2026-06-06

Yañee

¡Siempre en el límite del abismo…!

Cuando la política renuncia a una visión a largo plazo y se reduce a cálculos de corto plazo o a polarizaciones estériles, los discursos sobre el bien común pierden credibilidad.

¿Por qué los bolivianos nos hemos acostumbrado que los problemas y las diferencias vayan al extremo de pretender resolverlas con las diferencias y con la narrativa de la discriminación ancestral y que genera odios entre las clases sociales?

¿Por qué tienen que haber muertos y heridos para no caer en el abismo o la guerra civil y luego generar acuerdos o pactos por la democracia o por la República?

En la primera edición de 1979 el historiador británico Charles Arnade en su libro La dramática insurgencia de Bolivia, nos alertó y los hechos históricos se vinieron sucediendo en esa dialéctica, así como concluye el libro de más de 300 páginas: “El sábado 6 de agosto de 1825, Bolivia comenzó su vida como nación independiente; estaba en el umbral de una terrible y espantosa historia”. (Editorial La Juventud, La Paz).

Lloramos los muertos y las violencias del retorno de la democracia, del febrero y octubre negro, de la Asamblea Constituyente, del referéndum revocatorio, de los paros cívicos de la media luna contra el primer gobierno de Evo Morales, del fraude electoral, de los bloqueos ilegales y violentos contra Luis Arce y ahora bajo la tónica de bloqueadores golpistas contra un gobierno democrático, fruto del voto popular.

Desde el retorno de la democracia Bolivia tiene más de trescientos personas que han muerto en situaciones de conflictos sociales y políticos, o por el poder de turno o por los bloqueos o por pugnas entre sectores sociales.

Para un país en desarrollo con altos índices de pobreza, con una crisis económica fuerte tener que soportar más de 35 días de bloqueos de carreteras, caminos y puentes no solo constituye un golpe a la población, sino un acto de maldad, de querer destruirlo todo, obedeciendo caprichos de grupos y la desmedida ambición de poder del ex presidente Evo Morales, que desde el Chapare ha digitado este proceso de bloqueos, que fuera anunciado antes del primero de mayo, sin que el gobierno hubiera activado la estrategia en el manejo de conflictos.

En agosto de 1989 cuando Víctor Paz Estenssoro aprobara el DS 21060 de corte neoliberal, con medidas fuertes para estabilizar el país, miles de mineros decidieron marchar para oponerse a la relocalización o despidos masivos. Llegaron hasta Calamarca, pernoctaron ahí pero antes el gobierno declaró estado de sitio y envío un enorme contingente de equipos militares y tropas para contener el avance.

Y ahí se quedó la “Marcha por la vida”, así denominada por ellos mismos, y luego se dispersaron a sus lugares de origen. Se impuso el DS 21060.

Estos bloqueos de mas de un mes sirvieron de inspiración para analistas e intelectuales de todos los colores políticos que cada quien interpretó e y escribió lo que quiso. Las narrativas alzaron vuelo: unos para argumentar que la protesta es milenaria, que tiene su origen en la exclusión, en la discriminación ancestral de los pueblos indígenas, en que este gobierno es de oligarcas, terratenientes e imperialista y por ello debería renunciar para que los indios sigan en el poder.

Pero esta narrativa no vio nada de los dramas y las lágrimas que provocaron los bloqueadores que han permitido la muerte de personas enfermas, han destruido carreteras, han saqueado plantaciones de verduras, han violado los derechos humanos de millones de bolivianos. Claro eso no es parte de esa protesta ancestral.

La otra narrativa vio otra cosa y diferentes causas de los bloqueos: que el narcotráfico está detrás de ellos, orquestado por Evo Morales que no quiere ser llevado a la justicia y por ello logró movilizar a miles de sus seguidores, y que, sin duda, es un bloqueo golpista.

Ambas narrativas alentaron las diferencias sociales y la disputa ideológica, ahondando en la polarización y confrontación entre los bolivianos, que han hecho uso de sus redes sociales para expresarse, pero bajo la dinámica de discursos del odio, de ambos lados. Acá no se salva nadie de haber calentado el ambiente de los conflictos.

¿De acá para adelante qué debemos hacer los bolivianos para no seguir en este círculo vicioso y violento?

Bueno, pues es tarea de todos sincerarnos y hablarnos de frente bajo argumentos universales: los mas de 11 millones de bolivianos tenemos los mismos derechos y obligaciones; que el gobierno debe gobernar para todos sin privilegiados, que nuestros problemas debemos resolverlos no a plan de dinamitazos, carajazos o de muertos, que luego ellos son usados en el discurso de la victimización.

"Corresponde al Estado garantizar la cohesión, la unidad y una justa organización de la sociedad civil, para que el bien común realmente pueda ser procurado con la contribución de todos. Esto significa, en concreto, que el poder público tiene la delicada tarea de «armonizar con justicia» los diversos intereses en juego, buscando el equilibrio entre bienes particulares y bienes de conjunto, sin dejar atrás a los más débiles.

Cuando la política renuncia a una visión a largo plazo y se reduce a cálculos de corto plazo o a polarizaciones estériles, los discursos sobre el bien común pierden credibilidad, y al mismo tiempo crecen las desigualdades y las fracturas sociales". (Leon XIV. Encíclica Magnifica Humanitas, sin querer queriendo habla de la coyuntura de Bolivia).

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

 

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