2025-12-24

El discurso como estrategia: Edmand Lara y la política del relato

En política —y en la vida real— los relatos sin sustento terminan cayéndose por su propio peso. Porque, al final, todo comunica, pero no todo convence para siempre.

El más reciente TikTok de Edmand Lara no es un gesto espontáneo ni una simple opinión personal: es una pieza cuidadosamente construida que desnuda su estrategia política y confirma el camino que se trazó desde el inicio del gobierno: convertirse en opositor dentro de su propio gobierno.

En el video, el vicepresidente se define como un opositor “constructivo” del gobierno de Rodrigo Paz Pereira, a quien acusa —sin presentar pruebas— de estar rodeado de personas corruptas. Más que una denuncia, el mensaje parece diseñado para posicionarlo en un lugar específico del tablero político.

La frase “si nos quedamos los cinco años, me va a tener que soportar” refuerza esa intención. No es solo una advertencia al presidente, sino una declaración dirigida al electorado. Lara busca instalarse en el imaginario colectivo como una figura confrontacional, incómoda y supuestamente vigilante del poder, aun cuando él mismo forma parte de ese poder.

Desde la narrativa de su discurso, el vicepresidente se presenta como el “defensor de los sectores humildes”, el que da “voz a los sin voz”. Apela a obreros, mineros, taxistas, desposeídos y víctimas de injusticias. En este relato, Lara se construye como el héroe de la historia, mientras asigna al presidente Paz el rol del villano. Es una estructura clásica del storytelling político: un protagonista moral frente a un antagonista corrupto.

La audiencia no es un elemento pasivo en esta estrategia. Por el contrario, es parte central del relato. Lara nunca dejó de hacer campaña; gobierna comunicando como candidato permanente. Busca involucrar a la gente, hacerla sentir parte de la historia, convertirla en lo que desde la comunicación se denomina prosumidores: ciudadanos que no solo consumen el mensaje, sino que lo replican, lo defienden y lo amplifican.

Cuando afirma “si la gente nos revoca en dos años y medio, nos vamos”, intenta reforzar su imagen de líder comprometido con la democracia y el control ciudadano. Desde la comunicación política, este tipo de mensajes no son casuales: describen con claridad el rol que Lara ha decidido asumir dentro de la narrativa popular.

El storytelling es, sin duda, un recurso poderoso. Es el arte de usar relatos para conectar emocionalmente con los votantes, humanizar al actor político y generar empatía, confianza e identificación. En el caso de Lara, esta técnica se encuentra claramente en la etapa del discurso. No es nueva para él: ya le funcionó cuando construyó el relato de víctima del poder tras su salida de las filas policiales, posicionándose con éxito en TikTok y consolidando su imagen como figura “candidateable”. Hoy, como vicepresidente, retoma la misma fórmula, ahora abanderando la lucha contra la corrupción.

Sin embargo, aquí surge el punto crítico. Una cosa es el mensaje y otra muy distinta es construir un contexto que lo valide. Pasar del discurso a las acciones concretas —del storytelling al storydoing— es básico para generar una conexión duradera y demostrar resultados. Sin pruebas, solo hay acusaciones; sin hechos, solo palabras; sin acción, solo prosa.

En política —y en la vida real— los relatos sin sustento terminan cayéndose por su propio peso. Porque, al final, todo comunica, pero no todo convence para siempre.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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