2026-09-27

Yañee

Cuando la justicia libera y la impunidad se campea

Pilatos se justificó ante la historia universal lavándose las manos para no condenar al Hijo de Dios, cuando en él residía todo el poder de evitar el crimen más publicitado y cruel que se haya cometido contra el hombre.

Hay libros que se han encargado de desnudar la crueldad y la injusticia de los que tienen la enorme misión de obrar con rectitud: los fiscales, jueces, magistrados, quienes en Bolivia cada vez están en el centro de las tormentas y de las dudas de la gente que no sabe si indignarse, enojarse o alegrarse de los fallos que se emiten y del grado de impunidad de tantos personajes comprometidos en situaciones de magnitud, como las 32 maletas, la tonelada de oro incautada, el plan Cuotitas, el desfalco del Banco Fassil, las denuncias de corrupción en las gestiones municipales de Angélica Sossa y Johnny Fernández, quienes siguen sus  carnavales.

La reciente liberación del hijo del expresidente Luis Arce, que a pesar de las pruebas contundentes de enriquecimiento ilícito y otros delitos, es una prueba de que algo está fallando en el sistema judicial y que se mueve por intereses.

En todos esos casos no hay detenidos, procesados ni sentenciados. Están en libertad condicional, mientras en Palmasola más de 7.000 internos guardan detención condicional, esperando que se agilicen sus procesos. “Es que tenes que meter dinero para que la justicia obre con celeridad y hagan tu audiencia”, me confió un amigo desde una de las celdas.

Ante ello, mi amable lector conozca esta historia: Josef K., el ciudadano que toda su existencia vivió perseguido, vigilado, y luego detenido, además de ser ejecutado sin que pesara sobre él ninguna acusación o delito, es el protagonista del libro El Proceso de Franz Kafka, en el que se refleja el drama absurdo de la soledad, la angustia y la incertidumbre, problemas acuciantes que atraviesa el hombre y la mujer en este mundo moderno, súper globalizado, intercomunicado y cercano.

Seguramente, usted no querrá que le pase igual que Josef K., que ahora en tiempos de democracia puede ser detenido en cualquier instante y en cualquier lugar. Esa fue su marca, su destino y la forma de interpelar a la sociedad que no lo dejó ni un instante suspirar tranquilamente. La justicia le cayó con todo el peso y la injusticia, pese a que no le demostraron nada, sino que fue Josef K. una víctima de cómo funcionaba el sistema, y para este sistema no existen inocencias, dignidades, honores, solo máquinas a las que hay que hacerles permanentes ajustes, golpearlas, cambiar de piezas, trasladarlas a otro lugar, reemplazarlas y botarlas.

Es decir, la justicia es selectiva. Apunta a los más débiles, a los anónimos, a los que no tienen recursos económicos para defenderse: demostrar su inocencia o su culpabilidad.

Josef K. nunca supo el porqué lo procesaron, lo sentenciaron y lo mataron, que no le pase a usted eso. Lea El Proceso, de Franz Kafka para que no cometa los mismos errores, aunque el protagonista en su conciencia, en su interior, en su alma, en su razón, en su voluntad y en su integridad supo que no era uno de los tantos, sino que era único y como tal se enfrentó al sistema, al monstruo, a la justicia que cada vez se reviste de injusticia y de sarcasmo.

La justicia que cada vez está más podrida y que se mueve al ritmo de los billetes y las influencias de los poderosos y de sus padrinos. Hay que enfrentarse a la bestia que llevamos adentro y muchas veces y subjetivamente levantamos muros interiores para no enfrentarnos a nuestra propia realidad y hacemos opciones fáciles de quitarnos responsabilidades, argumentando miles de razones que básicamente buscan culpables, pero esos culpables son los otros, no cada uno de nosotros, no su persona.

Pilatos se justificó ante la historia universal lavándose las manos para no condenar al Hijo de Dios, cuando en él residía todo el poder de evitar el crimen más publicitado y cruel que se haya cometido contra el hombre.

“—Pero yo no soy culpable —dijo K—. Ha habido un error. ¿Cómo es posible que alguien sea culpable? Todos somos seres humanos, iguales. —Es cierto —dijo el sacerdote—, pero así hablan los culpables”, relata Kafka en El proceso, libro que lo debería leer amable lector e identificarse con Josef K, que como el hay cientos en las sociedades, que sentimos que cuando escuchamos la palabra justicia, nos llena el terror y metemos la mano en la billetera para afrontar los posibles juicios y presiones.

Enorme responsabilidad que siempre han tenido los administradores de justicia, mucho más aun en estos tiempos de tantos sicariatos, de expansión del narcotráfico, de violencias contra la mujer, de lluvia de tantos hechos de corrupción y corruptos, de las pugnas abiertas en el poder Judicial, de maletas misteriosas en propiedad de un ex juez.

«No te preocupes por nadie. Simplemente haz lo que creas correcto.», consejo que nos envía Josef K y que deberían escuchar cada uno de los magistrados, fiscales y jueces, policías, haciéndoles recuerdo que la justicia es sobre todo y ante todo rectitud y un derecho humano, consagrado en la Constitución Política que ustedes dicen defender y hacer cumplir.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.
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