“El predicador y el esclavo” (1ro de mayo)
“Predicadores de pelo largo salen cada noche/ intentan decirte qué está bien y qué está mal/ pero cuando les preguntas por algo de comer/ responden con voces tan dulces:/ Comerás tarde o temprano/ en esa tierra gloriosa sobre el cielo/ trabaja y reza, vive de heno/ recibirás pastel en el cielo”. - Joe Hill
Cuentan las crónicas del 19 de noviembre de 1915 que, en medio de agitaciones y protestas organizados por los sindicatos norteamericanos por sus derechos laborales, en la ciudad de Salt Lake, Utah, Estados Unidos, era ejecutado por fusilamiento el músico y cantautor de protesta Joe Hill. El sindicalista y activista laboral sueco-estadounidense que inspiró con su lucha apasionada por sus ideales, terminaría convirtiéndose en símbolo del movimiento obrero radical del país del Norte.
El compositor del tema “El Predicador y la Esclava”, añadió un toque lírico a la protesta sindical desde el año 1910, tiempo en el que decidió afiliarse a la Industrial Workers of the World (Trabajadores Industriales del Mundo), en su búsqueda por organizar a los trabajadores excluidos, migrantes, trabajadores temporales. Su activismo no sólo estuvo marcado por huelgas y piquetes obreros, también incluyó una visión más amplia abordando temas como la división étnica y segregación racial, permitiendo la evolución del movimiento obrero sindical en Estados Unidos durante el siglo XX.
La respuesta del Estado fue brutal, persecución, juicios, sentencias de prisión, deportaciones, control policial y ejecuciones extrajudiciales. Con el correr de los años, aquella lucha obrera radical, pasó del compromiso férreo asumido por los líderes obreros en pro de los trabajadores a hundirse en una etapa de decadencia moral que prefirió tranzar con el poder sus intereses individuales, cambiando la represión por maletas llenas de dinero. Acciones que tienen una correlación directa con los tiempos modernos, en contradicción con las conquistas pretéritas que efectivamente buscaban mejorar las condiciones laborales de los trabajadores.
Durante el mismo periodo de tiempo en Bolivia, el gobierno liberal de Ismael Montes llevaba adelante el plan de construcciones ferroviarias, empleando los recursos provenientes de las compensaciones del Acre, por lo que se experimentó un impulso económico que permitía a la administración afianzarse y sentar las bases de reformas imprescindibles para el país. Se atendió preferentemente la instrucción (educación) pública, con la multiplicación del número de maestros, fundación de escuelas autóctonas, con la incorporación de competencias técnicas en el sistema educativo y la creación de normales superiores para la formación de maestros.
En diferentes regiones del país comenzaban a surgir cenáculos científicos y literarios, la juventud ganaba protagonismo y asumía decididamente la construcción de ideas impulsadas por las reformas liberales. La minería junto al esfuerzo del sector privado comenzaba a desarrollarse planificando mejorar los medios de producción más seguros y eficientes, junto a la creación de institutos de agronomía, veterinaria y comercio que buscaban diversificar la economía y apostar por rubros vinculados a la agricultura, la ganadería y la industria.
En medio de éste panorama, durante la segunda década del siglo XX diferentes sectores laborales, especialmente los artesanos, comenzaron a organizarse en mutuales, con el único propósito de alcanzar ayudas mutuas en las necesidades comunes que tenía cada uno de sus miembros, basados exclusivamente en la solidaridad y la reciprocidad. Por su parte, los trabajadores del volante o “chauffeurs”, reunidos en casa de don Cleto Pacheco, en la zona de Santa Bárbara de la ciudad de La Paz, fundaban la “Sociedad de Protección Mutua de Chauffeurs”, durante la madrugada del 27 de diciembre de 1918.
De esta manera iniciaba la historia propia del sindicalismo en Bolivia, provocando una verdadera “revolución de valores”, en las que los fundadores buscaban mejorar las condiciones laborales de sus afiliados, apartados de ambiciones personales y procurando el desarrollo económico legítimo de su sector. Para el 1ro de mayo de 1923, se produjo la reorganización de la mutual de “chauffeurs” que, durante la presidencia de Bautista Saavedra, tuvo su primer estatuto reconocido.
Durante el siglo XX la expansión y creación de nuevos sindicatos ha estado marcada por la necesidad de organizarse y lograr cubrir las aspiraciones sectoriales, siendo significativo el crecimiento a nivel nacional gracias a la iniciativa del primer sindicato que hoy en día se denomina “Sindicato de Choferes de Automóviles en Alquiler, 1ro de Mayo”. Quienes promovieron la creación de la Confederación Sindical de Choferes de Bolivia el año de 1936, en la ciudad de Oruro.
El sindicalismo en Bolivia fue pensado y creado con las mejores intenciones, la búsqueda por organizar a los trabajadores excluidos, explotados y carentes de derechos, logró consolidar instituciones fuertes y representativas que participaron activamente en la historia del país, combatiendo contra el totalitarismo y la defensa de la democracia. Pero, como ocurre a lo largo de la historia, muchos de ellos pasaron del compromiso incondicional por la defensa de los derechos laborales de los trabajadores a una decadencia moral exacerbada en los últimos 20 años.
Son pocas las organizaciones sindicales que conservan incólumes sus principios y valores, aquellas que lo hacen, perviven como reserva moral de la sociedad y como ejemplo de que las demandas pueden realizarse de forma correcta y civilizada. Una de ellas es el “Sindicato de Choferes de Automóviles en Alquiler, 1ro de Mayo”, al que me siento orgulloso de pertenecer y al que quiero rendir mi homenaje a poco de conmemorar su aniversario número 108. Esta benemérita institución, ha librado históricas batallas en beneficio de su sector y del país en su conjunto, constituyendo a día de hoy la vanguardia que puede reconducir el sistema sindical sumido en la peor decadencia moral de su historia.
Mientras tanto que el desánimo y la frustración no minen nuestro espíritu y nos obliguen a cambiar nuestra forma de pensar. Recuerden que, “Estamos acostumbrados a ver al poderoso como si se tratara de un gigante, sólo, porque nos empeñamos en mirarlo de rodillas y ya va siendo hora, de ponerse de pie”.