domingo 5 de abril de 2026

Amalia Decker, escritora y periodista

“El escritor cuenta lo que ve o lo que tiene bajo los pies, lo que está escondido o no quiere ver”

La periodista presentó el pasado jueves su nueva novela “No me buscarás en vano”, editada y publicada por Plural Editores. La ceremonia se realizó en el Espacio Simón I. Patiño, en La Paz.
Para la autora cochabambina, Amalia Decker, “no hay nada más estimulante que escribir”. Foto: Amalia Decker
Para la autora cochabambina, Amalia Decker, “no hay nada más estimulante que escribir”. Foto: Amalia Decker
viernes 16 de agosto de 2024

“Es la vida misma la que gatilla en mí, una novela o un cuento”, dice la escritora  y periodista cochabambina Amalia Decker, al comentar que  siempre lleva una libreta para apuntar las cosas que la inquietan, que le gustan, que le duelen o que le irritan, hasta que siente que tiene una historia.

Y con su más reciente obra,  No me buscarás en vano,  Decker también siguió el mismo camino.  En esta ocasión,  la protagonista es La Paz. “Es en esta ciudad donde se traman todos los entresijos de la historia y donde los personajes van tejiendo una suerte de telaraña”, explica a Visión 360 la autora.

Decker comparte cómo fue el proceso de creación de su novela;  explica cuáles son hoy sus principales referentes y cómo su oficio de periodista es clave a la hora de narrar historias.

"Es imposible no estar influenciada por lo que se lee. La lista podría ser interminable". 

No me buscarás en vano fue editada y publicada por Plural Editores. La obra se presentó el pasado jueves 25 de julio, en el espacio Simón I. Patiño, en la ciudad de La Paz.  

"El periodismo es el que me ha ayudado a cruzar a la orilla literaria"

Ha vuelto a una aventura literaria con su novela No me buscarás en vano. ¿Cómo la describe y con qué escenarios y protagonistas se encontrará el lector?

El escenario es el país, aunque en esta última novela, la protagonista es La Paz, en ella se respira la atmósfera de La Hoyada. Es en esta ciudad donde se traman todos los entresijos de la historia y donde los personajes van tejiendo una suerte de telaraña. Casi siempre parto de imágenes que se cuelan a mis pensamientos y me persiguen día y noche. Escribo provocada por la vida misma. Mi intención es que el relato se pueda mirar en el espejo de la realidad, que los personajes transiten en un contexto social para que la ficción sea verosímil. Sería un gran logro si, además, consigo que los lectores se encuentren en la novela. Como cuando leemos un libro apasionante y mientras lo hacemos nos convertimos en los protagonistas. 
Esta, como las otras novelas, tiene en común, precisamente, la particularidad de tener un punto de partida: la vida, la que brota bajo la piel y no la que se esconde tras una fachada exterior. Eso significa entrar al yo íntimo de los personajes, hacerles decir lo que produce pudor, confesar públicamente.
  
¿Cómo ha sido el proceso de creación de No me buscarás en vano?

Ya lo dije, escribo partiendo de imágenes. En ese caso, debo admitir que se me colaron viejos personajes de una novela anterior. Sentí que podían ser protagonistas de lo que quería contar, junto a otros nuevos que se fueron ajustando a la trama.
El escritor cuenta lo que ve o lo que tiene bajo los pies, lo que está escondido o no quiere ver. En general son imágenes que están a la vista y que las dejamos pasar. Es probablemente una forma de cuidarse, de no permitir que la vida te duela más de lo que ya te duele; una forma de evitar que la existencia ajena te produzca taquicardia.
Tengo una libreta, a la antigua, donde me gusta apuntar cosas que me inquietan, que me gustan, que me duelen, me irritan, hasta que siento que ya tengo una historia. Pero, reitero, es la vida misma la que gatilla en mí, una novela o un cuento.

¿Existe influencia de otras obras o autores en su más reciente novela?

Es imposible no estar influenciada por lo que se lee. La lista podría ser interminable. Sin embargo, como todo cambia, los que antes eran libros de cabecera, hoy ya no lo son. Por ejemplo, tenía, más bien, aún tengo cerca la obra: La pasión de escribir, de Gustave Flaubert, o Cartas a un joven novelista, de Mario Vargas Llosa, pero en el camino descubres otros autores y terminas sobrecogida con sus relatos. Me pasó con el recientemente fallecido Paul Auster a quien lo releí y quedé otra vez fascinada. 
Roberto Bolaño es otro que me tiene atrapada. Acabo de leer al mexicano Jorge Volpi y me sumergí de principio a fin en una historia de la mitad del siglo XX, donde el personaje retrata la cruel metáfora del destino de la izquierda: el derrumbe de la utopía. Una novela que mezcla la política, el psicoanálisis y la crítica al mundo intelectual. 
Antes tenía más claridad, más certezas para mencionar a los autores que más han influenciado en mí, como el boom latinoamericano. Y a pesar de que aún me puedo solazar con ellos, estoy en una nueva búsqueda, y en ella me he encontrado con la poesía: Jorge Luis Borges, Alejandra Pizarnik, Jacques Prévert, Paul Verlaine, Stéphane Mallarmé y otros a los que leo con los oídos, y que creo que están forjando en mí una nueva forma de ver las imágenes y, claro, enseñándome a escribir.

CaptioJosé Antonio Quiroga, Alfonso Gumucio Dagron, Amalia Decker y Juan Carlos Salazar, el jueves. Foto: Espacio Simón I.  Patiño

En 2022 publicó La valija, su debut en la escritura de cuentos. ¿Cómo ha sido su experiencia?, ¿qué ha sido más complicado de trabajar en este género?

