Buscando la verdad

Chile: ¿puede la injusticia acabar con la admiración?

A la luz de los hechos ¿podré seguir diciendo a mi familia, estudiantes, colegas y empresarios, que Chile es un ejemplo a seguir?

Cuando el Comité Organizador del “XIX Encuentro de Historiadores, Cientistas Sociales e Intelectuales Bolivia-Chile” me invitó a exponer la “Relación comercial Bolivia-Chile vista desde el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE)”, acepté, no solo porque tenía que ver con mi actividad institucional, sino, porque Chile, desde hace tiempo, tiene un especial significado para mí.

Al inicio de mi intervención, agradecí a los coorganizadores -Universidad Católica Boliviana, Universidad Tecnológica Privada de Santa Cruz, Universidad Privada de Santa Cruz de la Sierra (UPSA)- y al Consulado General de Chile por respaldar el evento que se dio en el Centro de Convenciones de la UPSA, el 30 de octubre de 2026, ante un auditorio colmado por delegados de ambos países, docentes y universitarios, habiendo sido parte de un Panel con el Doctor en Antropología, Pablo Mardones, de la Universidad de Tarapacá, disertante de “El paso ancestral Cerrito Prieto: de un cruce desregulado hacia uno de circulación selectiva entre Bolivia y Chile”, con la Lic. Vania Sandoval, como Moderadora.

Mi exposición tuvo dos partes: la primera, 100% institucional, numérica, mostrando cómo Chile, con cerca del doble de población de Bolivia, nos saca una gran ventaja con el tamaño de su economía, exportaciones, importaciones y menor pobreza; hablé del crónico déficit comercial bilateral para el país, que de 1996 a 2026 suma 8.000 millones de dólares, y realicé comentarios, reflexiones y recomendaciones para exportar más a un mercado que está abierto para el país.

Entonces, vino la segunda parte: abrí mi corazón para evocar a un muchachito que, con 22 años, siendo universitario, empezó a tener una imagen distinta de Chile a la atávicamente asociada a la pérdida del mar. Corrían los años ´80, cuando se dio la peor hiperinflación republicana, no había Internet ni fax, y el correo era lo más barato para comunicarse con el extranjero. A partir de ello, referí 2 hitos personales.

Primero, el canje de estampillas, por carta, con un señor de apellido Ojeda que vivía en Punta Arenas, Chile, y, segundo, los recortes de prensa que me enviaba, por correo también, Kurt Klein, un compañero del Colegio Alemán que estudiaba Ingeniería Electrónica en Valparaíso. Ambas cosas me llevaron a admirar a Chile, porque en el Sr. Ojeda nunca hubo engaño al intercambiar cientos de estampillas, haciendo quedar bien a su Patria, y, porque, como estudiante de Economía pude  conocer por la prensa a un país que apostó a ganador, hasta llegar a ser integrante de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Me encantó ver cómo el Estado apoyaba a sus productores y exportadores de maderas, vino, salmón y frutas, con incentivos, asesoramiento, promoción y apertura de mercados, y, en el ejercicio de mi profesión, desde 1987, me apasionó la economía chilena, al extremo que en mi Tesis de Maestría en Comercio Internacional, uno de los 6 países cuya política comercial estudié a fondo, fue Chile.

Referí que como Negociador Internacional y Asesor de las Delegaciones Oficiales de Bolivia, por más de 15 años, confirmé la sólida institucionalidad de Chile, el respeto a las leyes, sus Políticas de Estado, la probidad de su Justicia y el profesionalismo de sus funcionarios de Cancillería, y, como algo curioso, que el cierre de mi carrera como negociador fue en Santiago, en 2004, como Jefe de la Delegación boliviana, que encaró la mejora del Acuerdo de Complementación Económica No. 22.

Confesé que, como docente de posgrado no me fue fácil echar flores a Chile -por la cuestión histórica-, aunque las cifras y datos siempre me respaldaban; y, que mi última gestión ante el gobierno chileno fue en 2006, logrando un inédito Acuerdo de Cooperación entre el IBCE y Prochile -la Dirección General de Promoción de Exportaciones del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile- buscando incrementar el comercio bilateral y que Bolivia exporte más al mundo, pero, los que siempre tienen un problema para cada solución jugaron en contra y no se ejecutó.

Hasta aquí, todo fue bueno y digno de alabar, dije, pero llegó el fatídico 8 de junio de 2026, cuando el Fiscal Regional de Arica, en presencia del Ministerio de Seguridad Pública, la Armada chilena, la Aduana de Chile y la Fiscalía Nacional, anunció la mayor incautación histórica de 108 toneladas de sustancias controladas en maderas “impregnadas” bolivianas, sin comprobar nada. Expertos en la materia aseguran que es imposible impregnar las maderas duras que exporta Bolivia.

Expliqué que el daño económico, reputacional y social causado por tal acusación era terrible, no solo para los 23 exportadores con 60 contenedores indebidamente retenidos y su carga en tránsito inmisericordemente quemada en Arica, sino también, para el sector forestal del país, la imagen de Bolivia y de los clientes en el extranjero, así como para más de 20.000 familias, hoy sin sustento, por la pérdida de empleos.

Señalé que Chile violó el Tratado de Paz y Amistad de 1904; el Acuerdo de Facilitación del Comercio de la OMC; el Convenio de Viena y su CPE, al no garantizarse el “debido proceso” y finalicé, preguntando:

A la luz de los hechos ¿podré seguir diciendo a mi familia, estudiantes, colegas y empresarios, que Chile es un ejemplo a seguir? Respondí: Sí, siempre que la Justicia chilena funcione; la Fiscalía de Arica decida no perseverar; se declare inocentes a los afectados, y haya un resarcimiento económico y moral, en beneficio de la propia imagen de Chile.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.
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