Deficiencias
La salud al límite en Guayaramerín: un testimonio que expone años de abandono
El cuerpo de Wilson Franco es delgado. Sus ojos ya no ven y sus extremidades fueron amputadas como consecuencia de una diabetes implacable. Tiene 56 años y podría haberse rendido hace tiempo. Pero Wilson sigue en pie. No lucha contra la enfermedad que lo consume día a día, sino contra un sistema de salud que, según sus propias palabras, ha abandonado a los pacientes más vulnerables.
Ayer una comisión del Ministerio de Salud llegó a Guayaramerín, Beni, Wilson pidió la palabra. Desde su silla de ruedas, con voz firme y cargada de indignación, expuso una realidad que —asegura— se repite desde hace años en los servicios de hemodiálisis: escasez de medicamentos, falta de personal médico, promesas incumplidas y pacientes que mueren esperando atención.
“Yo me atiendo en la Caja Nacional de Salud”, aclaró de entrada. “Pero reclamo por los que no tienen recursos, por los que no tienen seguro”. Su lucha no es individual; es colectiva. Y sus cifras son contundentes: solo en 2024, murieron 17 pacientes que se sometían a hemodiálisis en Guayaramerín.
La comisión del Ministerio de Salud llegó hasta la población fronteriza tras las gestiones realizadas por el diputado del Beni, Raúl Párraga, ante su preocupación por las carencias que atraviesan los centros de salud de esa región.
Wilson explicó las causas con crudeza. La falta recurrente de medicamentos esenciales como hierro sacarato y eritropoyetina provoca cuadros severos de anemia. Hoy —denunció— al menos nueve pacientes necesitan transfusiones urgentes. “No hay ni una jeringa de dos pesos. Los pacientes tienen que comprarse hasta las soluciones ácidas y básicas”, relató ante los representantes del Ministerio, a quien también explicó que los equipos de hemodiálisis no reciben mantenimiento.
Su propuesta fue tan simple como reveladora: la creación de una caja chica en el hospital para cubrir emergencias inmediatas. “Así no se va a repetir en los informes que faltó eritropoyetina o hierro”, aseguró. Pero su discurso no se quedó solo en lo técnico. Wilson apuntó directamente a la administración de los recursos.
La unidad de hemodiálisis —recordó— atiende a pacientes de la Caja Nacional de Salud y de seguros privados. Los recursos llegan. Sin embargo, cuestionó su destino. “La auditoría va a determinar qué hicieron con la plata de hemodiálisis durante estos ocho años. No hablo de una sola gestión. Todos han fallado”, sentenció.
Uno de los reclamos más urgentes fue la reposición de dos ítems médicos que, pese a estar destinados a Guayaramerín, fueron reasignados a Santa Ana y Trinidad. “¿Cómo puede ser, con tanta necesidad que tenemos?”, cuestionó. Según Wilson, esos ítems debían fortalecer el servicio de hemodiálisis, pero hoy están en otros municipios mientras en Guayaramerín los pacientes quedan en riesgo de perder la vida.
La situación del personal es crítica. Actualmente se requieren al menos cinco ítems para licenciados en enfermería y cuatro médicos en total. “Aquí sale un médico de vacaciones y no hay quien lo supla”, denunció. Incluso mencionó el caso de un médico al que se le adeudan pagos desde julio del año pasado.
Wilson habló con vehemencia, sin rodeos. Recordó que hace cuatro años se negaron a comprar máquinas necesarias para hemodiálisis porque —según las cotizaciones que realizaron— pretendían adquirir equipos con sobreprecio. “Eso es lo que molesta”, dijo. “El sufrimiento de esos pacientes es mi sufrimiento”.
Antes de terminar, miró al representante del Ministerio y dejó un pedido claro: reposición inmediata de los ítems médicos, contratación de nuevo personal, auditorías a ocho años de gestión de recursos y una verdadera voluntad política para atender la emergencia sanitaria. “No nos han quitado solo ítems”, concluyó. “Nos han robado oportunidades de vivir”.