martes 24 de febrero de 2026

Madre, maestra y defensora

Patricia, la maestra que aprendió del “Diablo” y se convirtió en abogada para demostrar la inocencia de su esposo

Una estudiante de 16 acusó al profesor Salvador de haberla violado y dejarla embarazada, su esposa jamás dudó de él, tomó las riendas de su familia y cargando a su recién nacido se dedicó al caso hasta probar que la adolescente mintió.
Investigadoras de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia. Foto: Felcv
Investigadoras de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia. Foto: Felcv
viernes 24 de mayo de 2024

Con un niño de cinco meses en brazos, deudas, porque meses antes habían atracado el pequeño emprendimiento que tenía, y el hecho de que su esposo estaba encarcelado por una denuncia de violación a una de sus estudiantes, Patricia, la maestra de escuela de 29 años, se vio obligada a descubrir destrezas que no conocía para luchar contra la adversidad y asumir las riendas de su familia, hasta reencaminar su vida. Según su relato, en ese momento tuvo la fortuna de toparse con el “Diablo” y que éste se convierta en su mentor.

No hizo un trato a cambio de su alma para cambiar ese destino aciago, como alguien pudiera sospechar, Patricia confiesa divertida que no fue un tema de ángeles y demonios, sólo la decisión de cambiar de abogado y contratar “al reconocido José Uriarte” y al enigmático Jesús Andrade, el jurista del foro paceño que al reverso de su tarjeta de presentación tiene estampada la palabra “Diablo”.

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La profesora cuenta que, además de asumir la defensa de su esposo, del que nunca dudó de su inocencia, ambos abogados se convirtieron en sus mentores, la animaron a estudiar la carrera de Derecho y le revelaron, con amabilidad y sin cobrar un centavo, algunas de las claves jurídicas para escribir memoriales que no podrían ser rechazados por los fiscales y así avanzar en su investigación.

La mentira

El 17 de agosto de 2017, cuando su esposo, Salvador, fue aprehendido acusado por la supuesta violación a una estudiante de 16 años, y los jefes policiales de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (Felcv) publicitaron el caso exponiendo su identidad, Patricia no logró responder las más de 26 llamadas que le habían hecho para alertarla de lo sucedido. La información la sobresaltó solo cuando llegó a su casa con su bebé y logró encender el celular que se le había quedado sin batería.

Los reportes televisivos señalaban que el caso tenía una agravante, la supuesta víctima estaba embarazada producto de la agresión sexual. La Ley 348, de Lucha Contra la Violencia Hacia la Mujer, dicta parámetros para que las autoridades tomen por evidencia suficiente la declaración de la presunta víctima e instruir la captura de cualquier hombre denunciado, como fue el caso de Salvador.

La estudiante relató a sus padres y a la Policía, que el maestro la había violado dos días antes, durante el horario de salida, en un aula del colegio particular en el que Salvador trabajaba en la zona Miraflores. El registro de esa denuncia, avalada por los investigadores de la Felcv, permitieron que la adolescente logre que le practiquen un aborto legal en una clínica ubicada en el barrio de San Pedro.

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“Cuando logré hablar con él en la celda de la Felcv, lo primero que me dijo fue, ‘te juro que yo no hice nada’. Lo tomé de las manos y le dije que no se preocupara, que no lo iba a dejar hasta encontrar la verdad, que su familia estaría con él hasta el final”, recuerda Patricia.

Asegura que la relación con su esposo era de mucha confianza y comunicación, siempre intercambiaban mensajes del lugar a donde iban y el horario en que llegarían a casa. “Pero con esta denuncia dañaron por completo la imagen de una persona que era muy respetuosa y querida por su familia, luego incluso se viralizaron los videos de su aprehensión”, lamenta la maestra, que inmediatamente comenzó a acumular toda la información que había.

Jesús Andrade, el abogado que estampó en su tarjeta de presentación la palabra "Diablo"

Para la investigación, los policías y fiscales acumularon centenares de memoriales, con informes periciales, psicológicos y estudios forenses, declaraciones de testigos, resoluciones judiciales basadas en la Ley 348, además de un amplio muestrario fotográfico. Sin embargo, a Patricia, que hasta ese momento no sabía nada de derecho, le bastó su reciente experiencia materna y su sentido común para esclarecer el supuesto crimen y deducir rápidamente que la adolescente había inventado todo.

“Confirmé que la estudiante estaba embarazada de mes y medio antes de la supuesta violación, pese a eso, ella incluso declaró a la Policía que nunca había tenido relaciones hasta que mi esposo supuestamente la atacó”, relata la maestra. Aquella simple deducción para resolver tan enorme problema estalló en las manos de la pareja.

Debido al temor que infundían los funcionarios judiciales y fiscales, a Patricia le resultó complicado revelarse contra el sistema, como lo haría ahora la versión de ella como abogada. “Tuve que aprender sola, ya no tenía quién salga en mi defensa y debía afrontar situaciones peligrosas, incluso caminar hasta altas horas de la noche por la calle. Creo que antes de eso era más sumisa, pero ahora ya no, ahora sé que tengo un carácter fuerte”, concluye orgullosa.