Fue una experiencia gratificante la de incursionar en el cuento. Me sentí muy feliz, pero también tenía y tengo la sensación de estar caminando siempre al filo de la cornisa. El talento no sirve de nada ni el estilo innato, hay que construirlo, hay que trabajar mucho. Yo aún estoy en una etapa inicial, en el aprendizaje; entonces, me toca leer y mucho, sobre todo a los grandes cuentistas como Antón Chéjov, Ricardo Piglia o autoras jóvenes y modernas como la ecuatoriana Mónica Ojeda. 
Es un tema de persistencia y ahí voy, intentando descubrir, como dice Piglia, la esencia del cuento, cuyo relato encierra uno oculto y en ese subterráneo está la clave. Me leo y me releo para ver si voy bien y vuelvo a los famosos para entender y aprender: dos tramas, dos argumentos para construir por debajo de la primera.
 
Si tuviera que elegir un género, ¿con cuál se quedaría?

Parto diciendo que no hay nada más estimulante que escribir. Es el espacio donde se ejerce la libertad plena y donde la escritura permite conjurar, amar, odiar o rebelarse. No se trata de elegir. 
Hay personas que consideran que la dificultad de la novela es la extensión. Yo creo que va más allá de esa condición. Desde mi perspectiva personal, precisamente, por la brevedad, el cuento requiere de mayor rigor. El cuento debe seducir en una sentada. En cambio, la novela debe hacerlo de principio fin; atrapar y mantener esa atracción. Pero creo que también hay más recursos, más personajes que interactúan. Los géneros pueden resultar secundarios y a pesar de todo, me siento más cómoda en la novela.

En gran parte de sus obras las mujeres son protagonistas. ¿Qué es lo que más le inspira de las mujeres, por qué siempre están presentes en sus libros?

La literatura universal ha sido casi siempre un espacio de hombres. Me imagino que por eso la pregunta. Por suerte otros vientos corren para deconstruir viejos paradigmas. Jamás se le ha hecho esta pregunta a un escritor. Pero, te respondo, sí, en mis obras, no en todas, las mujeres suelen tener un papel central. Ellas se expresan, enalteciendo el deseo que emerge como poder. Lo hago, como decía Elena Garro y otras, que se hacen y se deshacen, que cambian y se rebelan para ser quienes son. 
Creo que el terreno ya ha sido lo suficientemente abonado para que se nos siga considerando literatura menor. Nada más voy a mencionar algunos nombres que ya son un valor intrínseco de la literatura universal y que recién la historia las empieza a reivindicar. Una cercana, en territorio americano, ya lo dije, la gran Elena Garro, quien fue ignorada a pesar de su gran valor literario. O aquí cerquita, en nuestro patio: Hilda Mundy, Virginia Estenssoro, Adela Zamudio y una nueva pléyade de jóvenes escritoras que siembran y cosechan. 
 
Fue periodista en el país y en el exterior. ¿El periodismo se ha complementado con su oficio de escritora?, ¿cómo fue el proceso?

Al revés, el periodismo es el que me ha ayudado a cruzar a la orilla literaria. El periodismo es una gran escuela para los escritores. Los lenguajes son distintos, pero la materia prima es la misma. El periodismo me ha ayudado a mirar debajo de la superficie, donde fluyen los ríos mansos o caudalosos que luego me permiten volar con la imaginación. Es verdad que la novela tiene una gran ventaja, la de habitar el espacio de mayor libertad, cosa que no ocurre con el periodismo.

Comentarios sobre la obra

“La novela de Amalia Decker no se pierde en los detalles sobre lo que hacen las mujeres de esta historia, porque prefiere enfocarse en lo cotidiano que ocurre a partir de una muerte que va a tener un efecto inesperado. Es una novela escrita con humildad y naturalidad, sin aspavientos ni escenas grandilocuentes para atrapar al lector en el suspenso. Hay que leerla sin relacionarla con los hechos políticos que alude, hechos que en la memoria de cada quien puede contaminar la lectura por fuera del texto. Hay que leer la obra como un extranjero que poco o nada sabe de Bolivia para poder asir su universalidad.
En esta novela, la autora ha profundizado la sicología de sus personajes desde el imaginario de mujer. Sería muy difícil que un hombre escribiera una novela como esta. Comentarla es un desafío”.

Alfonso Gumucio Dagron, escritor

“La nueva novela de Amalia Decker fluye con éxito y, a ratos, la atmósfera de intimidad e introspección es tan profunda que resulta asfixiante. Es la descripción del alma femenina, certera y precisa. El texto de Decker juega con el tiempo y los retratos sicológicos con luces, con sombras y contradicciones propias de la naturaleza humana”.

Odette Magnet, periodista, escritora y exdiplomática chilena

“¿Qué fue lo que descubrió el columnista que hacía el amor con las palabras para darles una nueva vida? ¿A quién afectaba lo que estaba escribiendo al punto de causarle la muerte? ¿Quién guarda su secreto? Cuatro mujeres, sobrevivientes de un ayer que las persigue, caminan a tientas sobre la delgada frontera que separa la verdad de la mentira para investigar el misterio que fermenta en la miel y la mierda del poder político. Amalia Decker incursiona en la novela negra para revelarnos su mejor faceta de narradora, en una historia de intriga  y violencia que atrapa al lector de principio a fin, a través de personajes que se han olvidado de vivir y que deambulan entre las sombras, sabedores de que la mentira es a veces el único camino que conduce a la verdad”.

Juan Carlos Salazar del Barrio, escritor

 

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