2026-09-25

La espada en la palabra

El costo del atajo: ¿el fin del esfuerzo humano?

Con todo lo nuevo que está viviendo el mundo, no podemos no sentir un poco de miedo. Pero lo cierto es que aún tenemos el control y la decisión final sobre cómo usamos la tecnología.

El otro día me hallaba en un internet del centro de La Paz imprimiendo unos documentos, y en la computadora que estaba utilizando había una ventana de ChatGPT que habían dejado abierta, en la que quien estuvo antes de mí había escrito: “Elaborar nota de solicitud de trabajo, para la aduana nacional para el presidente ejecutivo alberto samuel soto de la via [sic]”. La IA redactó la misiva solicitada, y luego añadió en una burbuja de chat: “Si quieres, también puedo prepararte una versión más contundente y persuasiva, de una sola página, pensada para entregar personalmente al Presidente Ejecutivo, destacando tus 10 años de experiencia para aumentar las posibilidades de que tomen en cuenta tu CV.”

No nos hagamos los desentendidos o los santos; todos sabemos que vamos utilizando la IA cada vez más para este tipo de ejercicios formalistas y rutinarios, como la redacción de una carta de solicitud o postulación. En ese sentido, el otro día me ponía a pensar cómo hubiese sido mi vida de estudiante colegial, cuando tenía asignadas para la casa prácticas de física, química o matemáticas, y mis papás se veían obligados a contratar a profesores particulares para su resolución. Con la IA, todo eso hubiera sido diferente; seguramente mis compañeros de curso y yo hubiéramos resuelto complicadas ecuaciones matemáticas o difíciles ejercicios de física con un simple y contundente golpe en la tecla Enter, ¿o no? Justamente sobre esos temas hablábamos hace solo unos días con el Hno. José Antonio Diez de Medina, director del Colegio La Salle y rector de la Universidad La Salle…

Lo peligroso de ese uso, muchas veces indiscriminado, es la eventualidad de que se anulen —o por lo menos debiliten— nuestras capacidades intelectuales, si es que la IA interviene en ejercicios mentales más complejos o en cuestiones de la vida que tienen que ver con el discernimiento o la toma de decisiones. Es importante recordar que a lo largo de la historia, la tecnología facilitó procesos y la obtención acelerada de metas trazadas, pero a costa de volvernos más flojos y, acaso, más tacaños. Es probable que sin la calculadora o el papel, por ejemplo, las capacidades lógicas o memorísticas de los hombres de la actualidad fueran muy diferentes a las que posee hoy. Empero, es impensable o imposible que las personas razonables y moderadas seamos tecnofóbicas; de hecho, incluso el papa León XIV, en su última carta encíclica, exhorta a usar prudentemente la IA, pero sin rechazarla totalmente.

Cabe estar muy alertas, sin embargo. En la actualidad, y como señalan varios matemáticos que recibieron la medalla Fields, la IA puede romper la cadena de conocimientos; es decir, quebrar ese hilo humano por el que, a través de reflexiones, diálogos y ejercicios de ensayo y error, se transmiten los conocimientos de generación en generación. Según estos matemáticos, es la transmisión humana de conocimientos —con todo lo que ella supone, como el diálogo tú a tú, la congregación física de seres humanos, la empatía incluso— la que permite el proceso formativo y la comprensión profunda y de largo alcance de los fenómenos estudiados, y entre estos, la técnica.

Ya que, como género humano, nunca nos distinguimos por la sabiduría o la prudencia, los humanos hemos ido confundiendo los medios con los fines, dejando de ver el horizonte amplio y lejano. Esta confusión ha sido ya estudiada, en un tiempo diferente y bajo el yugo de otros fenómenos tecnológicos, por pensadores como Max Weber o la dupla Horkheimer-Adorno, entre otros. La IA es una de las expresiones o extensiones de la razón instrumental.

No lo dicen artistas, ni historiadores, ni poetas, ni líderes espirituales; lo dicen matemáticos de renombre, nada menos que los ganadores de la medalla Fields: está en el proceso, en el camino, en el trayecto, con sus caídas y golpes correspondientes, más que en el resultado perfecto en sí mismo, la riqueza. Es decir, llegar a la meta sin sufrimiento, sin pasión, sin esfuerzo, de alguna manera, vacía nuestra existencia de su sentido trascendental. Con todo lo nuevo que está viviendo el mundo, no podemos no sentir un poco de miedo. Pero lo cierto es que aún tenemos el control y la decisión final sobre cómo usamos la tecnología. Tenemos en nuestras manos, como generación a la que por las circunstancias del tiempo tocó poseer tanto poder técnico, una decisión trascendental.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.
Temas de esta nota
Te puede interesar