“Patria” no debe ser un privilegio sectorial
Seamos claros y vayamos al grano: la medida de presión anunciada para este lunes por la dirigencia del transporte no nace de un consenso, ni legítimo ni general, sino de la desesperación y la fractura interna. Varios sectores han dicho que no van y el anunciado paro se quiebra antes de empezar.
Es verdad que el gobierno ha atendido al transporte con guantes de seda, y estratégicamente se entiende: paralizar las ruedas de un país es estrangular la economía de todos. Mientras el transporte urbano presionaba con el deseo velado de subir pasajes —a pesar de contar con un porcentaje menor de unidades a diésel— el transporte pesado y de carga, que sí depende vitalmente del diésel, mantiene el pulso firme. Para aplacar los ánimos, el Ejecutivo sacó del sombrero un decreto a la medida: la creación de "patria", una entidad destinada a financiar la compra de vehículos nuevos para el sector del transporte público.
A primera vista, la idea suena impecable: coches más modernos, quizá menos contaminantes y con un menor consumo de combustibles, lo que representaría un alivio a la demanda y una caricia el medio ambiente.
Pero aquí es donde debemos detenernos a reflexionar con madurez ciudadana: ¿por qué "patria" es un beneficio exclusivo para un solo sector? ¿acaso el resto de los bolivianos debería apagar los deseos de tener una auto propio ante la hoy imposibilidad económica? ¿no significa esto también menor uso de carburantes?
El inminente levantamiento de la subvención a los carburantes no es un fantasma que amenaza únicamente a los choferes, es una sacudida económica que golpeará a todos.
Las políticas públicas no se pueden seguir diseñando como parches sectoriales para apaciguar un sector. Si el país va a encarar un ajuste inevitable, las soluciones deben ser integrales y de alcance universal. El beneficio de llamarse "patria" no puede reducirse a un crédito corporativo porque la Patria somos todos.
El verdadero viraje que exige nuestra generación no se compra firmando decretos a la medida de un sindicato ni apagando incendios sociales con privilegios focalizados. Se logra con visión de Estado, justicia distributiva y coraje para transformar los problemas de raíz. Si Bolivia se encamina hacia una nueva era económica sin subvenciones, el esfuerzo debe ser compartido, pero las oportunidades de modernización también.