Posición
EEUU está “muy preocupado” por la expansión de la coca en Bolivia y cooperará para evitar el narcoterrorismo
Bolivia y Estados Unidos retomaron con fuerza sus relaciones y el narcotráfico vuelve a ocupar un lugar importante en la agenda. El encargado de Negocios de la legación estadounidense, Erik Martini, expresó este viernes su preocupación por la expansión de los cultivos de coca y aseguró que apoyarán a Bolivia para evitar que el país se convierta en un refugio de narcotraficantes o que se incruste el narcoterrorismo.
“Estamos muy preocupados (por la expansión de cultivos de coca), porque de la coca viene la cocaína. Y eso es malo para Bolivia y para mi país”, aseguró el diplomático, quien afirmó que su nación no desea que ocurra en Bolivia lo mismo que en Ecuador, donde “en unos pocos años, como ha dicho el presidente Daniel Noboa, los narcoterroristas han entrado”.
“La cantidad de coca sí es preocupante en Bolivia, seguro. Y también hemos visto que —no es como Ecuador— pero hemos visto que día a día hay indicios de que tenemos que hacer más para apoyar al gobierno del presidente Paz”, afirmó durate una entrevista en el programa Sin Maquillaje, de Mery Vaca, cuando fue consultado si se podría replicar en el país el fenómeno ecuatoriano.
Según el informe 2025 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), los cultivos de coca en 2024 alcanzaron las 34.000 hectáreas, lo que representó un incremento del 10% respecto de la gestión 2023. Mientras tanto, el mismo organismo reportó en 2026 la destrucción de 70,05 toneladas de drogas ilegales, de las cuales 65,36 fueron validadas.
Una vez que el presidente Rodrigo Paz asumió el poder, se retomaron las relaciones con Estados Unidos, que estuvieron congeladas desde 2008 durante los gobiernos de Evo Morales y Luis Arce. En materia de lucha contra las drogas, se reactivaron los contactos con la agencia estadounidense DEA, que ya brinda cooperación.
De hecho, el narcotraficante uruguayo Sebastián Marset fue entregado a agentes de la DEA poco después de ser capturado, la madrugada del 13 de marzo, en una de sus lujosas residencias en Santa Cruz. En junio se informó sobre un acuerdo con Washington que contempla un aporte de hasta 20 millones de dólares para entrenar y equipar a las fuerzas bolivianas como parte de una estrategia conjunta de lucha contra el narcotráfico.
El diplomático fue cauto y afirmó que su país confía en que Bolivia no se convertirá en un refugio de narcotraficantes, aunque aclaró que cualquier cooperación se realizará en el marco del respeto a la soberanía nacional.
“Lo que queremos es que eso no pase (refugio de narcotraficantes), entonces es difícil decir ahorita: estamos entrando en todo con la cooperación del gobierno para ver exactamente qué tenemos que enfrentar y qué podemos brindar para evitar esas circunstancias en Bolivia. Pero sí, lo que tenemos que hacer es apoyar de cualquier manera al gobierno del presidente Paz, bajo su supervisión y bajo su invitación”, precisó el encargado de Negocios, quien ejerce funciones desde el 18 de junio.
La captura y expulsión de Marset provocó una pugna entre grupos de narcotraficantes por el control de esa actividad ilícita.
“Al ser capturado, se ha generado un vacío y es por eso que hay algunas personas del mismo entorno que manejaba Marset que quieren asumir ese rol, al igual que líderes de otras organizaciones que estuvieron operando en nuestro país”, decía en mayo el comandante de la Policía, Mirko Sokol.
Bolivia y Estados Unidos mantuvieron históricamente una relación marcada por la lucha contra el narcotráfico. Durante los gobiernos del MAS, los organismos estadounidenses fueron apartados de esa tarea y ahora vuelven a brindar cooperación.