2025-12-29

El reconocimiento de Somalilandia y sus implicaciones para Bolivia

Si en otras regiones del mundo se exploran y concretan soluciones negociadas para superar el encierro geográfico, Bolivia tiene razones legítimas para considerar que su situación también puede encontrar una salida.

El pasado 26 de diciembre, Israel reconoció oficialmente a Somalilandia —una entidad que se separó de Somalia en 1991— como Estado independiente. Esta polémica decisión, que constituye el primer reconocimiento internacional que recibe Somalilandia tras más de tres décadas de independencia de facto, ha generado un rechazo inmediato en amplios sectores de la comunidad internacional, debido al temor de que aliente a otros movimientos secesionistas en distintas regiones del mundo.

Organismos regionales como la Unión Africana, la Liga de los Estados Árabes, la Organización de Cooperación Islámica –a la que se ha sumado Nigeria–, y la Unión Europea se han pronunciado en contra de este reconocimiento, reafirmando el principio de integridad territorial de Somalia. Sin embargo, más allá de las declaraciones formales y del debate jurídico, la decisión israelí responde a una lógica que es esencialmente geopolítica.

¿Por qué Israel dio este paso?

Desde la perspectiva de Israel, Somalilandia posee un valor geoestratégico excepcional por su ubicación a lo largo del Golfo de Adén y en las inmediaciones del estrecho de Bab el Mandeb, uno de los pasos marítimos más sensibles del planeta. Por este corredor transitan rutas fundamentales que conectan el océano Índico con el mar Rojo y el canal de Suez, por donde circula aproximadamente el 15 % del comercio mundial.

En esta zona operan grupos terroristas, como los hutíes, quienes, en respuesta a la guerra en Gaza, han decidido obstaculizar el tránsito de embarcaciones mercantes —con destino a Israel y a sus aliados occidentales— mediante ataques lanzados desde Yemen. Estas acciones han provocado una grave disrupción de las cadenas globales de suministro, elevando los costos del transporte y la inseguridad en una de las rutas marítimas más importantes del mundo.

En este contexto, el reconocimiento de Somalilandia busca asegurar un mayor control y capacidad de vigilancia sobre un punto neurálgico del comercio global. Al mismo tiempo, responde a una estrategia más amplia, destinada a contrarrestar la influencia de los adversarios de Israel en el Cuerno de África y el mar Rojo, principalmente de Irán, Turquía y Egipto, que tienen presencia en los países vecinos: Yemen, Somalia y Eritrea.  

Actores que apoyan el reconocimiento

Entre los gobiernos que han visto con buenos ojos este reconocimiento, se encuentran Estados Unidos, Taiwán, los Emiratos Árabes Unidos y otros países firmantes de los Acuerdos de Abraham, que no se han sumado a las declaraciones de rechazo antes mencionadas. Todos ellos mantienen, de una u otra forma, alianzas estratégicas contra el llamado “Eje de la Resistencia”, liderado por Irán.

A ese grupo se suma Etiopía, que, si bien no comparte los mismos intereses geopolíticos que Israel y sus aliados, ha recibido positivamente el reconocimiento de Somalilandia, pues esto podría facilitar su acceso al mar Rojo, negociado desde hace casi dos años.

En enero de 2024, Etiopía firmó un Memorándum de Entendimiento con Somalilandia que podría modificar de manera sustantiva el equilibrio regional. El acuerdo prevé que Etiopía obtenga una salida al mar Rojo mediante el arrendamiento de un corredor de aproximadamente 20 kilómetros de costa, con acceso al puerto de Berbera, por un período de 50 años. A cambio, Addis Abeba se comprometería a reconocer la independencia de Somalilandia y a otorgarle una participación accionaria en Ethiopian Airlines, la aerolínea estatal etíope y las más importante del continente africano.  

Este convenio no ha podido avanzar debido a la oposición de Somalia y otros actores regionales, que han calificado el eventual reconocimiento etíope de la independencia de Somalilandia como un acto “nulo y sin efecto jurídico”, entre otros argumentos, por la falta de respaldo internacional. No obstante, como ahora ya existe otro reconocimiento –el de Israel– y la posibilidad de que otros actores se sumen, el memorándum de entendimiento podría destrabarse, permitiendo finalmente que Etiopía concrete su salida al mar.

Es precisamente en este punto donde el caso adquiere una relevancia particular para Bolivia. Etiopía es un país sin litoral desde la independencia de Eritrea en 1993 y, al igual que Bolivia, ha estado buscando alternativas para superar las limitaciones estructurales que impone la falta de acceso soberano al mar. La decisión de Israel podría contribuir a reducir los costos internacionales del reconocimiento y abrir un nuevo escenario favorable para la implementación del acuerdo etíope-somalilandés.

¿Qué significa esto para Bolivia?

Desde la perspectiva boliviana, estos acontecimientos no deberían ser observados únicamente como el reconocimiento de una entidad separatista, sino como un ejemplo concreto de cómo los intereses geopolíticos pueden facilitar soluciones pragmáticas al problema del enclaustramiento geográfico de un Estado. El caso etíope demuestra que el acceso al mar puede formar parte de acuerdos políticos innovadores, incluso en contextos regionales complejos y controvertidos.

Para Bolivia, que mantiene desde hace más de un siglo una demanda de reintegración marítima al océano Pacífico, este proceso refuerza un argumento central: los problemas de los países sin litoral no son inmutables ni exclusivamente jurídicos, sino profundamente políticos, geoeconómicos y estratégicos. Si en otras regiones del mundo se exploran y concretan soluciones negociadas para superar el encierro geográfico, Bolivia tiene razones legítimas para considerar que su situación también puede encontrar una salida, siempre que exista creatividad diplomática, voluntad política y convergencia de intereses.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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