La Tribuna
Polémicas mundialistas
Parece que el gran Luka Modric fue despedido del Mundial por una máquina que pudo ver o sentir un milímetro o quizás centímetro entre un balón y la cabellera del croata Matanovic. Ese invisible e insensible roce de aire cambió totalmente una historia que pudo ser otra.
El escándalo para muchos. Lo correcto para los devotos de la tecnología. La frialdad de un algoritmo frente al sudor y calor humano de jugadores croatas que se fueron con la frente en alto. El fútbol, antes justo y humano, hoy trastocado en un fútbol perfecto y robotizado.
Polémica abierta. Al parecer, un mechón de tres o cuatro cabellos rozó al balón, activando el chip. Digno de Ripley. Acaso los próximos mundiales pongan de moda la calvicie en los cabeceadores. Pero… ¿Y si una gota de sudor golpea al balón? Decídanlo ustedes, amigos.
Otra polémica: el gol anulado al colombiano Davinson Sánchez, excesivamente milimétrico, basándose únicamente en la punta del botín derecho. Por supuesto, imperceptible para cualquier juez, pero no para el frío ojo del VAR.
En la transmisión televisiva, la repetición nos muestra algo así como una cortina de vidrio cortando irremisiblemente el espacio, y ahí, atravesando ese vidrio virtual, la punta de un botín. Dios nos libre.
El offside se creó para no permitir que un jugador recibiera un pase a espaldas de un rival; eso se consideraba desleal y poco honorable. Aquello de “a espaldas de un rival” fue evolucionando hasta considerar adelanto medio cuerpo, o cuarto cuerpo, según el mejor ojo y buena fe de los linesmen. Ahora son los ojos biónicos de una máquina que exageran en su meticulosidad. Centímetros de la punta de un botín. ¿Será posible tener una ventaja con esa nimiedad? Vaya uno a saber. Para la máquina sí, pero para el sentido común del árbitro no.
La polémica continuará hasta el extremo de decidir si lo adelantado es el pliegue de la camiseta o unos milímetros de cuero de la punta del botín y no el cuerpo mismo del futbolista. Menudo problema, ¿verdad?
Antes y después
En fin, quizás tengamos que considerar a partir de este Mundial un antes y un después. Comienza la era de la intromisión de chips en un juego netamente humano. Y es que el fútbol es un juego.
La palabra viene del latín “iocus” (broma) asociada a la raíz indoeuropea “yek” (hablar). Los juegos los crean los seres humanos utilizando ingenio e imaginación y cierto número de reglas, donde puede haber ganadores y perdedores, logrando entretenimiento o diversión.
El juego es inherente al ser humano, tiene un concepto amplio e implica una difícil categorización, siendo difícil definirlo en términos absolutos.
Es una forma privilegiada de expresión infantil (Gutton P., 1982). Este concepto me llama la atención y me trae a la mente al gran Ronaldinho, considerado como “la alegría del fútbol” o “el niño travieso”. Este genio que se movía con libertad en el rectángulo, seguramente estaría restringido hoy con los chips y cámaras del VAR.
Y la “mano de Dios” del grandísimo Maradona sería hoy penada hasta con cárcel, pero en su momento esa mano estuvo enmarcada en la picardía, la viveza, la suerte y la rapidez de un momento sublime que quedará eternamente en la historia.
Se vienen cambios de parte de FIFA. Algunos razonables y buenos, otros discutibles, risibles y absurdos. Como absurdo parece el momento de rehidratación, que está dividiendo un encuentro en cuatro tiempos, enfriando el juego, cortando el ímpetu de jugadores y apagando el entusiasmo.
Se dice que el montaje del VAR y herramientas colaterales significan una millonada para la FIFA. Ojalá estemos, al menos por un tiempo más, sin aquella implementación y podamos disfrutar de un fútbol más natural, más sencillo y, a la vez, más honesto. Dios lo quiera.