No obstante, en ese entonces la desesperación de no poder contar con el padre de su niños, ver en la cárcel al compañero de vida que había elegido ocho años antes, y con quien había enamorado desde colegio, le provocaba impotencia.

Allí, Salvador, un maestro de matemáticas por vocación, estaba a merced de extorsionadores vestidos con uniforme y de reos peligrosos. Pensar en ello llevó a Patricia a superar sus temores y a encarar a las mujeres investigadoras de la Felcv, quienes por razones que no comprendía, demoraban la investigación e ignoraban sus hallazgos.

Fue en medio de esos ajetreos que Uriarte y Andrade le dieron luces jurídicas. “Con el doctor Uriarte y el doctor Andrade aprehendí a hacer los memoriales para los requerimientos (pedidos de investigación). Yo creía que sólo se trataba de ir ante la Fiscalía y pedir verbalmente, pero había que cumplir varios pasos. Incluso me dieron un modelo y también me explicaron por qué yo no podía participar de las audiencias, una estrategia legal”, recuerda Patricia.

Con todos esos impedimentos, y pese a que Salvador tuvo que pasar navidad y año nuevo encarcelado, cinco meses después, en febrero de 2018, Patricia, el abogado “Diablo” y Uriarte, lograron que un juez dicte la detención domiciliaria del maestro, ya que, ante las evidencias genéticas, la fiscal Patricia Miranda debió emitir una resolución absolviendo de los cargos al maestro.

La fiscal Patricia Miranda, a cargo de la investigación en caso del profesor acusado por una violación que no cometió. Foto: Fiscalía.

Valor de la familia

Durante el tiempo que Salvador permaneció encarcelado, los padres de Patricia se constituyeron en un apoyo importante, porque la maestra se vio obligada a dejar el trabajo para impulsar la investigación y velar que el encierro no afecte más a su esposo. Los abuelos proveyeron de sustento e hicieron de niñeros del hijo que la pareja de maestros había esperado con ansias, pero no pudieron disfrutar por el descalabro judicial que la mentira de aquella adolescente provocó.

El caso se esclareció con los informes de comparación genética y la declaración de testigos, entre funcionarios y maestros del colegio, que desvirtuaron que una violación se haya podido cometer en el horario y el lugar descrito por la supuesta víctima.

Todo se trató de la mentira de una colegiala que pretendió encubrir que había quedado embarazada por la relación que mantuvo con un exalumno expulsado por indisciplina.

Por supuesto, Patricia también denunció la negligencia con la que actuaron los médicos del centro médico que practicaron el aborto a la adolescente, debido a que ocultaron a la Fiscalía, de forma deliberada, el dato sobre tiempo de embarazo que tenía la estudiante. Solo ese hecho habría bastado para desmentir la versión de una violación e impedido que una familia resulte dañada.

Con Salvador en detención domiciliaria, la situación económica de la familia aún no mejoraba, además, el antecedente del caso le generó cuestionamientos cuando intentó postular a otra fuente laboral. Entonces nuevamente le tocó a Patricia ser la proveedora de recursos, retomó la docencia y de a poco recondujeron el barco que estuvo por naufragar.

Cuando el problema inició sólo tenían como meta independizarse y salir de la casa de sus padres, la pareja decidió que por toda esa experiencia sería útil para ella y su familia, seguir el consejo del abogado “Diablo”, y comenzó la carrera de Derecho hasta titularse. Pero no solo eso, Salvador también se graduó en Ingeniería Electrónica y un par de años después se embarazaron de su segundo hijo.

Patricia y Salvador aún imparten clases, pero ella dedica más tiempo al derecho, porque otro aspecto positivo de ser abogada, es que al ser su propia jefa ahora ella puede disponer del tiempo que tiene y disfrutarlo con su esposo y sus dos hijos, para seguir el ejemplo de unión que sus padres le dieron.

La abogada confiesa que luego de que el caso contra Salvador se cerró, intentaron contrademandar a la adolescente y su familia, sin embargo, poco tiempo después decidieron dejar en manos de Dios el castigo para esa estudiante. “El mundo es muy pequeño y hace unos tres años nos contaron que ella, ya mayor de edad, había sufrió el abandono de varias parejas y que no lograba establecer una familia. No quisimos saber más”, afirma Patricia.

En el caso de su esposo, la contraparte trató de acercarse a sus abogados, con el fin de frenar la denuncia, “porque sabían desde el primer momento que la joven había mentido y la madre estaba consciente de que el aborto que le hizo practicar a su hija fue ilegal,” según la conclusión que la profesora obtuvo.

Como abogada, ahora ella tiene como regla mantener la duda sobre denuncias similares a las que la estudiante lanzó contra Salvador, porque lamentablemente, afirma, constató que mujeres de diferentes niveles económicos y edades se prestan a ese tipo de engaños, sólo con el fin de extorsionar a un hombre o buscar algún tipo de venganza.

Pero finalmente, en su papel de esposa, maestra y madre, Patricia afirma que para superar un problema similar la comunicación es importante, pero más importante, es que la pareja debe tener plena y mutua confianza.