Libro
"Charcas: de Castilla a Bolivia", una invitación a repensar nuestros orígenes
Rosario Henríques
Hay libros que no solo reconstruyen el pasado, sino que invitan a mirar el presente con otros ojos. Ese es el mérito de Charcas: de Castilla a Bolivia. Notas históricas, de Roberto Laserna. Con la modestia que anuncia su subtítulo, la obra propone una reflexión sólida sobre la continuidad histórica entre la Real Audiencia de Charcas y la República de Bolivia, desafiando la idea de que la independencia significó un corte absoluto con el pasado.
El autor sostiene que Bolivia heredó mucho más que un territorio: recibió instituciones, formas de organización, una cultura jurídica y una tradición intelectual forjadas durante los siglos de Charcas. Esa continuidad constituye el hilo conductor de un recorrido que muestra cómo la historia republicana solo puede comprenderse a la luz de procesos mucho más largos.
Laserna identifica tres grandes pilares de esa herencia. El primero es el económico y urbano. El descubrimiento del Cerro Rico de Potosí reorganizó el espacio andino y articuló regiones enteras alrededor de la minería. En ese entramado, Cochabamba desempeñó un papel decisivo como proveedor agrícola, anticipando una integración regional que precedió en siglos a la creación de Bolivia.
El segundo pilar corresponde al ámbito jurídico e institucional. La Real Audiencia de Charcas consolidó una tradición legal de enorme influencia y participó, además, de uno de los grandes debates éticos de la Edad Moderna sobre la dignidad y los derechos de los pueblos indígenas. Desde las disposiciones impulsadas por Isabel la Católica hasta las denuncias y reflexiones de Bartolomé de las Casas, el autor recuerda que el mundo hispánico fue escenario de discusiones que marcaron profundamente la tradición jurídica americana, con todas las contradicciones propias de su tiempo.
El tercer pilar es el intelectual. La Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca se convirtió en uno de los principales centros académicos del continente. Paradójicamente, fueron muchos de sus egresados quienes, formados en el derecho castellano y la escolástica, utilizaron esas herramientas para cuestionar el orden monárquico y protagonizar los movimientos emancipadores.
La obra también rescata el papel de la Iglesia en la construcción institucional de Charcas, no solo desde la evangelización, sino mediante la creación de escuelas, hospitales y obras asistenciales cuyo legado permanece visible en el patrimonio urbano y cultural del país.
Uno de los mayores aciertos del libro es mostrar que la independencia transformó la soberanía política, pero preservó buena parte de las estructuras territoriales, administrativas e institucionales heredadas. Los fundadores de la República eran, al mismo tiempo, herederos de Charcas.
Más allá de la reconstrucción histórica, el texto dialoga con problemas contemporáneos. Reflexiona sobre la diferencia entre igualdad y equidad, advierte sobre las limitaciones de una economía basada en el rentismo y subraya que el desarrollo depende de instituciones sólidas, educación, innovación e inversión. Asimismo, recuerda episodios poco conocidos, como la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna y la labor del médico José Salvany, que ilustran la inserción de Charcas en procesos científicos de alcance global.
Quizás la mayor contribución de esta obra sea su invitación a superar visiones simplificadoras del pasado. Sin idealizaciones ni resentimientos, Roberto Laserna propone comprender la historia de Bolivia como el resultado de un largo proceso de mestizaje, adaptación y construcción institucional. En tiempos de polarización, esa mirada serena resulta especialmente valiosa.
Charcas: de Castilla a Bolivia es una obra rigurosa, accesible y oportuna. Más que revisar el pasado, ofrece herramientas para entender los desafíos del presente y pensar con mayor profundidad el futuro del país.