Contra viento y marea
Fábrica de especies
El reciente descubrimiento del gato Tilcayo en los Yungas paceños, luego de cien años en que la ciencia describe un nuevo felino vivo en todo el mundo, es la prueba científica de que Bolivia es una fábrica de especies nuevas, en tanto ya quedó demostrado que la biodiversidad de nuestro país es tan densa que un animal único puede estar viviendo oculto a plena vista y a solo dos horas de camino desde nuestra ciudad de La Paz.
La reciente aparición de esa especie de jaguar en miniatura, que tanta repercusión internacional está teniendo, de todas formas, parece servir de un débil analgésico a los dolores que los ciudadanos bolivianos sufriremos en el futuro por el incremento en el precio del diésel, pero tendría que ser aprovechado para planificar y ejecutar estrategias inmediatas de turismo receptivo tanto interno como—principalmente— externo, desde donde la atención científica está sobre el país. Y es que ese hito, en una época de crisis económica, afectación que alcanza no solo a los pobres, y perspectivas nada halagüeñas de una inmediata mejoría, hay que explorar nuevos campos que generen oportunidades económicas en áreas que el Estado nunca ha prestado atención.
Es que el turismo ecológico y científico, no es solo una alternativa romántica, ni el turismo receptor de alto valor una posibilidad utópica, teniendo —como tenemos— auténticos paraísos post-Escrituras como el Parque Nacional Madidi, que, frente a la compleja situación económica actual, se constituye en una de las vías más rápidas y sostenibles para captar divisas, sin destruir el ecosistema. Y es que, al igual que millones de turistas viajan al África para ver descomunales elefantes, jirafas, leones o hipopótamos, existe un mercado internacional dispuesto a fotografiar especies que no existen en ningún otro rincón de la tierra. Pero indudablemente, para que eso sea una realidad, no podemos quedarnos a esperar que desde fuera de nuestras fronteras se haga un trabajo que corresponde hacerlo a los bolivianos y no solo a las autoridades del ramo.
Este septiembre se ha descubierto un ejemplar que ningún ojo humano antes haya visto en las puertas de las selvas que —sin hablar de Santa Cruz, Beni o Pando— existen en el departamento de La Paz. Pero el Madidi alberga por sí solo más especies de aves que todo el continente norteamericano; cifras que asombran a la ciencia, como el 10% de las aves existentes en todo el planeta, desde majestuosos cóndores que vuelan sus cielos, para divisar el paraíso de colores que mucho más abajo los caleidoscopios multitudinarios en colores, formas y tamaños, adornan el aire con vapores de agua, batiendo récords mundiales en densidad de insectos. En fin, las cuencas que conforman parte del paisaje exuberante de ese edén que parece ser la prolongación misma de aquél que describe el libro del Génesis, guardan gran parte de la biodiversidad de la Tierra, sin hablar de las de alrededor de cien especies vegetales que no existen en ninguna otra parte del universo; datos todos, que corresponden a estudios y comprobaciones de irrefutable contrastación.
Pero la aparición de una nueva especie felina demuestra que esas impresionantes cifras no están cerradas, porque —basado siempre en datos correspondientes a gente experta en el tema— la expedición Identidad Madidi encontró más de 120 especies animales y plantas que son candidatas a ser completamente nuevas para la ciencia.
Bolivia aloja un pedazo de tierra fascinante que no lo estamos sabiendo aprovechar; no puede pasar inadvertido que una transición entre el hielo andino con la humedad amazónica esté configurada de una biodiversidad que hoy mismo puede convertirse en un destino turístico de relieve mundial. Carecemos de una infraestructura seria y alianzas público–privadas que faciliten la llegada de visitantes extranjeros al epicentro del Parque, a Rurrenabaque. Una decisión política para hacer realidad una marca “Madidi” no es irreal, simplemente debemos ver en nuestros vecinos: Machupichu en el Perú o Galápagos en el Ecuador, dejando establecido que más de la mitad del territorio nacional es amazónico, desmitificando la característica de país altiplánico en que con mordacidad nos clasifican desde el exterior y como si la grandiosa meseta no tuviera su propio encanto.
El Parque Nacional Madidi es una obra maestra de la geografía andina, un viaje que desafía los sentidos; es el Arca de Noé moderno, por lo que Bolivia es mucho más que sus montañas, pudiendo ser una importante fuente de ingreso de divisas frescas. Los ejemplos de otros sitios naturales del mundo son ejemplo de que el ecoturismo bien diseñado, puede distribuir los dólares directamente en el territorio y repartirlos en todos los eslabones de la gran cadena que importa la actividad turística.