipios del país. Según Salazar, en varios de ellos la clave del éxito ha sido la formación especializada del personal de salud, que recibe capacitación en educación sexual integral, derechos reproductivos, consejería, prevención de la violencia y enfoque de género.

Pablo Salazar Canelos, representante del UNFPA en Bolivia, ofrece una entrevista en su despacho. Foto: José Fernández

Esta profesionalización ha permitido que los adolescentes reciban orientación prolongada, seguimiento y acompañamiento, algo que no suele ocurrir en las consultas convencionales. Aun así, el representante del UNFPA reconoce que aún persisten varios desafíos. "La idea es que estos servicios se vayan transfiriendo y sean asumidos por los municipios, que gestionan los primeros niveles de atención con acompañamiento normativo y seguimiento, el cual certifica que el servicio pueda denominarse AIDA", afirma.

La evolución del modelo AIDA enfrenta un nuevo reto: avanzar en los lugares donde se ha detectado la mayor cantidad de embarazos adolescentes. Según Salazar, Bolivia ya cuenta con datos a nivel de comunidades pequeñas, lo que permite identificar con precisión dónde se concentra la problemática y planificar intervenciones territoriales específicas.

Salazar expresa la necesidad de desarrollar “inteligencia en salud”. “Se trata de cómo realizar intervenciones efectivas, no centrándonos en los costos, sino en los resultados finales. Identificar dónde se encuentran los casos, por ejemplo, de embarazos adolescentes, establecer servicios y generar mecanismos de financiamiento basados en resultados”, afirma.

¿Qué resta por hacer? A pesar de los avances, Salazar reconoce que aún persisten tareas pendientes, como asegurar el financiamiento, ampliar la cobertura en zonas rurales, fortalecer la formación continua del personal y garantizar que la atención diferenciada se integre plenamente al sistema estructural de salud.

(*) Este reportaje forma parte de una investigación realizada con el apoyo del Fondo Concursable de la Fundación para el Periodismo (FPP), en el marco del proyecto Periodismo de Soluciones.

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